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No deja de llamar la atención —y mucho— que en las últimas horas distintos medios oficialistas de la provincia hayan salido al mismo tiempo, con el mismo enfoque y la misma narrativa, a instalar el conflicto del transporte en Villa Mercedes alrededor de Uber, remiseros y taxistas.
Cuando la simultaneidad es tan perfecta, la pregunta es inevitable:
¿casualidad o línea bajada?
No se trata de negar debates legítimos sobre nuevas plataformas de transporte. Se trata de advertir cuándo un tema se usa para generar enfrentamiento social, ruido y tensión, en lugar de buscar soluciones reales. Porque la sensación es clara: hubo una intención manifiesta de poner este conflicto en agenda, de enfrentar trabajadores entre sí y de convertir a Villa Mercedes, otra vez, en escenario del caos.
Mientras tanto, otros temas sensibles quedaron convenientemente tapados.
Por ejemplo, el malestar que generó el reciente “aumento” a los empleados públicos provinciales, que lejos estuvo de cubrir expectativas en un contexto económico durísimo.
La bomba, Latina, El Chorrillero y otros espacios salieron casi en espejo. Mismo tono. Mismo foco. Mismo objetivo: instalar conflicto en Villa Mercedes.
Y ahí aparece otra pregunta incómoda:
¿por qué no hablan con la misma intensidad del problema del transporte en la ciudad de San Luis?
¿O acaso el desorden y las falencias solo existen cuando se trata de Villa Mercedes?
Lo mismo ocurre con la inseguridad.
Los hechos policiales parecen tener GPS selectivo: cuando pasan en Villa Mercedes son tapa; cuando ocurren en otros puntos de la provincia, desaparecen del radar mediático.
¿Drogas hay solo en Villa Mercedes?
¿Violencia hay solo en Villa Mercedes?
¿Problemas sociales existen solo en Villa Mercedes?
La respuesta es obvia: no.
Pero la construcción mediática insiste en mostrar a la ciudad como el foco permanente del conflicto, del desorden y del problema, mientras se suaviza o se ignora lo que sucede en otros lugares.
No es un hecho aislado.
Ya se vio con la agenda del Molino Fénix, con operaciones cruzadas desde áreas provinciales, con golpes bajos que poco tienen que ver con una discusión sana de políticas públicas y mucho con viejas prácticas de desgaste político.
Y eso es lo preocupante.
Porque cuando la política se transforma en operación permanente, se abandona el diálogo y se vuelve a la lógica de la vieja escuela:
– desgastar
– dividir
– instalar miedo o bronca
– correr el eje de los verdaderos problemas
Villa Mercedes no es ingenua. Observa. Analiza. Y cada vez resulta más evidente cuándo se intenta correr agendas y cuándo se busca marcar territorio político con métodos que ya deberían estar superados.
La provincia necesita debates serios, soluciones reales y coordinación institucional, no operaciones mediáticas para generar conflictos sociales.
Nadie gana cuando se enfrentan trabajadores con trabajadores.
Nadie gana cuando se estigmatiza a una ciudad.
Nadie gana cuando se gobierna desde el ruido.
Lo que sí gana San Luis es cuando hay diálogo, respeto y políticas públicas pensadas para resolver, no para provocar.
Villa Mercedes no pide privilegios.
Pide el mismo trato.
La misma honestidad informativa.
Y el mismo compromiso con los problemas reales de toda la provincia.
Menos golpes bajos.
Más gestión.
Más diálogo.
Más política en serio.