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La llegada de Uber a Villa Mercedes abrió un debate intenso entre remiseros, taxistas y usuarios. Un conflicto lógico, previsible y que no es exclusivo de nuestra ciudad. Lo vivieron prácticamente todas las grandes ciudades del mundo cuando las plataformas de transporte irrumpieron con un servicio más barato, ágil y valorado por la gente.
Pero hay algo fundamental que no puede ignorarse: Uber no es un invento local ni una decisión política municipal. Es un cambio de modelo de movilidad que avanzó en todos los continentes y que, con conflictos iniciales, terminó integrándose mediante regulación.
Por eso resulta injusto —y claramente oportunista— apuntar contra el intendente Maximiliano Frontera como si fuera el creador del problema. El fenómeno llegó solo. Lo que hoy corresponde es gobernarlo con inteligencia.
Lo que enseñó el mundo: conflicto primero, reglas después
En Europa, Estados Unidos y América Latina, Uber generó choques fuertes con sectores tradicionales del transporte. Hubo protestas, bloqueos y debates encendidos. En algunos lugares incluso se intentó prohibirlo. Pero con el tiempo, la mayoría de los gobiernos comprendió algo clave: la gente ya había elegido el servicio.
La solución no fue expulsar la tecnología, sino regularla: exigir seguros, controles de seguridad, habilitaciones, impuestos, trazabilidad de viajes y normas laborales. En muchos países Uber tuvo que adaptarse a reglas estrictas y convivir con taxis y remises bajo marcos legales claros.
Es decir: no ganó la anarquía, ganó el orden.
La realidad social: la mayoría quiere el servicio funcionando, precio y vehículos en buen estado.
En Villa Mercedes pasa lo mismo que en el mundo. Más allá del ruido mediático y de sectores que resisten por temor a perder trabajo, por ahí algunos aprovechan para politizarlo, la inmensa mayoría de los usuarios valora:
• precios más accesibles
• rapidez del servicio
• trazabilidad del viaje
• facilidad tecnológica
• mayor disponibilidad de autos y nuevos
Eso no significa abandonar a taxistas y remiseros. Significa reconocer que la movilidad cambió y que el Estado debe acompañar ese cambio con reglas, no con prohibiciones y si no con justa competitividad.
Maxi Frontera: del conflicto a la solución
Atacar políticamente al intendente por un fenómeno global es no entender —o fingir no entender— cómo funcionan los cambios tecnológicos. El rol de Frontera no es frenar el futuro, sino ordenarlo para que nadie quede afuera.
El camino inteligente es claro:
✔ Integrar Uber al sistema local con regulación
✔ Exigir condiciones de seguridad y habilitación
✔ Crear reglas de competencia justa
✔ Facilitar la adaptación de remiseros y taxistas
✔ Proteger al usuario
Eso es gobernar con responsabilidad.
El verdadero debate
El debate no es Uber sí o Uber no.
Ese debate ya está resuelto por la sociedad.
El debate real es:
– ¿Lo regulamos con inteligencia o dejamos que el conflicto crezca?
– ¿Protegemos a los trabajadores o los empujamos al caos?
– ¿Ordenamos la modernización o nos quedamos anclados en el pasado?
El mundo ya dio la respuesta: regular, integrar y convivir.
Villa Mercedes hoy tiene la oportunidad de hacer lo mismo, con diálogo, reglas claras y sin operaciones políticas de baja estofa.
Y en ese camino, el intendente Frontera no es el problema: es quien puede transformar un conflicto en una solución moderna para todos.