VILLA MERCEDES DIO UNA LECCIÓN DE DEMOCRACIA: LA GRANDEZA DE LOS JÓVENES FRENTE A LAS VIEJAS MAÑAS DEL PERONISMO HISTÓRICO

VILLA MERCEDES DIO UNA LECCIÓN DE DEMOCRACIA: LA GRANDEZA DE LOS JÓVENES FRENTE A LAS VIEJAS MAÑAS DEL PERONISMO HISTÓRICO

Por Gustavo Thompson.

Dos actos, dos generaciones, dos estilos de conducción y dos maneras de entender la política.

Mientras Maximiliano Frontera convocó a más de 2.000 mujeres en un encuentro departamental, Alberto Rodríguez Saá reunió, según las cifras aportadas a este medio, a unas 400 personas en un acto de carácter provincial (fuerza provincial contra fuerza departamental).

Pero la verdadera diferencia no estuvo solamente en los números: estuvo en la conducta, el respeto y la madurez política.

El 17 de octubre dejó una fotografía política que difícilmente pueda pasar inadvertida en San Luis.

Villa Mercedes volvió a demostrar que es una ciudad capaz de albergar expresiones partidarias diferentes, incluso profundamente enfrentadas, sin convertir sus calles en un escenario de confrontación.

Y hubo una decisión que merece destacarse.

«NO QUIERO NINGÚN TIPO DE CONFLICTO QUE MANCHE LA IMAGEN DE LA CIUDAD».

Esa fue, según pudo conocer este medio, la primera directiva impartida por el intendente Maximiliano Frontera ante la realización de los acontecimientos políticos.

Y se cumplió.

Mientras Alberto Rodríguez Saá, uno de los más severos críticos del intendente mercedino, desembarcaba en la ciudad con un discurso de confrontación política, del otro lado no hubo provocaciones, respuestas callejeras ni incidentes que empañaran la jornada que, pudieron existir si Maxi Frontera departiera alguna directiva, ganas no faltaba en la tropa joven porque algunos ya no soportan los absurdos de algunos.

La nueva generación entendió algo que buena parte de la vieja dirigencia parece no haber aprendido en medio siglo: la fortaleza política no se demuestra gritando más fuerte, ni provocando y trantando al adversario como enemigo yendo a una guerra,  sino teniendo la grandeza de respetar al adversario dirmiendo a trav{es de los hechos con respeto y paz social.

DOS ACTOS Y UNA DIFERENCIA QUE HABLA POR SÍ SOLA

El contraste merece una lectura política.

Por un lado, un acto provincial encabezado por Alberto Rodríguez Saá, con aproximadamente 400 asistentes según las estimaciones recibidas.

Por el otro, un encuentro departamental impulsado por el espacio de Maximiliano Frontera, con más de 2.000 mujeres participantes, de acuerdo con sus organizadores.

Es decir, una convocatoria territorialmente más acotada habría multiplicado por cinco la asistencia del encuentro provincial.

Las cifras, sujetas a verificación independiente, no determinan por sí solas el liderazgo.

Pero constituyen una señal política que sería un error ignorar.

Mientras unos parecen empeñados en recuperar el pasado, otros están construyendo una organización política que mira hacia adelante.

EL PERONISMO ANALÓGICO NO CONSIGUIÓ ARRASTRAR A LOS JÓVENES AL BARRO

La vieja dirigencia del peronismo puntano sigue recurriendo a una estética y a una forma de ejercer el poder que parecen detenidas en otra época.

El palco elevado, el dirigente por encima de la multitud, los discursos verticalistas y la permanente necesidad de identificar enemigos internos componen una puesta en escena que recuerda las prácticas políticas más antiguas del siglo pasado.

YO SOY EL LIDER DE LA OPOSICION MIENTRAS MAXI EXPRESA SER PARTE DE UNA MESA DE CONSENSO.

Una estética que, por su verticalismo OCTOGENARIO, evoca las grandes concentraciones de masas de los regímenes autoritarios, aunque ello no significa equiparar sus responsabilidades históricas.

La política argentina ya conoció demasiado bien las consecuencias de transformar al adversario en enemigo.

Sin embargo, el peronismo histórico de San Luis parece tener enormes dificultades para desprenderse de sus viejos reflejos: personalismo, confrontación, obediencia y resistencia al recambio generacional.

Esta vez, la maniobra de confrontación no encontró respuesta.

Los jóvenes no bajaron al barro.

