Ernesto Blarasín: fanático de la provocación y la falta de respeto

Se supone que los gremialistas deben ser poco menos que un diplomático, ya que al representar a los trabajadores, el objetivo de su labor radica en conseguir los mejores convenios para sus sectores. Defender los intereses del obrero, resolver conflictos, acordar acciones y proponer soluciones, esas son las tareas de un secretario sindical, cuyo perfil debe ser muy político y conciliador, si justamente se habla de uno que sea eficiente y serio. Pero hay algunos que ni siquiera se molestan en aparentar y les sale el guaso de adentro, apelando a actitudes enemistadas con las buenas costumbres.

Ernesto Blarasín es un gremialista, pero no uno cualquiera, es el jefe (se presenta así, no como secretario general) de la Unión de Trabajadores de la Educación Pública (UTEP), es decir, quien no lo conozca supondrá que es todo un gentleman, un caballero, por el mero hecho de ser parte del universo de la educación. Pero basta verlo o escucharlo para darse cuenta de que es grosero, maleducado y prepotente, en especial con las mujeres.

Arrogándose líder natural no sólo de todos los gremios del sector, sino de todos los docentes de la provincia, este patrón de estancia prefiere apretar y extorsionar en lugar de recurrir al diálogo. Cabe recordar que cuando los maestros y profesores de San Luis celebraban el mejor acuerdo salarial de todo el país, Blarasín igual arbitró todos sus recursos para ir al paro, que si bien se quedó en lo simbólico (San Luis fue una de las pocas provincias que no resultaron afectadas por la falta de clases), se infló esa medida de fuerza para con los medios nacionales que responden a Cambiemos. Es que Blarasín ni siquiera se preocupa en disimular su tendencia política, lo que no está mal, pero sí militar en esa línea valiéndose de un sector fundamental en la vida social de una comunidad.

La última del jefe de la UTEP es atacar a la ministra de Educación, tratando de ridiculizarla, dándole motes desagradables , incurriendo en toda falta de respeto hacia una mujer, y hasta riéndose burlonamente en las entrevistas que brinda de manera selectiva. Vamos, el jefe de los educadores es un maleducado. Pero mañoso en viejas tácticas de gremialistas de otras épocas, que en lugar de buscar el diálogo y mantener debates serios y transparentes, prefiere confundir a la opinión pública defenestrando y manipulando la verdad.

Todo bien, Blarasín, pero aunque fuera el secretario general del sindicato de los albañiles piropeadores, usted debe ser respetuoso, ubicado y actuar conforme a las vías correspondientes, y no ser un matón maleducado, en especial porque representa al ámbito de la educación.

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