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Violencia en el recinto: Mones Ruiz agrede verbalmente a la concejal Maranguello en plena sesión
El Honorable Concejo Deliberante de Villa Mercedes fue escenario de un hecho lamentable que trasciende lo político y hasta llegó a medios nacionales (TN) para convertirse en un episodio de violencia institucional y simbólica contra una mujer. En plena sesión legislativa, el concejal Roberto Mones Ruiz protagonizó un cruce violento y desmedido con su par, la concejal Karina Maranguello, en un acto que no solo vulnera las normas mínimas de convivencia democrática, sino que constituye una clara muestra de maltrato de género en el ámbito público.
Lejos de la mesura que requiere el cargo que ostenta, Mones Ruiz se mostró fuera de control, elevando el tono, interrumpiendo y agrediendo verbalmente a una mujer en funciones, en un espacio donde deben primar el respeto, el debate y la representación de la ciudadanía.
Este tipo de comportamiento no solo es inadmisible en términos institucionales, sino que reproduce lógicas machistas y autoritarias que creíamos superadas. La violencia no siempre se expresa con golpes; también se manifiesta en la forma en que se invalida, se interrumpe y se agrede a una mujer que está ejerciendo su derecho a expresarse y a representar a quienes la votaron.
Mones Ruiz votó a favor de los “trapitos” y en contra de miles de comerciantes
Como si esto fuera poco, el trasfondo del conflicto expone otra dimensión del desinterés de Mones Ruiz por los vecinos y vecinas de la ciudad: votó a favor de la habilitación de cuidacoches sin regulación clara, popularmente conocidos como “trapitos”, afectando directamente a miles de comerciantes y contribuyentes que reclaman orden, seguridad y reglas claras en el espacio público.
El mismo concejal que se mostró intolerante frente a una colega, optó políticamente por desoír a quienes generan empleo, pagan impuestos y sostienen la economía local.
El coraje de una mujer que no se deja avasallar
Frente a esta situación, la actitud de la concejal Karina Maranguello merece ser destacada: firme, serena, con entereza y sin recurrir a las mismas formas agresivas, se mantuvo en su postura y defendió el derecho a ser escuchada, marcando un ejemplo de lo que significa hacer política con convicción, aún en contextos hostiles.
No es la primera vez que mujeres en cargos públicos deben enfrentarse al destrato y la subestimación, pero cada vez que una de ellas resiste sin callarse, responde con argumentos y se mantiene de pie ante el atropello, da un paso más en nombre de todas.
La violencia no se justifica. El silencio tampoco.
La gravedad de lo ocurrido no debe relativizarse ni quedar impune. Es necesario que el cuerpo legislativo se exprese y actúe en consecuencia, porque lo que está en juego es más que un cruce personal: es el respeto por las reglas democráticas, la ética pública y la igualdad de género.
En tiempos donde se exige mayor responsabilidad y ejemplaridad a los representantes del pueblo, actitudes como la del concejal Roberto Mones Ruiz son inadmisibles y deben ser repudiadas con firmeza. Porque la violencia institucional contra una mujer es violencia de género, y ningún recinto deliberativo puede tolerarla.