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Por Gustavo Thompson.
Villa Mercedes no reacciona por impulso. Reacciona por memoria.
Por eso, cuando se intenta forzar a la Justicia, la ciudad se pone de pie.
Los hechos están a la vista y son contundentes.
Primero, se intentó instalar la sospecha sobre el juez Ortiz.
Luego, sobre el fiscal Leandro Estrada.
Ambos casos se cayeron por su propio peso. No hubo delito, no hubo falta, no hubo causa. Quedaron fuera de toda sospecha.
La Justicia habló. Y habló claro.
Sin embargo, lejos de aceptar ese límite institucional, la presión mutó. Cambió de nombre, de expediente y de protagonista.
Hoy, en el marco del denominado caso Caburé, se intenta avanzar contra el abogado Pascual Celdrán, con una virulencia que vuelve a encender todas las alarmas.
Y es ahí donde Villa Mercedes dice basta.
No es corporativismo. Es cultura cívica.
La reacción de la ciudad no es una defensa ciega de personas.
Es una defensa de valores.
En Villa Mercedes existe una regla no escrita, pero profundamente arraigada:
no se tocan los apellidos señeros de la ciudad para disciplinar políticamente a la Justicia.
No se los estigmatiza.
No se los usa como mensaje ejemplificador.
No se los expone para escarmentar.
No por privilegio.
Por pertenencia. Por historia. Por identidad colectiva.
Cuando la Justicia se politiza, la comunidad se defiende
Estos tres episodios —los dos que fracasaron y el que hoy intenta avanzar— no pueden leerse de manera aislada. Responden a una misma lógica:
la de presionar, condicionar o intimidar cuando el fallo, el criterio o la conducta no se alinean con intereses externos a la ley.
Y cuando eso ocurre, la sociedad sana reacciona.
Villa Mercedes no tolera la manipulación de la Justicia.
No acepta el uso del derecho penal como herramienta política.
No convalida el armado de causas para disciplinar actores institucionales.
Un límite que la ciudad marca con claridad
La defensa que emerge desde Villa Mercedes no es ideológica.
No es partidaria.
Es cultural.
Es la afirmación de una comunidad que entiende que la Justicia debe ser:
-
independiente,
-
imparcial,
-
y ajena a operaciones coyunturales.
-
cuando éramos pendejos soportábamos los autoritarismo de los hermanos Saá, ya no lo somos y nos plantamos.
Es la expresión de una ciudad que sabe quién es, de dónde viene y qué valores no está dispuesta a negociar, Villa Mercedes no quiere que continúe la misma escuela. YA LA SUFRIERON NUESTROS PADRE Y PARTE NOSOTROS.
Una advertencia necesaria
La democracia no se erosiona de golpe.
Se debilita cuando se naturalizan presiones.
Cuando se banaliza la sospecha.
Cuando se confunde investigación con persecución.
Por eso, frente a estos intentos reiterados, Villa Mercedes se planta.
No para proteger nombres.
Sino para proteger un principio.
Porque cuando se intenta torcer la Justicia, no se ataca a una persona.
Se ataca a una comunidad entera. Le toco a Ortiz, a Estrada, ahora a Celdrán, mañana podes ser vos.
Y esa comunidad —la mercedina— ya dejó claro que no va a mirar para otro lado.
Primero Villa Mercedes
Segundo Villa Mercedes
Tercero Villa Mercedes