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Por Alberto Trombetta.
La reciente emisión de la serie sobre Carlos Menem no solo recupera una figura icónica de la política argentina, sino que, según el análisis del periodista Gustavo Thompson en el programa Liberate San Luis por San Luis Streaming, responde a una sofisticada estrategia de posicionamiento político que tiene como objetivo proyectar al actual presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, como eventual sucesor de Javier Milei.
“¿Alguien duda de que esta serie fue financiada por el propio mileísmo?”, disparó Thompson, haciendo referencia a los recursos estatales y accesos inusuales a locaciones oficiales como el Congreso, la Casa Rosada y la Quinta de Olivos. La puesta en escena, de alto nivel de producción y distribución, no solo busca contar una historia sino reinstalar un relato emocional y político, cargado de nostalgia neoliberal, funcional al presente.
El análisis cobró un tono más profundo cuando se lo vinculó directamente con la admiración confesa de Javier Milei hacia el expresidente riojano. Pero el verdadero giro aparece cuando Thompson, en una frase contundente, advierte: “Mirá la serie y entendés que están preparando a Martín Menem para ser presidente”.
Del relato al proyecto político
Lejos de ser un producto audiovisual aislado, la serie actúa como plataforma emocional. Se reactiva la imagen de Menem como símbolo de gobernabilidad, desregulación, liderazgo fuerte y éxito económico (aunque sea desde una narrativa selectiva), en un país donde el marketing político ha reemplazado muchas veces al debate ideológico.
Martín Menem, sobrino del expresidente, aparece como el heredero legítimo del mileísmo en una eventual segunda etapa. “La facha, el apellido, el cargo y ahora la épica. Lo están tallando”, enfatizó Thompson. Y en efecto, las bases simbólicas y discursivas que se construyen en esta producción van más allá de la televisión: constituyen un mensaje político de proyección nacional.
La estrategia del sucesor
Mientras Milei avanza con un plan de reformas disruptivas, mantiene una relación ambigua con los espacios tradicionales de poder y evita construir un recambio estructurado. Sin embargo, desde las bases libertarias y sectores cercanos al presidente se empieza a hablar, aunque por lo bajo, del «post Milei».
Martín Menem representa un nombre aceptable para los libertarios puros, los nostálgicos del menemismo clásico y el establishment conservador. Es joven, institucional, funcional al relato y, sobre todo, leal.
“La serie no es casual. Es parte del guión de una sucesión que ya empezó a escribirse. El mileísmo lo sabe. Nosotros lo advertimos”, cerró Thompson en un programa que no solo analizó una producción televisiva, sino que desnudó la lógica de construcción de poder de un proyecto que apunta más allá del 2027.