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Por Gustavo Thompson.
En la vida política, como en la vida misma, llega un momento en que los gestos pesan más que las palabras, y el silencio cómplice se vuelve una forma de traición. En las últimas semanas, el intendente de Villa Mercedes, Maximiliano Frontera, viene siendo blanco de críticas arteras provenientes de sectores que, paradójicamente, deberían estar acompañando una gestión que ha demostrado compromiso, apertura y madurez política.
Llama particularmente la atención el caso de Adriana Bazzano, quien ha asumido una postura crítica y desleal, a contramano del respeto institucional y político que Frontera siempre le dispensó. Aún sabiendo que Bazzano mantiene una relación de amistad íntima con uno de los principales adversarios políticos del actual intendente ( Alberto Rodriguez Saá), Frontera jamás incurrió en la mezquindad ni el destrato. Al contrario: supo actuar con altura y generosidad, incluso cuando se sostiene vínculos laborales que involucran hasta a su círculo familiar directo dentro del municipio, su hijo que es arquitecto es funcionario de Maxi Frontera.
La actitud de Bazzano no es un caso aislado. Se enmarca en un clima de murmullos malintencionados, operaciones menores y especulaciones mezquinas, protagonizadas muchas veces por empleados con privilegios históricos, amparados en formatos de plantas permanentes, que usan licencias médicas de forma dudosa y dedican sus días no al trabajo, sino al proselitismo disfrazado de victimismo. Todo mientras gozan de un sueldo pagado por el mismo Estado municipal que cuestionan y sabotean.
Este tipo de comportamiento no solo revela un profundo desagradecimiento político y personal, sino también una desconexión total con el tiempo que vivimos: un tiempo de transformaciones, donde se valora el trabajo honesto, el compromiso con la gestión, y sobre todo, la lealtad como valor político y humano.
Maximiliano Frontera no necesita custodiarse con aduladores ni rodearse de obsecuentes hipócritas. Su conducción se fortalece con el trabajo diario, la escucha atenta y la templanza de los hechos. Pero llega un punto en que la claridad también exige firmeza: no hay lugar para los que juegan a dos puntas, para los que sonríen en las fotos y en privado siembran discordia como Bazzano.
Villa Mercedes necesita y merece una comunidad política unida, coherente y transparente. El régimen Tessi en Villa Mercedes esta obsoleto, y eso implica saber quién está verdaderamente comprometido con el proyecto colectivo y quién utiliza sus vínculos para hacer daño desde adentro.
Los tiempos que vienen exigen definiciones. Y Frontera está dispuesto a dar ese paso: separar la paja del trigo, los leales por un lado y los hipócrita por otro.