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El caso Caburé empieza a dejar algo en claro: el problema no es solo qué pasó con la cosecha, sino cómo se gestionó lo público.
Y en ese punto, lo que aparece no es menor.
Bazla y CIA le vendieron el diario de Yrigoyen al Gobernador y ahora la justicia dirime entre la corrupción administrativa los odios y las traiciones.
UN ESTADO SIN CONTROL
La investigación del fiscal expone un escenario preocupante:
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contratos sin expediente
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ausencia de licitación
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decisiones tomadas por fuera de los marcos legales
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falta de controles administrativos básicos
Nada de esto es discutible.
Está en la causa.
Y todo eso configura, al menos, un dato contundente: hubo un manejo deficiente de los recursos del Estado
LO QUE FALTA… Y LO QUE SOBRA
Es cierto:
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no hay, hasta ahora, una cuantificación del daño económico
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no está determinado quién se quedó con el dinero
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no hay una condena que establezca un delito consumado
Pero también es cierto: la cosecha existió… y dejó de estar bajo control estatal
Y ese vacío no es menor.
DEL DESORDEN AL MAL DESEMPEÑO
En la función pública hay un principio básico:
– no alcanza con no robar
– hay que administrar correctamente
Cuando eso no ocurre, aparece una figura tan incómoda como inevitable:
– el mal desempeño en la función pública
Porque:
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se incumplen procedimientos
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se toman decisiones irregulares
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se pierde control sobre bienes del Estado
Y eso, aunque no siempre sea delito penal, sí es responsabilidad política y administrativa
UNA CADENA QUE NO CIERRA
Hoy el caso presenta una secuencia clara:
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el Estado tenía el campo
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el Estado permitió la producción
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la cosecha se realizó
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el producto salió del circuito estatal
Y sin embargo: no está claro quién capitalizó ese proceso
Ese es el verdadero problema.
No lo que se dice.
Lo que no cierra.
MUCHO RUIDO, PERO UNA CERTEZA
En medio de versiones cruzadas, operaciones y relatos exagerados, hay un punto firme: el Estado no estuvo a la altura en el manejo de sus propios recursos
Y eso, en cualquier sistema serio,
no es un detalle menor.
El caso Caburé no tiene aún un cierre judicial contundente.
Pero sí deja una señal política fuerte:
– cuando el Estado pierde control,
– cuando los procedimientos se rompen,
– cuando la administración falla,
el problema ya no es solo legal.
– es institucional.
Puede que no haya pruebas de corrupción…
pero es evidente que alguien no hizo bien su trabajo.

Hay señales y demostraciones que son obvias, con un mensaje de estas características cada uno se podrá dar cuenta como viene la cosa.