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Hay momentos en la política donde el silencio, la indecisión y el recambio forzado hablan más fuerte que cualquier discurso. Villa de Merlo atraviesa uno de esos momentos. Y lo que ocurre allí ya no puede leerse como un simple reordenamiento administrativo: es una señal de alarma política.
El pedido de renuncia a varios funcionarios municipales, en cadena y sin una narrativa clara de conducción, expone algo más profundo que errores puntuales: expone una gestión debilitada, sin reflejos, sin respuestas y con dificultades evidentes para sostener autoridad.
Turismo: cuando el área clave queda a la deriva
Que el área de Turismo —columna vertebral de la economía local— quede sin conducción firme en plena temporada alta no es un detalle menor. Es una falla estratégica. Y cuando eso ocurre, el mensaje hacia la comunidad, los prestadores y los trabajadores del sector es claro: no hay timón.
En política, las renuncias “por razones personales” no se analizan por lo que dicen, sino por cuándo ocurren. Y cuando ocurren en el momento más sensible del año, lo que queda es la sensación de improvisación y vacío de liderazgo.
El peso de los antecedentes
La situación se vuelve aún más compleja cuando el área cuestionada está ligada, directa o indirectamente, a una figura que ya tuvo responsabilidades ejecutivas previas, tanto a nivel municipal como provincial. En ese caso, el margen de tolerancia es menor, porque la experiencia debería traducirse en previsión, orden y resultados.
Cuando una gestión “hace agua” en más de un nivel, el problema deja de ser coyuntural y pasa a ser político.
Recambio sin rumbo: el síntoma de fondo
Un recambio forzado, acelerado y generalizado no es sinónimo de renovación. Muchas veces es apenas la admisión tardía de que algo no funcionó. Y cuando los cambios llegan sin explicación, sin objetivos claros y sin un equipo que respalde públicamente el rumbo, lo que se proyecta es debilidad, no fortaleza.
La política no castiga el error. Castiga la falta de decisión.
El silencio que erosiona
En este contexto, lo que más llama la atención no es solo la crisis en sí, sino la ausencia de voces firmes que expliquen, respalden o corrijan. Los colaboradores, que deberían ser el escudo político de la gestión, brillan por su ausencia cuando llega la hora de poner la cara. Esta debilidad se repite en varias áreas de Terrazas.
Eso sí: en materia presupuestaria, administrativa y de facturación, la maquinaria parece funcionar sin sobresaltos. El contraste no pasa desapercibido.
Gobernar no es administrar inercias.
Gobernar es decidir cuando duele.
La situación en Merlo deja una pregunta abierta que no admite evasivas:
¿hay conducción real o solo administración del desgaste?
Porque cuando las gestiones hacen agua y las decisiones no llegan, la política empieza a pagar un costo que después es difícil revertir. Y en lugares donde el turismo, el empleo y la economía dependen de una conducción clara, la improvisación no es una opción.
La gente no pide milagros.
Pide liderazgo.
Y el liderazgo, cuando falta, se nota.