Villa Mercedes no se usa: se respeta, a Maxi le operan desde adentro.

Villa Mercedes no se usa: se respeta, a Maxi le operan desde adentro.

Por Gustavo Thompson.

Villa Mercedes no es un botín político ni una ficha de canje en mesas provinciales.
Es una ciudad con identidad, con carácter y con memoria.
Y su orden de prioridades es innegociable:
primero Villa Mercedes, segundo Villa Mercedes, tercero Villa Mercedes.

Todo lo que no entienda eso está, lisa y llanamente, en contra de la ciudad.

Hoy Villa Mercedes tiene un líder claro, legitimado por la gente y por los hechos: Maxi Frontera. No llegó ahí por marketing ni por rosca: llegó porque sacó a la ciudad del pantano ético, moral y sociocultural en el que había sido empujada por Rodriguez Saá. La ciudad recuperó dignidad, autoestima, respeto y proyección. Maxi le devolvió personalidad a una ciudad que durante años fue tratada como territorio útil, pero políticamente descartable.

Y eso molesta.

Molesta afuera, pero —lo que es mucho más grave— molesta adentro.

Porque hay quienes, desde dentro de Villa Mercedes (foráneos), intentan limar al líder, achicar su figura, reducirlo a intendente doméstico y sacarlo del tablero provincial. Pretenden que el centro del poder vuelva a ser el de siempre: los Rodríguez Saá por un lado, Poggi por el otro, y Villa Mercedes mirando desde la tribuna.

Eso no es ingenuidad política.
Eso es traición a la ciudad.

La gobernabilidad provincial actual tiene un nombre y un origen: Villa Mercedes. Y dentro de esa realidad, Maxi Frontera es un pilar central. Claudio Poggi gobierna con estabilidad porque esta ciudad acompaña, ordena y sostiene. Pero cuando llega el momento de distribuir poder, decidir protagonismos y marcar agenda, Villa Mercedes desaparece del mapa.

Y con ella, intentan desaparecer a su líder.

No es casual.
Es una maniobra.
Y es profundamente injusta.

Porque no se puede pedir respaldo sin reconocimiento.
No se puede exigir lealtad mientras se margina.
No se puede usar a una ciudad para sostener el poder y luego empujarla al fondo cuando hay que compartirlo (golpes bajos).

Y lo más alarmante no es que esto ocurra desde la lógica provincial.
Lo verdaderamente grave es que haya operadores locales dispuestos a empujar esa degradación, a cambio de migajas, lugares menores o falsas promesas.

A esos hay que decirles algo con claridad:
cuando se debilita al líder, se debilita la ciudad.
Y cuando se debilita la ciudad, no hay proyecto personal que se salve.

Villa Mercedes no necesita agacharse para ser aceptada.
Villa Mercedes ya demostró que puede liderar.                                                                                                                                                                                                                                                                                                      Villla Mercedes planifica su soberanía digital, hoy pocos la entienden, mañana dirán tenían razón.

El tiempo de la prudencia silenciosa se terminó.
Ahora es tiempo de marcar límites.

Porque Villa Mercedes no se negocia.
Y a su liderazgo no se lo toca.

Marzo esta cerca y no habrá lugar para más golpes bajos.

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