Villa Mercedes en movimiento: el mérito, el riesgo y la deuda pendiente

Villa Mercedes en movimiento: el mérito, el riesgo y la deuda pendiente

Por Gustavo Thompson.

Villa Mercedes vivió este fin de semana una postal que hacía años no se repetía: calles llenas, clubes activos, espacios culturales colmados, familias, jóvenes y adultos participando de una agenda social y deportiva que desbordó expectativa. No es una sensación aislada ni un entusiasmo circunstancial. Es un fenómeno visible, medible y, sobre todo, compartido por miles de mercedinos.

Este presente no surge de la casualidad. Responde a una visión política y de gestión que, con aciertos y tensiones, está dando resultados. El proyecto que encabeza Maximiliano Frontera ha logrado algo que parecía improbable: devolverle a la ciudad una vida social intensa, transversal y sostenida en el tiempo. Un movimiento que, vale decirlo con honestidad intelectual, ni siquiera Mario Raúl Merlo en sus cinco gestiones consecutivas consiguió generar con esta magnitud y constancia.

Si uno observa con detenimiento las imágenes que circulan en redes sociales —y las analiza desde el lenguaje no verbal— aparece un dato revelador: el equipo humano que acompaña a Frontera es heterogéneo, diverso y, en muchos casos, tensionado. Jóvenes con una impronta moderna, dialoguista y prudente; sectores conservadores con gestos más provocativos y una lógica política de otra época. Dos mundos conviviendo bajo un mismo techo.

Ese equilibrio es, a la vez, virtud y riesgo. Virtud, porque demuestra capacidad de conducción, tolerancia y apertura. Riesgo, porque el hilo que sostiene esa convivencia es fino, delicado, y puede romperse si las ambiciones personales, las mezquindades internas o las disputas silenciosas se imponen sobre el objetivo común. Hoy no hay internas declaradas, pero las diferencias se palpan. Y negarlas sería tan irresponsable como magnificarlas, es la manera correcta de prevenir y alertar al Intendente que, suponemos, con semejante poder, licencia y liderazgo todos deben andar palmeándole la espalda y diciéndole: SOS EL MAS MEJOR…

La Línea lo ha dicho antes y lo repite ahora: el resultado está a la vista y es extraordinario. Villa Mercedes volvió a apropiarse del espacio público, de la cultura, del deporte y del encuentro. Volvió a disfrutar de sí misma. Esa conquista no pertenece a un dirigente, ni a un sector, ni a una generación. Pertenece a la comunidad.

Por eso resulta imprescindible que la dirigencia política y los responsables institucionales estén a la altura de este momento histórico. No es tiempo de disputas menores ni de proyectos personales que erosionen un proceso que beneficia al conjunto. Romper este clima sería un acto de profunda irresponsabilidad social. Todo lo que viene debería ser resultados de procesos naturales y justos y no, de manipulaciones mediocres de subsuelo que contaminan y ensucian para allanar caminos y terminar ellos como la opción forzada.

Sin embargo, hay una contradicción que duele y que no puede seguir siendo ignorada: Villa Mercedes sigue marginada de las decisiones provinciales. A pesar de su peso demográfico, económico y social, la ciudad carece hoy de una representatividad de poder provincial real, válida y concreta. Y esa ausencia no es inocua: limita, condiciona y posterga. ¿miedo o respeto?…

Mientras Villa Mercedes demuestra capacidad de organización, movilización y convivencia social, el poder provincial sigue mirando hacia otro lado. Esa asimetría no es sostenible en el tiempo. Una ciudad viva, activa y protagonista no puede ser tratada como un actor secundario dentro del contexto provincial, eso molesta porque se palpa la grosería.

El desafío que se abre es doble: cuidar lo logrado puertas adentro y exigir lo que corresponde puertas afuera. Defender este presente virtuoso y, al mismo tiempo, construir una representación provincial que esté a la altura del rol que Villa Mercedes ya ejerce en los hechos. El Gobernador debería saber escuchar y sentir el termómetro de la realidad, es indudable que lo hace y, con Villa Mercedes hace oídos sordos.

La historia reciente demuestra algo con claridad: cuando Villa Mercedes se pone de pie, la provincia entera debería escuchar. No hacerlo sería, una vez más, desperdiciar una oportunidad, sobre todo del Gobernador porque su reelección depende de Villa Mercedes y no da gestos con CERTEZAS al respecto.

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