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Por Gustavo Thompson.
El inicio de año encuentra a San Luis en una suerte de pausa tensa. No es calma: es expectativa.
Marzo asoma como el verdadero punto de partida del camino hacia 2027, y en ese escenario hay una certeza extendida: Claudio Poggi llega con serias chances de reelección.
Esa fortaleza no surge del azar. Tiene un anclaje político concreto: Villa Mercedes.
Con el acompañamiento incondicional de Maximiliano Frontera, la ciudad garantiza gobernabilidad, respaldo territorial y una base sólida que ningún análisis serio puede ignorar.
Pero Villa Mercedes no es obediencia ciega.
Es identidad, pertenencia y libertad de pensamiento.
Una diferencia sustancial con el pasado
Los mercedinos reconocen —y valoran— que hoy pueden fortalecer su idiosincrasia sin ser castigados por ello. Algo que durante la gestión anterior fue sistemáticamente obstaculizado. Allí donde antes se intentaba disciplinar, hoy se permite crecer. Esa diferencia explica buena parte del acompañamiento actual.
Sin embargo, la política no se congela en los aciertos iniciales.
El frente capitalino y el riesgo del encierro
El verdadero desafío de Poggi no está en Villa Mercedes.
Está en la capital y en la encarnizada compulsa judicial y política con el albertismo, cuyo rostro más visible sigue siendo Alberto Rodríguez Saá.
Ese conflicto —legítimo en términos institucionales— se ha convertido, desde lo comunicacional, en la columna vertebral del relato oficial. Y ahí aparece una debilidad inocultable: la comunicación.
No se trata de señalar con soberbia ni de “enseñar”. Pero sí de advertir algo evidente: el círculo cerrado que rodea al Gobernador muestra signos de resentimiento, soberbia e impunidad discursiva. Cuando eso ocurre, el poder deja de escuchar y empieza a justificarse a sí mismo. El poder no se transita con resentimientos porque las coyunturas cambian y la dinámica de reacomodamientos son necesarios, no es bueno encapsularse porque lo que viene es colectivo.
Villa Mercedes como anticuerpo político
Villa Mercedes ya demostró ser el talón de Aquiles del albertismo.
No por violencia ni por odio, sino por algo más profundo: funciona como el mejor anticuerpo frente a la raza política octogenaria, hoy principal responsable del estancamiento, la pérdida de confianza y el deterioro de la imagen pública de la política. Hoy la democracia peligra en el mundo por culpa de esta generación, la octogenaria, por ellos se abre el nuevo orden mundial, «Los Tecnoautoritarios».
Desde La Loma, la ciudad observa la interna capitalina.
Y observa con una claridad inquietante.
Villa Mercedes no va a intervenir si la soberbia persiste.
No va a salir a salvar a nadie de sus propios errores.
No va a ser coartada de prácticas que contradigan el cambio que dice acompañar.
Una advertencia necesaria
Si Claudio Poggi llegara a poner en riesgo su reelección, no será por culpa de Villa Mercedes.
Será por permitir que la soberbia, la corrupción estructural y una cultura cerrada del poder vuelvan a imponerse.
Por no comprender —o no querer comprender— que los cargos no son para amigos, familiares ni socios del sistema, sino para servir a la sociedad.
Marzo está cerca
Quedan menos de 60 días.
Tiempo suficiente para pensar.
Para revisar.
Para corregir.
La pregunta no es menor y no admite maquillaje:
¿Cambiará la escuela, o seguirá con la misma?
Villa Mercedes acompaña.
Pero no a cualquier precio.
Y esa, quizás, sea la advertencia más leal que hoy puede recibir el poder.