Adolfo, el último peronista de San Luis: el legado, la traición y la transición necesaria

Adolfo, el último peronista de San Luis: el legado, la traición y la transición necesaria

Por Gustavo Thompson.

En la historia política de San Luis, hay nombres que no se repiten. Hay trayectorias que no se imitan. Y hay liderazgos que, aun desde el silencio, siguen marcando el pulso de una provincia entera. Adolfo Rodríguez Saá pertenece a esa categoría superior de hombres que trascendieron el tiempo y las conveniencias, porque su obra, su visión y su estilo moldearon la identidad moderna de San Luis. Adolfo transformó San Luis y todos los demás se colgaron de atrás, su hermano fue el primero y lo terminó sepultando, políticamente hablando.

Hoy, sin embargo, ese mismo nombre se ve atrapado en un contexto de vacío intelectual y crisis moral dentro del justicialismo provincial. Los herederos que Adolfo eligió, los mismos que deberían custodiar su legado, han fallado en sostener su esencia, entregando su legado a la inercia, a la mediocridad y al olvido.

Un líder sepultado por su propia gente

La figura de Adolfo Rodríguez Saá fue erosionada no por el paso del tiempo, sino por la traición política de su entorno.
Los hombres en quienes confió —referentes que prometieron custodiar su obra— terminaron diluyendo su presencia. Nombres como Delfor Sergnese, símbolo de esa estructura que alguna vez orbitó a su alrededor, hoy encarnan el síntoma de una decadencia: la inacción, el ninguneo, la falta de ideas y la pérdida de sentido de  pertenencia por el cual llegó a ostentar el cargo.

¿Dónde están los cuadros que defienden a Adolfo?, ¿se actualizaron o siguen en los 80 y 90?, ¿Dónde están los que deben sostener el relato correcto para que los sanluiseños no pierdan la conexión?, No están, tuvieron muchos años para hacerlo y hoy, Adolfo esta relegado y los responsables de no desaparecerlo están ostentando cargos.
Esta ausencia no es casual. Es el resultado de años de comodidad política, de un sector del peronismo que dejó de ser movimiento y pasó a ser una franquicia vacía. La famosa cómoda de colgarse sobre los sacos de los hermanos.

El colapso del peronismo puntano

La conducción actual del justicialismo provincial —marcada por el autoritarismo personalista de Alberto Rodríguez Saá— destruyó la base doctrinaria que hizo grande al movimiento.
El Alberto del presente no es el Adolfo del pasado. Donde antes había inspiración, hoy hay resentimiento. Donde antes había conducción, hoy hay control. Donde antes había futuro, hoy hay cenizas. Ponemos en la balanza lo mejor, no hablamos de los errores porque hoy amerita pensar y reorganizar con inteligencia y sentido común la próxima etapa de poder en San Luis.

El peronismo de San Luis necesita un punto de inflexión. Y esa transición no puede ser improvisada ni infantilizada bajo la consigna de un “relevo joven” sin asumir la realidad emocional del imaginario colectivo de la gente. 
La sociedad argentina atraviesa una etapa emocionalmente inestable, donde el desencanto con el peronismo es profundo. En este contexto, una renovación apresurada sería un suicidio político para quién lo intente.

La hora del salto cualitativo

El momento exige una transición ordenada, lúcida y simbólicamente justa, que restituya la figura de Adolfo en el lugar que su propia historia merece.
No se trata de nostalgia ni de romanticismo. Se trata de reconocer que el único capaz de cerrar el ciclo histórico del peronismo puntano es quien lo fundó en su versión moderna, desde luego, lejos de las viejas metodologías setentistas, muy cerca de las nuevas formas donde lo que menos se debe hablar es de política. «En el 2025 quién quiera hacer política con inteligencia no debe hablar de política». «Hoy nadie conecta con la gente hablando de política».

Claudio Poggi, desde el poder provincial, tiene la oportunidad —y el deber— de acompañar ese proceso.
Y Maximiliano Frontera, desde Villa Mercedes, representa el emergente humano y político que puede garantizar el futuro siendo el sucesor natural del socialismo en San Luis una vez consolidado en el mundo la fusión de la robótica con la IA.
Ambos, sin renunciar a su propio liderazgo, con grandeza, deberían comprender que la transición no puede comenzar sin el reconocimiento explícito al hombre que cambió San Luis y que lo debe sacar del PJ a Alberto Rodriguez Saá.

Adolfo: puerta grande o claraboya

La historia ofrece dos salidas: por la puerta grande o por la claraboya del olvido.
Adolfo Rodríguez Saá está ante esa encrucijada.
Y no será su hermano, ni su entorno, ni la política mediocre la que decida. Será el pueblo puntano, si vuelve a mirar sin rencor, con memoria y con justicia. Para ello es necesario un plan que narre correctamente una nueva etapa.

Porque más allá de los errores, Adolfo encarnó la épica del desarrollo, la infraestructura, la educación y la dignidad social.
Lo demás —los rencores, las fracturas, los oportunistas— son solo ruidos que deberían quedar en el pasado por el propio principio de perfectibilidad del hombre.

El deber de la memoria

San Luis no puede darse el lujo de borrar a su constructor. 
Y el peronismo no puede renunciar a su propia inspiración.
Reivindicar a Adolfo Rodríguez Saá no es un acto de nostalgia; es un acto de inteligencia política, de madurez institucional y de gratitud histórica para que la historia de San Luis no quiebre su pluma.

La transición generacional llegará. Pero solo será legítima si se construye desde el reconocimiento al hombre que transformó una provincia pobre y periférica en un modelo de desarrollo y orgullo nacional, en San Luis hoy no hay relato válido, el Gobernador Poggi jamás le abrirá este camino que propone Villa Mercedes al Adolfo porque no es político, no sabe y jamás lo será, Adolfo es un animal político, ¿por qué creen que lo tienen aislado en un campo?, Villa Mercedes es la cuna del SER político, su relato siempre marcó el horizonte, hoy lo promueve nuevamente y los interesados, saben perfectamente que Villa Mercedes es capaz de transformar realidades. Villa Mercedes construye una esperanza, es Maxi Frontera, él se siente cuidado, protegido, es un intocable ¿por qué?, simple, sabe manejar los tiempos, siembra líderes es el único que lo hace, lleva el guión de una historia con coherencia, respeto y cumplimiento.

Adolfo debe volver al Partido Justicialista.
No como candidato, sino como símbolo. 
Para que San Luis recupere su mística, su coherencia y su norte.
Y para que, cuando decida retirarse, lo haga por la puerta grande, no por la claraboya del silencio.

Entrada anterior Los hermanos  Sapino: el alma cuyana que convoca a honrar la tradición en Villa Mercedes 
Entrada siguiente González Ferro y Gurruchaga: de la iniciativa al consenso — San Luis da un paso histórico hacia la gestión ambiental responsable