El Caburé y el maíz, un domingo literario con mazorca y penacho.

El Caburé y el maíz, un domingo literario con mazorca y penacho.

El Caburé de la abundancia (régimen vernáculo de reparto en metálico)

No hace mucho tiempo un productivo establecimiento agrícola situado al sur profundo de la provincia de San Luis se transformó en el centro de una controversia pública inédita, y hasta un tanto misteriosa.
Las huestes del Capitán A. Bala, ávidas de descubrir entuertos de otros y ninguno propio, se tiraron un «clavado» a lo que era un negocio redondo, gran cosecha de maíz a la vista… todos ganan (aunque no necesariamente los buenos).

Tan perspicaz como el inefable Chavo del 8, por imperio de la tómbola inexplicable de la Secretaría de Tétrica Pública, el rígido Teniente letrado Boviedo Garkenverger se puso manos (y pies, y fotos, y notas periodísticas, a la obra, o a la cosecha, digamos).
Los «inocentes» carmelitos descalzos que habían sembrado el cereal debieron acudir a la impoluta Justicia puntana, para tratar de evitar la pingüe»Fiesta del Maíz» que se veía venir, se veía venir, hasta los siempre pintorescos lechuzos -desde el propio alambrado-, y no tan sorprendidos, comentaban entre ellos que el despojo era inminente.

Las tropas encubiertas (y otras no tanto) de la referida Secretaría de Tétrica Pública, haciendo honor a su bien ganada fama represora, y con apoyo de una «conexión local» de etnia vasca, a través de una precisa operación relámpago, lograron lo que parecía imposible: desmaterializaron el maíz y, por ende, su millonaria venta. Como los desaparecidos, vio. No existen, decía un dictador, no tienen entidad. Pucha digo, miren el quilombo que se armó por el maíz partío, o no tan partío, lo canta mejor Alejandro.

Ahora, el eyectado Boviedo Garkenverger deberá enfrentar al implacable y mediático Fiscal Tontín y a un duro querellante, como lo es el Dr. Turbio Fafeira, apoderado del aludido Capitán A. Bala, sin olvidarnos del sanguíneo abogado de los sembradores, el Dr. Chantual Pedán, hábil y audaz como pocos. Otro que vuelve al rodeo, ávido de impartir justicia, es el «renacido» Juez Rosquís, luego de una ausencia forzoza.
Final: abierto, como el Chino del barrio en día feriado.

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