Saltar al contenido
Por Gustavo Thompson.
El poder económico, las grandes corporaciones y las nuevas tecnologías avanzan sobre las estructuras tradicionales del Estado.
La política corre el riesgo de convertirse en una figura decorativa mientras el verdadero poder se concentra cada vez en menos manos.
El mundo está atravesando una transformación tan profunda como peligrosa.
Lo que hasta hace algunos años parecía una hipótesis hoy comienza a manifestarse en decisiones políticas, económicas y tecnológicas: el debilitamiento de los Estados y el desplazamiento de la clase política tradicional.
No se trata necesariamente de una conspiración mundial ni existe evidencia de un plan único para eliminar los Estados.
Se trata de algo posiblemente más inquietante: una acumulación de decisiones que puede terminar produciendo el mismo resultado.
Donald Trump, JD Vance, Javier Milei y otros dirigentes representan, con profundas diferencias entre ellos, expresiones de una época que cuestiona el funcionamiento de las instituciones tradicionales.
Mientras Estados Unidos fortalece su poder nacional para defender sus intereses estratégicos, otros países avanzan hacia la reducción del aparato estatal, las privatizaciones y una mayor dependencia de los mercados.
LA GRAN PREGUNTA ES QUIÉN GOBERNARÁ CUANDO LA POLÍTICA DEJE DE TENER PODER REAL.
Las grandes corporaciones tecnológicas manejan información, plataformas y herramientas capaces de influir sobre millones de ciudadanos. Los grupos financieros condicionan decisiones económicas.
Y los Estados más débiles encuentran cada vez mayores dificultades para defender sus industrias, sus recursos y su soberanía.
La democracia corre entonces un riesgo formidable: conservar las elecciones, los presidentes y los parlamentos, pero perder progresivamente la capacidad efectiva de decidir.
En ese escenario, la clase política tradicional podría terminar siendo reemplazada, no necesariamente por una democracia mejor, sino por nuevas estructuras de poder económico y tecnológico que nadie eligió mediante el voto popular.
EL PELIGRO NO ES SOLAMENTE QUE DESAPAREZCA EL ESTADO. EL PELIGRO ES QUE DESAPAREZCA SU CAPACIDAD DE DEFENDER A LA SOCIEDAD.
La Argentina no está al margen de este proceso.
La discusión sobre el achicamiento estatal, la apertura económica y la pérdida de capacidad industrial forma parte de un debate mucho mayor sobre el futuro de nuestra soberanía.
Y aquí aparece la contradicción más preocupante: mientras las grandes potencias utilizan sus Estados para proteger sus intereses, las naciones económicamente vulnerables pueden terminar debilitando las herramientas necesarias para defender los propios.
EL MUNDO PODRÍA ESTAR CAMINANDO HACIA UNA DE LAS REALIDADES MÁS NEFASTAS DE LOS NUEVOS TIEMPOS: UNA SOCIEDAD CON CADA VEZ MENOS PODER POLÍTICO CIUDADANO Y CADA VEZ MÁS PODER ECONÓMICO CONCENTRADO.
Porque una democracia sin capacidad de decisión no es una democracia plenamente soberana.
Y cuando el poder deja de responder ante los ciudadanos, la pregunta ya no es quién gana las elecciones.
LA PREGUNTA ES QUIÉN MANDA REALMENTE.
Argentina recibe al Vice Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, la agenda de que Argentina deje de ser un estado esta la vuelta de la esquina.