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Por Gustavo Thompson.
Hay formas de anulación que no hacen ruido. No necesitan conflicto abierto, ni confrontación pública, ni enemigos declarados. Son más eficaces: operan por cerco, por omisión y por límite impuesto. En política, no enfrentar no siempre es tolerar; muchas veces es desactivar sin asumir el costo del choque.
El vínculo entre el gobernador Claudio Poggi y el intendente de Villa Mercedes, Maximiliano Frontera, expone con claridad este mecanismo.
Poggi no enfrenta a Frontera.
No lo discute ideológicamente.
No lo ataca.
Pero lo anula políticamente en el plano provincial.
El método es simple y conocido: encapsular. Frontera queda reducido al ámbito municipal, como si su liderazgo, su caudal electoral y su capacidad de gestión no trascendieran los límites de Villa Mercedes. Se lo reconoce como intendente, pero se le niega protagonismo provincial. No hay integración real de su sector en el gabinete, no hay participación en las decisiones estratégicas, no hay proyección más allá del territorio municipal.
Eso no es neutralidad.
Es una forma moderna de anulación.
El mensaje es claro: se acepta al dirigente mientras permanezca contenido, pero se le cierran todas las puertas que podrían convertirlo en un actor provincial con peso propio.
El gesto más explícito de esta lógica se vio en la elección del presidente de la Cámara de Diputados. Allí, el gobernador optó por un dirigente que perdió las elecciones y cuyo respaldo electoral no alcanza el 5% del padrón provincial, desplazando a sectores con legitimidad territorial, votos reales y representación concreta.
No fue una casualidad ni un error de cálculo.
Fue una decisión política con destinatario.
El criterio no fue la representatividad ni el volumen electoral, sino la conveniencia del control. Mejor un dirigente débil, sin proyección, que uno con respaldo ciudadano y autonomía política. Ese es el núcleo del problema. Tenes un potencial político en San Luis te anula, no te abraza y te suma.
Aquí aparece la tesis central que La Línea viene sosteniendo: el poder que no enfrenta, cuando limita, también anula. No hace falta borrar nombres ni atacar figuras. Basta con negar espacios, restringir escenarios y administrar el silencio.
Maximiliano Frontera no fue confrontado.
Fue neutralizado por encierro.
Y esa estrategia no sólo afecta a un dirigente. Afecta a Villa Mercedes, una ciudad que hoy muestra dinamismo, vida social, gestión activa y protagonismo real, pero que sigue siendo marginada del esquema de poder provincial. Hace pocas horas, desestabilizadores absurdos, intentaron manifestarse frente a la Municipalidad de Villa Mercedes por quejas provinciales, la manifestación fracasó porque intentaron municipalizar el hecho cuando el motivo era provincial, quedó demostrado que Villa Mercedes sabe diferenciar, reconoce el poder e inteciones de Maxi Frontera.
San Luis no se fortalece encapsulando liderazgos emergentes. Se debilita. Porque el poder que necesita anular sin confrontar demuestra temor a la competencia y fragilidad en su construcción.
La historia política es clara:
cuando un liderazgo crece y se lo encierra, no desaparece.
Se posterga el conflicto, pero se agranda el problema.
Y eso, más temprano que tarde, siempre vuelve a escena.