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Por Gustavo Thompson
A poco más de 30 días de las elecciones provinciales en San Luis, el espacio libertario atraviesa una de sus crisis más visibles. Mientras a nivel nacional el presidente Javier Milei sostiene un discurso de orden, liderazgo y renovación política, en su representación provincial reina la confusión, la disputa y la incertidumbre.
Las internas dentro del espacio libertario en San Luis han escalado a tal punto que hoy no está claro quién representa legalmente al partido. Las idas y vueltas judiciales para definir quién se queda con el sello partidario no solo generan un desgaste institucional, sino que también provocan desconcierto en la ciudadanía que observa cómo los supuestos representantes de un mismo ideario político se enfrentan públicamente por espacios de poder.
Lejos de ofrecer una alternativa clara y cohesiva, los dirigentes libertarios locales exhiben una peligrosa mezcla de inmadurez, irresponsabilidad, ambiciones personales desmedidas e individualismos marcados. La construcción de poder, lejos de asentarse en proyectos colectivos, parece más enfocada en disputas mezquinas y cálculos personales, lo que debilita gravemente la confianza de los votantes y empaña cualquier posibilidad de consolidación del espacio en la provincia.
La imagen proyectada no solo daña a quienes protagonizan el conflicto, sino que erosiona el prestigio del movimiento libertario como opción política en San Luis. En un escenario donde la sociedad exige representaciones serias, responsables y comprometidas, las divisiones internas exhibidas por los referentes locales de Milei son vistas como un retroceso.
Mientras otras fuerzas políticas ya avanzan con propuestas, candidaturas y contacto directo con los ciudadanos, el espacio libertario se consume en disputas legales y en un clima de incertidumbre que deja un mensaje claro: quienes hoy deberían encarnar una alternativa disruptiva, están atrapados en las formas más tradicionales de hacer política, justo aquello que dicen venir a combatir.
El desafío, de aquí en adelante, será si el espacio logra reconducirse, sanear sus internas y poner el foco en lo que verdaderamente importa: los problemas de los puntanos y el futuro de la provincia. El tiempo corre. Y la política no espera.