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Por Gustavo Thompson.
En política, no todo lo que se mueve avanza. Y no todo lo que hace ruido construye poder real. El caso de Mónica Becerra empieza a entrar en esa zona incómoda donde la visibilidad crece, pero las certezas no aparecen, es el mismo caso de Almena ¿de dónde salen?.
Se intenta instalar —con insistencia— que Becerra con Almena “empiezan a jugar fuerte” hacia 2027. Pero una cosa es querer jugar, y otra muy distinta es tener con qué sostener ese juego en el tiempo.
Porque si algo queda claro al observar sus recorridos reciente es esto:
más que consolidar un espacio, Becerra y Almena transitan un armado todavía difuso, sin anclaje territorial sólido y con más interrogantes que respuestas.
Su salto al mileísmo, lejos de ordenarlos, los dejó en una posición ambigua. No es orgánico el espacio. No son referentes indiscutidos, al contrario, se perciben soberbios y selectos. Tampoco lograron construir una identidad propia clara. Son, en todo caso, figuras en tránsito, que intentan ubicarse en un tablero que todavía no los reconoce como pieza central.
Y en política, eso se paga.
Dentro de La Libertad Avanza en San Luis, las tensiones son evidentes. No hay conducción definida, no hay cohesión interna y, sobre todo, no hay una estructura territorial consolidada. En ese contexto, Becerra y Almena no lideran: navegan. Y navegar no es lo mismo que conducir.
A eso se suma un dato clave que muchos intentan esquivar:
el pasado en la gestión provincial de Becerra y algunos bocadillos en el placar de ambos.
Ese antecedente, lejos de potenciarlos, los condicionan. Porque en una etapa donde el electorado busca definiciones claras, las figuras híbridas generan desconfianza. No terminan de representar ruptura, pero tampoco continuidad. Quedan en el medio. Y en el medio, en política, se diluye el poder.
Se habla de proyección en Villa Mercedes. Se sugieren aspiraciones mayores. Pero hay una pregunta que todavía no tiene respuesta:
¿con qué estructura, con qué equipo, con qué base social?
Porque la política no se construye solo con posicionamiento mediático. Se construye con territorio, con vínculos reales, con organización. Y ahí es donde hoy Becerra muestra su mayor debilidad.
Mientras tanto, la provincia atraviesa un momento delicado. Con causas judiciales que salpican a distintos espacios, con una sociedad cada vez más exigente y con un clima político en tensión, lo que se necesita no es más ruido, sino claridad, coherencia y conducción real.
Y ahí es donde su figura todavía no logra dar la talla.
No alcanza con subirse a una ola nacional.
No alcanza con instalar nombre.
No alcanza con incomodar.
– Hace falta algo mucho más difícil: construir poder verdadero.
Hoy, Mónica Becerra Almena parecen más cerca de una estrategia de posicionamiento que de un proyecto político consolidado. Más cerca del intento que de la concreción. Más cerca del movimiento que de la dirección porque no se los observa dando la cara por Adorni por ejemplo.
Y en un escenario donde los espacios tradicionales se desgastan, eso podría haber sido una oportunidad pero a Becerra y Almena no les alcaza, pasan cosas en la noción y en San Luis no aparecen como debe ser, los «soldados de Milei» ¿Dónde están?, ahí es donde se debe notar el liderazgo, la genuina representatividad.
Pero si no logra resolver sus propias contradicciones,
esa oportunidad puede transformarse en límite.
Porque en política, tarde o temprano,
el ruido se apaga…
y queda lo importante: quién realmente tiene con qué gobernar.