Salario único universal y San Luis: el fin de la raza política o la chance de un nuevo liderazgo

Salario único universal y San Luis: el fin de la raza política o la chance de un nuevo liderazgo

Mientras el mundo discute el avance de la inteligencia artificial, el poder de las corporaciones digitales y el surgimiento del salario único universal como herramienta de control social, en San Luis todavía seguimos atrapados en un esquema político que parece congelado en los años 80. La pregunta ya no es solo económica o social. Es existencial para la política provincial:
¿qué lugar le queda a la dirigencia puntana en un mundo donde el trabajo desaparece y la renta básica pasa a ser administrada, directa o indirectamente, por grandes estructuras tecnológicas y financieras?

Un mundo donde el trabajo deja de ser el centro

El diagnóstico es brutal pero claro:
la nueva economía digital y algorítmica tiende a eliminar trabajo humano en todas las escalas:

  • la fábrica tradicional,

  • la oficina administrativa,

  • los servicios,

  • incluso las profesiones “intelectuales” o creativas.

En ese escenario, el salario único universal reaparece como “solución mágica”: un ingreso garantizado para sostener consumo y paz social en sociedades donde la mitad de la población puede quedar fuera del mercado laboral.

Pero este diseño no nace en sindicatos, partidos de izquierda ni movimientos sociales. Nace en los foros de Silicon Valley, en las cabezas de los tecnomillonarios que imaginan un mundo donde las máquinas producen y las personas consumen, subsidiadas.

No es justicia social: es mantenimiento del sistema.

¿Dónde entra San Luis en este esquema?

San Luis, hoy, no tiene ninguna conversación seria sobre:

  • el impacto de la IA en el empleo provincial,

  • la reconversión laboral de sus jóvenes,

  • la soberanía sobre sus datos,

  • la formación de cuadros políticos capaces de entender la nueva economía digital,

  • ni mucho menos sobre el escenario de un posible ingreso universal en un país periférico como Argentina.

La provincia sigue organizada alrededor de un modelo donde:

  • el trabajo estatal,

  • los planes sociales, la prebenda,

  • la obra pública,

  • y el empleo informal

son las cuatro patas sobre las que se sostiene la vida cotidiana de miles de familias. Si el mundo avanza hacia una renta básica tecnológica y masiva, San Luis corre el riesgo de llegar tarde, mal y de la peor manera: como territorio dependiente, sin capacidad de negociar condiciones ni de definir su propio modelo.

El golpe silencioso: la muerte del sujeto político

El peronismo –en sus versiones nacionales y provinciales– se construyó sobre una idea fundante:
el trabajo dignifica y genera ciudadanía.

La organización sindical, la relación Estado–trabajador, la movilidad social ascendente, todo eso se apoya en la existencia del empleo formal. Si el trabajo desaparece como eje central, el peronismo –y, en general, toda la política clásica– pierde su sujeto histórico.

En San Luis, eso significa que:

  • el trabajador estatal,

  • el obrero de la obra pública,

  • el empleado de comercio,

  • el changarín del barrio,

dejan de ser base de poder y pasan a ser beneficiarios de una renta. No son “compañeros”, ni “militantes”, ni “vecinos organizados”: son usuarios de un sistema de transferencia de ingresos que podría venir del Estado, de un acuerdo Nación–provincias e incluso, en el futuro, de mecanismos financieros vinculados a grandes plataformas tecnológicas.

La raza política puntana, acostumbrada a negociar con trabajo, obra y presencia territorial, se enfrenta a un escenario donde la mediación se reduce: la plata “aparece” en una cuenta y la relación directa ya no es con el dirigente sino con la estructura que paga.

¿Es una oportunidad para el regreso del peronismo o del socialismo?

La tentación de creer que el salario único universal es “el sueño del peronismo realizado” es grande:
dinero en el bolsillo de todos, sin exclusiones, sin humillaciones, sin patrón.

Pero es un error de lectura.

Este modelo no está pensado para empoderar a la clase trabajadora, sino para neutralizarla como actor político. El objetivo no es construir poder popular, sino evitar estallidos. No es justicia social. Es gestión de la estabilidad en sociedades donde la producción ya no necesita a la mayoría de las personas.

En ese marco, ni el peronismo ni el socialismo vuelven por la puerta grande. Al contrario: si no se reinventan, desaparecen como fuerza viva y quedan reducidos a recuerdos, liturgias y conmemoraciones.

La política puntana frente al abismo digital

San Luis tiene una dirigencia que todavía funciona en clave analógica:

  • discute nombres y apellidos,

  • se organiza alrededor de liderazgos forjados en el siglo pasado,

  • piensa el poder en términos territoriales y no digitales,

  • mide influencia en actos y no en datos.

En ese contexto, la eventual llegada de un ingreso universal –venga de la Nación, de organismos internacionales o de algún tipo de arquitectura financiera global– puede encontrar a la provincia:

  • sin un proyecto propio,

  • sin un plan de formación para su gente,

  • sin estrategia productiva alternativa,

  • y sin dirigentes capaces de negociar un lugar en el nuevo mapa.

La política se vuelve comentario de lo que otros deciden.

¿Hay margen para un liderazgo nuevo en San Luis?

Sí, pero no alcanza con administrar.
Hace falta un liderazgo que entienda que el verdadero debate no es solo quién gobierna la provincia, sino quién controla el futuro de su gente en un mundo donde el trabajo escasea y el ingreso se decide en otros escritorios.

Ese liderazgo debería:

  • asumir que el salario universal puede llegar –quizás parcial, quizás mal diseñado– y discutir cómo hacerlo compatible con un proyecto de dignidad y no de dependencia,

  • formar una nueva generación de cuadros que entiendan de tecnología, datos, IA, soberanía digital, economía del conocimiento,

  • usar la renta –si existe– no como anestesia, sino como plataforma para reconvertir, educar y empoderar,

  • plantarse frente a las corporaciones y frente al Estado nacional desde una lógica de defensa de la ciudadanía puntana, no de sumisión.

Sin ese salto, San Luis corre el riesgo de convertirse en una provincia donde:

  • la gente cobra,

  • consume,

  • se entretiene,

  • vota cada tanto,

pero ya no decide nada.

El futuro de la política provincial

La llegada del salario único universal –parcial, completo o bajo otras formas– no traerá de vuelta el peronismo clásico ni el socialismo industrial. Esa película ya terminó.

Lo que se abre es otra cosa:

  • o una democracia vaciada, sostenida por rentas distribuidas desde arriba,

  • o una democracia renovada, que use esa renta como herramienta de transición hacia una sociedad donde la política vuelva a tener sentido, no por distribuir bolsones o contratos, sino por defender la libertad y la dignidad en un mundo dominado por algoritmos y corporaciones.

San Luis todavía está a tiempo de elegir en qué lado de la historia quiere estar.
Lo que no puede seguir haciendo es mirar para otro lado mientras el futuro se diseña sin preguntarle nada.

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