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Pocas veces en la historia institucional de San Luis se ha visto una contradicción tan flagrante entre el lugar que otorga el pueblo y el poder que un dirigente pretende sostener por la fuerza de los cargos. Tal es el caso de Alberto Leyes, actual presidente de la Cámara de Diputados provincial, cuya conducta soberbia y autoritaria desentona con la legitimidad que le negó la ciudadanía en las últimas elecciones. Leyes es un irrespetuoso y no soporta o asume que su tiempo se terminó y trata de imponerse como sostenerse a través de prepotencia y faltando el respeto como si fuera un impune o intocable.
En los comicios del 11 de mayo de 2025, Leyes se presentó como candidato a diputado por el Departamento Belgrano, dentro del armado político que responde al gobernador Claudio Poggi. No obstante, su lista fue derrotada de manera contundente: no logró renovar su banca y quedó fuera de la representación legislativa directa de su departamento. El Frente que integraba cosechó apenas 1.180 votos, muy por debajo de las fuerzas que sí lograron bancas. En un distrito pequeño donde el vínculo con la comunidad es determinante, esta derrota no solo refleja un fracaso electoral: es una señal inequívoca de pérdida de confianza, de vínculo y de representación ante la sociedad del Departamento Belgrano le dijo basta pero, parece que el Gobernador mira para otro lado, no quiso leer lo que siente, piensa y dice el departamento Belgrano y lo premió a Leyes con un nuevo año frente a la presidencia del la Cámara de Diputados ignorando lo fundamental de los manuales de la política que demanda que los sistemas de premios y castigos son una herramienta básica e importante para la vida y la consolidación de PODER. Leyes sostiene la duda de propios y extraños que de su representatividad se sostiene a través de un acuerdo entre Poggi y Alberto Rodriguez Saá, facilitarle hoy la diputación nacional al PJ por minoría es otra sospecha que suma a muchas que ya se hace carne y no está cayendo bien
Sin embargo, lejos de asumir con humildad el veredicto de las urnas, Alberto Leyes se parapetó en el rol de presidente de la Cámara con actitudes que han sido denunciadas por propios y ajenos como soberbias, déspotas y carentes de diálogo democrático. Su estilo de conducción de viejos tiempos (setentista), lejos de reflejar el espíritu plural y representativo que demanda la vida parlamentaria, se ha caracterizado por gestos autoritarios, maltratos verbales y decisiones unilaterales que rompen con toda lógica de consenso. Trata a propios como extraños, hasta suele pasar por las directivas del propio Gobernador. Leyes ¿le sigue respondiendo al Alberto?.
Es precisamente ese comportamiento el que profundiza la crisis de legitimidad que hoy atraviesa su figura política. No solo perdió en las urnas: perdió el respeto institucional de muchos de sus pares y el reconocimiento social de su comunidad. Belgrano, su tierra de origen político, le dio la espalda con claridad y contundencia, y sin embargo él actúa como si ese resultado no existiera.
Alberto Leyes está viendo otra película, es un irrespetuoso, no solo representa hoy una contradicción entre poder formal y poder real; representa también una advertencia para la democracia sanluiseña: la soberbia de quienes olvidan que el poder legítimo proviene, y siempre debe provenir, de la voluntad popular y del respeto hacia los demás.