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Por Gustavo Thompson.
Nace una nueva identidad emocional en Villa Mercedes
Ayer no se anunció solo una nueva edición de la Fiesta de la Calle Angosta. Ayer pasó algo más profundo, más silencioso y, por eso mismo, más poderoso: Villa Mercedes presentó a “El Choco”, su nueva mascota. Y con ese gesto simple, la ciudad volvió a decir quién es y cómo elige contarse a sí misma.
Porque El Choco no es un invento forzado. No es marketing vacío. El Choco estaba ahí desde siempre.
El perro que ya habitaba la memoria
“El choco” aparece nombrado en la cueca Calle Angosta, esa canción que no se canta: se hereda. En esa letra que recorre veredas, guitarras y encuentros, el choco es parte del paisaje humano. No es protagonista, pero está. Como están los vecinos. Como están los afectos. Como están las cosas que no hacen ruido, pero sostienen la vida.
Que hoy ese perro tenga cuerpo, nombre y presencia no es casualidad: es la materialización de la memoria popular.
Un símbolo que nace desde abajo
Las grandes ciudades suelen elegir símbolos grandilocuentes. Villa Mercedes eligió otra cosa: un perro. Y en esa elección hay una declaración de principios.
El perro es lo cotidiano.
El que acompaña. El que espera.
El que no pregunta de dónde venís. El culto a la lealtad.
El que se vuelve familia sin pedir permiso.
El Choco representa eso: el amor simple, la pertenencia sin condiciones, la fidelidad silenciosa. Representa el barrio, la mesa compartida, la calle recorrida mil veces. Representa a esa ciudad que no necesita exagerar para emocionar.
La familia como núcleo simbólico
El Choco no es solo una mascota festiva. Es una referencia emocional. Remite a la infancia, a la casa, a los afectos primarios. En una época donde todo parece descartable y fugaz, Villa Mercedes eligió un símbolo que habla de permanencia.
Habla de familia.
Habla de cuidado.
Habla de identidad.
Y eso no es menor.
Cuando la cultura se vuelve abrazo
La Fiesta de la Calle Angosta siempre fue más que un escenario y artistas. Fue encuentro. Fue memoria. Fue identidad cuyana viva. Con El Choco, esa identidad da un paso más: se vuelve abrazo colectivo.
Un niño se va a sacar una foto.
Un abuelo va a sonreír recordando la canción.
Una familia va a reconocerse en ese gesto simple.
Ahí es donde la cultura deja de ser evento y se vuelve vínculo.
¿se viene la Fiesta de El Choco donde los protagonistas y anfitriones serán todos los chocos de la ciudad?
Nace un nuevo símbolo
Los símbolos verdaderos no se imponen. Emerge naturalmente como ayer en el living comedor de Calle Angosta. Y cuando emergen, es porque una comunidad está preparada para abrazarlos.
El Choco nace como mascota, pero se proyecta como algo más:
un emblema emocional de Villa Mercedes, una forma de decir que esta ciudad sigue eligiendo lo humano por sobre lo espectacular, lo cercano por sobre lo impostado.
En tiempos de ruido, Villa Mercedes eligió la ternura.
En tiempos de grietas, eligió la familia.
En tiempos de urgencias, eligió recordar que lo simple también puede ser sagrado.
Ayer no solo se presentó una fiesta.
Ayer nació un símbolo en la ciudad que no tiene oposición solo tiene ideas y proyección frente a un clamor que ya comienza a sentirse: MAXI NO TE VAYAS…