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Por Gustavo Thompson.
En tiempos donde la confusión política y la desesperanza social reinan en muchos rincones del país, Villa Mercedes se presenta como una ciudad distinta. Un ejemplo. Un faro de coherencia, de dignidad democrática y de fidelidad a su propia historia. Lo que ocurre en esta ciudad no es un fenómeno aislado ni fruto de un artificio de campaña. Es, profundamente, una decisión colectiva. Una cultura cívica arraigada. Una postura política firme: Primero Villa Mercedes. Segundo Villa Mercedes. Tercero Villa Mercedes.
Este lema, que supo sintetizar con precisión el intendente Maximiliano Frontera, no es una consigna vacía. Es una bandera que flamea en cada calle, en cada comerciante, en cada trabajador, en cada vecino. Es una respuesta popular contundente ante décadas de desprecio, desvalorización y golpes sistemáticos que llegaron —y siguen llegando— desde la ciudad capital y sus ocasionales administradores, comenzando por los octogenarios Rodríguez Saá, que por una u otra razón siempre encontraron motivos para debilitar a Villa Mercedes, nunca para potenciarla.
Sin embargo, la ciudad nunca se arrodilló. Nunca dejó de ser, Calle Angosta nunca aflojó. Villa Mercedes aguanta. Villa Mercedes resiste. Villa Mercedes responde con más trabajo, más coraje, más fe en sí misma.
Hoy, esa respuesta tiene forma de proyecto. Hoy, ese proyecto tiene conducción. Y esa conducción se llama Maxi Frontera. No porque el poder resida en él —y este es un punto clave—, sino porque él ha sabido interpretar el clamor colectivo de una ciudad orgullosa de ser lo que es. Porque el poder de Pedernera no es Frontera: el poder de Pedernera es Villa Mercedes. Eso es otra cosa, Villa Mercedes elige a Frontera porque supo interpretar su sentir.
Y en esta ciudad, que ha decidido sostener a su intendente a pesar de los embates mediáticos, de las operaciones políticas, del centralismo estructural y de los ataques arteros, hay un mensaje claro para toda la provincia: Villa Mercedes no se vende. No se entrega. No se calla. Y sobre todo, no se olvida.
Hoy más que nunca, se respira un aire de recuperación, tiene paz, templanza, madurez, se permite dar ejemplo de conducta democrática, tiene certezas, brinda CONFIANZA. Villa Mercedes hoy inspira identidad, orgullo, recupero el respeto, la imagen, la representatividad. Se siente en el vínculo con un gobernador como Claudio Poggi, que ha entendido y comprendido que escuchar a Villa Mercedes es clave para construir una provincia equilibrada, justa, con gobernabilidad, con verdadero sentido federal.
El orgullo de ser mercedino no se negocia.
No es una frase de campaña. Es una verdad cultural. Es una emoción histórica. Es una posición política, Villa Mercedes tiene un Intendente que levanta esa bandera de lo expuesto y es creíble, por eso tiene el apoyo incondicional de la ciudad, Villa Mercedes le da el PODER QUE TIENE FRONTERA y se lo merece. SE LO GANO CON EL TIEMPO, con aciertos y errores, con toda la perfectibilidad que tiene todo ser humano.
Villa Mercedes no sólo ha decidido quién la conduce. Ha decidido cómo quiere ser mirada, tratada y respetada.
Y ese es el verdadero triunfo.