“LOS VIEJOS ESTÁN ENOJADOS, LOS JÓVENES NO”: SEIS AÑOS DESPUÉS, ¿DÓNDE ESTÁN LOS HEREDEROS DE ALBERTO RODRÍGUEZ SAÁ?

“LOS VIEJOS ESTÁN ENOJADOS, LOS JÓVENES NO”: SEIS AÑOS DESPUÉS, ¿DÓNDE ESTÁN LOS HEREDEROS DE ALBERTO RODRÍGUEZ SAÁ?

Por Gustavo Thompson.

Hace aproximadamente seis años, Alberto Rodríguez Saá dejó desde la Legislatura de San Luis una frase que hoy merece ser revisitada:

“Los viejos están enojados, los jóvenes no”.

Era mucho más que una frase.

Transmitía una concepción política: frente a una dirigencia envejecida, cargada de disputas y resentimientos, aparecía una generación nueva que supuestamente debía protagonizar el futuro.

Pasaron los años.

Llegamos a 2026.

Y aparece una pregunta inevitable:

¿Dónde están esos jóvenes?

¿Quién es hoy el dirigente de aquella generación que Alberto Rodríguez Saá formó, promovió y dejó preparado para conducir su espacio político?

Cuesta encontrarlo.

Y esa ausencia constituye, como mínimo, una contradicción política que merece ser analizada.

SI LOS JÓVENES ERAN EL FUTURO, ¿POR QUÉ EL FUTURO SIGUE SIENDO ALBERTO?

Este es quizás el punto más interesante.

Si durante años se habló de renovación, nuevas generaciones, juventud y futuro, resultaría lógico que seis años después existieran dos, tres o cinco dirigentes consolidados capaces de representar políticamente aquel proyecto sin necesitar permanentemente la presencia del conductor histórico.

Pero el escenario parece haber recorrido el camino inverso.

Alberto continúa apareciendo como la figura central, «el ordenador octogenario» y, eventualmente, el hombre llamado a rescatar políticamente al propio espacio que condujo durante décadas.

Entonces surge una paradoja formidable:

el proyecto hablaba de fabricar futuro, pero el futuro aparentemente continúa dependiendo de un dirigente de más de casi 80 años.

Algo no cierra.

UNA GENERACIÓN QUE NO CONSIGUIÓ CONVERTIRSE EN HERENCIA POLÍTICA

Hay además otro elemento que vuelve mucho más incómoda aquella frase.

Varios dirigentes y exfuncionarios que alguna vez representaron renovación terminaron atravesando controversias, investigaciones o causas judiciales.

¿Linda escuela verdad?.

Aquí hay que ser rigurosos: estar investigado, imputado o procesado no equivale a ser culpable, y cada situación debe analizarse individualmente.

Pero políticamente existe una pregunta legítima.

¿Cómo puede ser que después de tantos años de gobierno y de un discurso permanente sobre los jóvenes resulte tan difícil señalar una generación completa de dirigentes formada para gobernar San Luis con autonomía, prestigio y autoridad propia?

Un verdadero conductor no solamente gana elecciones.

Un conductor también deja conductores.

Siembra líderes ¿dónde están los líderes de Alberto?, ¿en tribunales?

Un maestro político debería poder señalar a sus discípulos.

Un sembrador debería poder mostrar su cosecha.

Y un proyecto que proclamó durante años la renovación generacional debería poder exhibir, seis años después, los nombres de quienes encarnaron exitosamente esa renovación.

LA HIPÓTESIS MÁS INCÓMODA

Aquí aparece una interpretación política mucho más profunda.

No podemos afirmar sin pruebas que Rodríguez Saá haya corrompido deliberadamente a jóvenes dirigentes para eliminarlos del camino.

Eso convertiría una hipótesis política en una acusación factual que necesitaría evidencia concreta, pero bueno hay obviedades imposible de ignorar.

Podemos formular una pregunta mucho más poderosa:

¿El sistema político construido alrededor de Alberto Rodríguez Saá permitió realmente que surgieran dirigentes independientes o terminó produciendo una dependencia permanente del conductor?

El único que se salvo fue Maxi Frontera porque se aparto a tiempo.

Existe una forma mucho más sofisticada de conservar poder que eliminar adversarios.

Es conseguir que nadie pueda reemplazarte.

Que todos crezcan debajo tuyo, pero ninguno lo suficiente como para independizarse.

Que existan funcionarios, candidatos y dirigentes, pero nunca un sucesor.

Y que cuando el sistema entre en crisis, finalmente vuelva a aparecer el fundador diciendo:

“Aquí estoy yo”.

Ahí la cuestión deja de ser generacional y pasa a ser estructural.

¿RENOVACIÓN O DEPENDENCIA?

Quizás la verdadera discusión que debería darse San Luis no sea si Alberto Rodríguez Saá quiere volver o no.

La pregunta anterior es más importante:

¿por qué después de décadas de liderazgo todavía necesita volver?

Si construyó una escuela política, ¿dónde están sus graduados?

Si sembró dirigentes, ¿dónde está la cosecha?

Si promovió jóvenes, ¿por qué ninguno parece haber quedado en condiciones de sustituir al maestro?

Y si seis años atrás decía que “los viejos están enojados” mientras reivindicaba a los jóvenes, la fotografía política de 2026 produce una ironía difícil de ignorar:

los jóvenes desaparecieron del centro de la escena y quien permanece es él.

Tal vez ese sea el verdadero balance generacional de una época.

Porque renovar no consiste en poner jóvenes en cargos.

Renovar significa transferir poder, conocimiento, autonomía y responsabilidad para que algún día puedan gobernar sin quien los llevó hasta allí.

Si después de décadas todo vuelve a depender de una sola persona, quizás nunca hubo una verdadera renovación.

Hubo recambio de nombres.

Pero no necesariamente recambio de poder.

Y entonces aquella frase pronunciada en la Legislatura adquiere hoy otro significado:

“Los viejos están enojados, los jóvenes no”.

Seis años después, San Luis podría responderle con otra pregunta:

Alberto, ¿dónde están los jóvenes que ibas a dejar para el futuro?

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