La grieta social también llegó a los merenderos

En los últimos días algunos medios financiados por el macrismo se han enfocado en criticar el sistema de ayuda social a los sectores más necesitados, que algunos denominan merenderos. Con una ostensible carencia argumental, cuestionan que “son unidades básicas disfrazadas” (?) o que se hace “para captar votos”.

Más allá que cada uno puede pensar lo que le plazca, lo cierto es que se trata de cuestionamientos que, en el fondo, ponen de relieve el origen clasista de quienes critican. ¿Qué es lo que realmente les molesta? Porque resulta insólito cuestionar una ayuda semejante que llega, principalmente, a las familias más humildes, a los niños más necesitados, en el marco de una emergencia social que se desnuda en todo el país.

Lo que centralmente les incomoda son dos cosas. Por un lado, que se exhiba una clara situación de aumento de la pobreza, consecuencia de la política económica del último año y medio. Por otro, que este drama contradice el discurso liberal de Cambiemos, basado en apostar al dios mercado y en el retiro del Estado de la cosa pública.

Los calificativos más despectivos pasan por acusar al gobierno de “populismo”, o de aplicar una “política prebendaria”, o de “oportunismo electoral”. Está bien, aceptemos que el gobierno provincial es todo eso y mucho más. ¿Está más tranquilo?, amigo lector.

Ahora dígame una cosa. Póngase la mano en el corazón. ¿Si el Estado no ayuda a estas familias, quién lo va a hacer? ¿El sector privado? ¿En qué le perjudica a Ud. que se le lleve algo de música, leche y un alfajor a los niños pobres? ¿Ud. cree realmente que esas familias, esos niños, tienen las mismas oportunidades que aquellos que son de clase media o media alta? ¿Es tanto su odio de clase que preferiría abandonar a su suerte a esos pobres negritos, antes que éstos puedan votar a quien les demuestra un poco de sensibilidad?

Porque convengamos una cosa: los Rodríguez Saá podrán haber dejado de gustarle, tal vez esté cansado/a de ellos. Está en su derecho, pero la verdad es que ellos no tienen la culpa del cierre de tantas industrias y pequeños comercios, que se hayan multiplicado los despidos, se haya aumentado el endeudamiento del país o que las tarifas de los servicios se hayan triplicado.

Si quiere, niegue todo esto, pero déjeme que le acerque un consejo. Sí, a Ud., que va a misa todos los domingos, que reza, se confiesa y toma la Comunión. Que ama al Papa Francisco cuando habla de los pobres. Al menos demuestre un poco de sentido común y cállese la boca.

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