¿POR QUÉ NO SE DA LA TAN PEDIDA UNIDAD?

Los analistas y pseudo analistas políticos inundan con sus teorías la gran incógnita del Círculo Rojo provincial: ¿Se unirán finalmente Alberto y Adolfo para recuperar al San Luis que hizo historia en todo el país?, se habla de egoísmos, de traiciones, de vínculos familiares rotos de por vida y demás. Sin embargo, en los últimos días surgió una hipótesis que se contrapone a las otras y que podría resumirse con dos palabras, precaución y compromiso con la sociedad.

“Hay cercanos a los hermanos Rodríguez Saá que aseguran que sus rispideces son historia, que si hubo rencores fuertes, estos se han ido disipando con el paso de los meses, la pérdida de seres queridos y el cariño que -pese a todo- jamás se apaga por completo”, comienza el análisis que llegó a nuestra redacción y que compartimos en este artículo.

“Para los que conocimos y fuimos protagonistas de la transformación y crecimiento de San Luis, ver el abrazo de reconciliación de estos grandes líderes sería lo mismo que revivir aquellos años de prosperidad, pero tanto Alberto como Adolfo saben que dadas las condiciones sería irresponsable ceder a ese sentimiento fraternal, porque no representaría solo una tierna escena familiar, sino un símbolo político e institucional que podría atentar contra el movimiento justicialista puntano. ¿Y esto por qué? El PJ experimentó en los últimos años un cambio generacional muy extremo, que no fue buscado por nadie, simplemente tenía que darse porque la realidad así lo demandaba; era como una represa que debía abrir sus compuertas para que su muralla no colapsara, el mero cambio de los tiempos, ni más ni menos. Puede que, sin los cuatro años del funesto macrismo y la falta de planificación del kirchnerismo, todo hubiera sido diferente, tal vez nunca lo sabremos, pero seguramente otro hubiera sido el escenario”.

“¿Y qué tiene que ver con el abrazo y la unidad?” Que con el panorama actual, con un PJ con históricos olvidados y ofendidos en un rincón, y “neoperonistas” carentes de militancia y doctrina, el Partido Justicialista de San Luis, reaccionaría indefectiblemente de modo beligerante, elevándose la espuma de la discusión hasta cegar la razón. Adolfistas contra Albertistas, jóvenes contra históricos, conciliadores contra envalentonados; todos enfocados únicamente en querer ganar una pulseada cuando lo que se juega es ajedrez. Adolfo no puede salir a exhortar a la unidad, tampoco Alberto; en otras épocas lo hicieron, como una tarea cíclica, pero son tiempos muy diferentes. Hoy por hoy (y como también debió serlo años atrás), la unidad debe darse de la base para arriba y no a la inversa. El puntero nuevo de comprender que lo primero es la Patria, después el movimiento y luego las personas que lo conforman, y el puntero viejo debe recordar esa máxima de Juan Domingo Perón. Hoy el ejemplo y la lección no debe bajar, sino subir. Y los dirigentes con más peso (muchos por el solo hecho de que ocupan cargos), no deben esperar a que el mensaje le llegue de un merendero o una humilde unidad básica, sino actuar simultáneamente, invitando a ese par con el que no se habla porque se miraron feo. Lo mismo el concejal, el diputado o el senador que se confunde y se cree más importante que el compañero que perdió en la interna. O sea, los hermanos son conscientes de que, abrazarse ahora no sería un principio de unidad, sino incitar a una trifulca intelectual sin sentido. Si hasta para recibir un petitorio hubo desplante y maltrato. Hoy la dirigencia está confundida, solo la base puede quitar ese velo”.

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