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Por Gustavo Thompson.
El desembarco de Peter Thiel en la Argentina y la anunciada visita del vicepresidente estadounidense JD Vance en noviembre podrían representar mucho más que inversiones y relaciones diplomáticas.
Estamos frente a una transformación del poder mundial que amenaza con desplazar a los Estados y a la dirigencia política tradicional.
El mundo está cambiando peligrosamente.
Las grandes corporaciones tecnológicas, los grupos financieros y la inteligencia artificial comienzan a concentrar capacidades que históricamente estuvieron en manos de los Estados.
PETER THIEL NO ES UN EMPRESARIO MÁS.
El multimillonario, vinculado a Donald Trump y al ascenso político de JD Vance, representa un modelo donde la tecnología, la información y el poder económico adquieren una influencia extraordinaria sobre las decisiones de los gobiernos.
Su acercamiento a la Argentina, sumado a la visita anunciada de Vance para noviembre, abre un interrogante inquietante: ¿estamos presenciando el avance de un nuevo orden mundial donde las corporaciones tendrán cada vez más poder y la política cada vez menos?
Javier Milei propone reducir el Estado, privatizar y desregular la economía.
Paradójicamente, Estados Unidos utiliza su enorme poder estatal para proteger sus industrias, sus empresas y sus intereses estratégicos.
MIENTRAS LAS POTENCIAS FORTALECEN SUS ESTADOS, ARGENTINA CORRE EL RIESGO DE DEBILITAR EL SUYO.
El peligro no es solamente económico.
Es profundamente político.
Los presidentes, gobernadores, legisladores y partidos podrían conservar sus cargos, pero perder progresivamente la capacidad real de decidir frente a gigantes financieros y tecnológicos.
No hay pruebas de un plan coordinado para eliminar los Estados y la clase política.
Sin embargo, la concentración del poder económico y tecnológico plantea una amenaza concreta para la soberanía democrática.
LA PEOR VERSIÓN DEL NUEVO ORDEN MUNDIAL NO SERÍA LA DESAPARICIÓN DE LOS ESTADOS, SINO SU CONVERSIÓN EN SIMPLES ADMINISTRADORES DE INTERESES AJENOS.
Y aquí aparece la pregunta que debería preocuparnos a todos:
¿ESTAMOS CAMINANDO HACIA UN MUNDO DONDE LOS PUEBLOS SEGUIRÁN VOTANDO, PERO LOS QUE REALMENTE MANDEN YA NO NECESITARÁN GANAR ELECCIONES?