Dante Gebel, el peronismo y la fe como atajo al poder

Dante Gebel, el peronismo y la fe como atajo al poder

Por Gustavo Thompson.

En tiempos donde la política dejó de convencer y la credibilidad institucional cotiza en baja, la fe aparece como un atajo tentador. En ese cruce incómodo —cada vez menos disimulado— surge el nombre de Dante Gebel, repetido hasta el hartazgo en debates donde se lo intenta ubicar, forzadamente, dentro del peronismo. Pero conviene decirlo sin rodeos: Gebel no es peronista, no lo fue ni lo es, y todo intento de asociarlo al justicialismo es una construcción interesada.

Un pastor no es un dirigente

Dante Gebel no surge de la militancia, no conoce la liturgia del PJ, no transitó unidades básicas ni disputó internas. Su poder no se legitima en el voto ni en la representación popular, sino en algo mucho más delicado: la fe de miles de personas. Y cuando la fe se transforma en capital político, la democracia entra en una zona gris.

Gebel es parte de un fenómeno religioso-mediático, con llegada emocional, discurso moralizante y una narrativa de salvación individual que choca de frente con la doctrina justicialista, basada —al menos en su origen— en la comunidad organizada y la justicia social.

Más Milei que Perón

Si hay una cercanía política explícita, no hay que buscarla en el peronismo sino en el mileísmo cultural. El rechazo a la “casta”, la deslegitimación de la política tradicional, la épica del individuo elegido y la apelación directa a las emociones son puntos de contacto evidentes.
Nada más lejano al peronismo histórico. Nada más funcional al nuevo orden libertario.

La trampa del voto evangélico

El crecimiento del mundo evangélico incomoda a todos los partidos. Algunos sectores del peronismo, en lugar de repensar su vínculo con la sociedad, optan por una salida fácil: acercarse a los templos, bendecir candidatos y confundir representación política con liderazgo espiritual.

El problema no es la religión. El problema es usar la religión como plataforma de poder, sin pasar por los filtros democráticos.

¿Y en San Luis, quién representa —o representará— a Gebel?

La pregunta es inevitable y todavía más incómoda:
¿quién ocupa hoy en San Luis el espacio simbólico que Dante Gebel representa a nivel nacional?

No hace falta dar nombres propios para entender el fenómeno. En la provincia ya se observan dirigentes que orbitan el mundo evangélico, que hablan más desde el púlpito que desde un proyecto político, y que parecen entender que la fe moviliza más que un plan de gobierno.

¿Habrá en San Luis un “Gebel local”?
¿Un pastor con ambición política directa o un dirigente que se disfraza de religioso para captar voluntades?
¿O ya existe y todavía no lo queremos ver?

Lo cierto es que cuando la política se arrodilla ante la fe para ganar votos, deja de representar y empieza a manipular. Y cuando un líder religioso se convierte en referencia política, la fe deja de ser creencia para transformarse en herramienta.

Dante Gebel no pertenece al peronismo.
Pertenece a una nueva forma de poder blando, emocional, religioso y mediático, que hoy dialoga mejor con el mileísmo que con cualquier tradición popular.

El verdadero problema no es Gebel.
El verdadero problema es una política que, vaciada de ideas y de coraje, busca refugio en los altares.

Y en San Luis, la pregunta ya no es si ese fenómeno llegará.
La pregunta es quién se animará a decirlo en voz alta cuando ocurra.

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