Y esa ausencia de reacción fue, paradójicamente, una de las respuestas políticas más contundentes de la jornada.

ALBERTO TERMINÓ FORTALECIENDO A ADOLFO

Pero existe una consecuencia política todavía más profunda.

El acto de Alberto Rodríguez Saá podría haber terminado favoreciendo indirectamente a su propio hermano, Adolfo Rodríguez Saá.

La persistencia de Alberto en disputar el liderazgo del peronismo provincial abre un escenario en el que Adolfo puede convertirse en un aliado electoral particularmente valioso para Claudio Poggi.

La paradoja es formidable: Alberto, intentando recuperar centralidad, podría estar contribuyendo a fortalecer el espacio político que pretende enfrentar.

El nivel de subestima, falta de respeto y humillación de Alberto para con su hermano Adolfo es alevoso.

Si Adolfo comprende el momento histórico, deja atrás los enfrentamientos personales y privilegia una estrategia política inteligente, podría encontrar en 2027 una oportunidad extraordinaria.

Una candidatura a diputado nacional, dentro de un eventual entendimiento con el espacio de Poggi y Frontera, podría posicionarlo como uno de los protagonistas de la próxima elección.

Incluso podría aspirar a convertirse en uno de los candidatos a diputado nacional más votados de San Luis, sería el UNICO candidato de la UNIDAD.

Desde luego, no se trata de un resultado asegurado, sino de una posibilidad política condicionada por los acuerdos, las candidaturas y la respuesta del electorado que visualiza La Línea.

Adolfo tiene ante sí una elección: continuar atrapado en la disputa familiar o transformar su experiencia política en una última oportunidad de protagonismo electoral.

La sociedad primera y necesaria es la FAMILIA y los Rodriguez Saá tienen destrozada la primera regla social que es básica en política.

VILLA MERCEDES ELIGIÓ LA CONVIVENCIA, NO LA CONFRONTACIÓN

La fotografía más importante del 17 de octubre no fue la de los palcos ni la de los discursos.

Fue la de una ciudad que permitió que dos expresiones políticas enfrentadas desarrollaran sus actividades sin incidentes.

Una ciudad cuyo intendente, lejos de promover enfrentamientos, impartió una directiva de respeto institucional.

Una ciudad donde miles de mujeres participaron de una convocatoria política mientras otro sector del peronismo ejercía su legítimo derecho a reunirse y expresarse.

Eso también es democracia.

Y esa fue la verdadera victoria de Villa Mercedes.

El peronismo histórico conserva dirigentes, militantes, historia y estructuras.

Nadie puede desconocerlo.

Pero su problema comienza cuando pretende que esa historia le otorgue un derecho permanente a conducir el futuro.

La renovación no puede ser solamente una consigna.

Debe expresarse en las conductas, en los métodos y en la capacidad de aceptar que las nuevas generaciones construyan sus propios liderazgos.

LA FOTO DE HACE 50 AÑOS FRENTE A LA POLÍTICA DEL FUTURO

Hay imágenes que parecen repetirse indefinidamente.

Los mismos protagonistas, los mismos gestos, los mismos palcos, la misma concepción vertical del poder.

Cincuenta años después, una parte de la dirigencia continúa representando una política que se resiste a cambiar.

Del otro lado aparece una generación que, con aciertos y errores, intenta construir su propio camino sin quedar prisionera de las disputas heredadas.

Maximiliano Frontera entendió que no necesitaba responder una provocación para demostrar autoridad.

Le alcanzó con garantizar el respeto, preservar la paz social y permitir que cada sector se expresara libremente.

Esa es una diferencia de fondo.

Porque la grandeza política no consiste en humillar al adversario, sino en demostrar que se puede convivir con él.

El 17 de octubre, Villa Mercedes no solamente fue escenario de dos actos peronistas.

Fue escenario de dos culturas políticas que disputan el presente y el futuro de San Luis.

Una que todavía mira hacia atrás, aferrada a sus viejas prácticas.

Y otra que pretende mirar hacia adelante, con nuevas generaciones, participación y respeto democrático.

Buenos Aires observa San Luis y tiene bien diferenciado el pasado con el presente.

La política del pasado buscó protagonismo.

La nueva generación respondió con madurez.

Y quizás allí esté la conclusión más importante de aquella jornada:

EL FUTURO NO NECESITA PELEARSE CON EL PASADO PARA DEMOSTRAR QUE YA COMENZÓ.

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