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En una charla sincera y sin estridencias con Alberto Trombetta, el intendente de Villa Mercedes, Maximiliano Frontera, abordó uno de los temas que inevitablemente comienza a circular en el debate público: su futuro político y la posibilidad —hoy condicionada— de una eventual continuidad al frente del municipio. Comienza a sentirse «MAXI NO TE VAYAS.
Lejos de alimentar especulaciones o instalar definiciones anticipadas, Frontera eligió un tono reflexivo y profundamente prudente, casi contracultural en tiempos de ansiedad política. “Cada día que pasa es un día menos que soy intendente”, afirmó, no como un gesto de despedida, sino como una autodisciplina personal que lo empuja —según explicó— a trabajar más, a salir más al territorio y a sostener la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.
En ese marco, el jefe comunal fue claro al señalar que no se concibe como alguien que “fuerce las cosas”. Por el contrario, expresó con naturalidad su mirada espiritual sobre la función pública: “Yo creo mucho en Dios. Sé que Dios me puso en este lugar y será Dios quien decida qué va a pasar”. Una definición que, lejos de evadir responsabilidades, parece funcionar como un límite ético frente a la tentación de la ambición personal.
Frontera no negó que exista un pedido social que se expresa de manera creciente. Reconoció que muchas personas le manifiestan su deseo de que continúe como intendente y que eso le genera emoción y alivio. Pero inmediatamente marcó una diferencia sustancial: ese respaldo no lo interpreta como un halago individual, sino como una valoración de una gestión que, aun en un contexto nacional adverso, permitió que Villa Mercedes siga avanzando.
En ese sentido, subrayó una idea que atraviesa su discurso desde el inicio de su mandato: poner a Villa Mercedes por encima de cualquier proyecto personal. Habló de la unidad lograda, de la necesidad de cuidar lo construido y de una ciudad que —según sus palabras— “siempre dio más de lo que recibió”, y que hoy busca recuperar equilibrio, desarrollo y calidad de vida para sus vecinos.
Consultado puntualmente sobre la posibilidad de modificar la Carta Orgánica Municipal, Frontera fue categórico en su respeto por las normas vigentes. Admitió la existencia de un impedimento formal y aclaró que, por el momento, no hay ninguna evaluación en curso en ese sentido. “No se trata de ser egoísta y pensar solo en uno”, señaló, dejando en claro que cualquier discusión futura deberá darse en un marco de legalidad, contexto político y consenso social.
Quizás uno de los puntos más significativos de la entrevista fue cuando comparó el actual respaldo ciudadano con el clima general de la política argentina. Mientras en muchos ámbitos domina el “que se vayan todos”, en Villa Mercedes aparece un fenómeno inverso: vecinos que piden continuidad. Para Frontera, esa diferencia no es menor y habla de un vínculo de confianza construido desde la gestión y la cercanía.
Sin proclamarse candidato, sin adelantar escenarios y sin desafiar reglas, Maxi Frontera dejó un mensaje claro: trabajo, fe, coherencia y cuidado de la ciudad. El resto —como él mismo dijo— lo dirá el contexto. O, en sus propias palabras, lo dirá Dios.