Guerra de egos en La Pedrera: cuando el resentimiento periodístico toma de rehén a las instituciones

Guerra de egos en La Pedrera: cuando el resentimiento periodístico toma de rehén a las instituciones

Hay una regla no escrita pero sagrada en la gestión pública: el Estado se evalúa por sus hechos, sus números y sus fallas.

Sin embargo, en la Villa Mercedes de hoy, la institucionalidad del Parque La Pedrera parece haber caído en una trampa insólita, convirtiéndose en el botín de guerra de una riña personal que poco tiene que ver con el interés de la comunidad y mucho con la vanidad comunicacional.

Nadie pretende tapar el sol con un dedo.

La gestión de Fernanda Sosa arrastra cuestionamientos reales, fisuras administrativas y señalamientos concretos que merecen atención, transparencia y explicaciones claras a los ciudadanos.

Pero lo que está ocurriendo en el aire mediático local trasciende el control de gestión: se convirtió en un conventillo de micrófonos.

La disputa encarnizada entre Andrea Bringas y Raquel Gurruchaga ya no disimula su naturaleza.

La experiencia contra la novel comunicadora que genera roses que no es usual observarlo entre mujeres.

¿es necesario?.

Lo que debería ser un ejercicio serio de periodismo de investigación sobre las deficiencias o no de un predio público se degradó a un desfile de agresiones personales, pases de factura directos y ataques por debajo de la cintura.

La Pedrera pasó de ser un espacio estratégico para la provincia a transformarse en el ring donde dos operadoras del micrófono saldan sus rencores privados.

Esto no esta bien.

El problema de fondo es peligroso.

Cuando dos periodistas utilizan la función pública de rehén para cobrarse deudas personales, el debate ciudadano se pudre:

  • Desenfoco deliberado: Los problemas reales de la gestión —los que de verdad le importan al vecino y al trabajador del parque— quedan sepultados bajo la pirotecnia de agresiones mutuas.

  • Secuestro de la verdad: La crítica pierde peso técnico y objetividad para transformarse en un mero dardo ad hominem. Ya no importa si un informe es verídico o si un dato es certero; importa a quién le sirve para pegarle a la rival de turno.

  • La función pública como chivo expiatorio: Fernanda Sosa, con sus aciertos o desaciertos a cuestas, termina siendo la excusa perfecta, la cancha alquilada donde dos cruces desmedidos miden quién tiene más poder de fuego para lastimar a la otra.

  • Se lastiman y se olvidan la condición de muejr que ostentan, lo mas absurdo es que nadie hace nada para evitarlo, desde la institucionalidad deberían observar un poco mas a fondo lo que pasa porque desde el vamos Fernanda Sosa no debió dejar entrevistarse porque sabe perfectamente lo que pasa entre las periodistas, algo raro, absurdo, con una gran cuota de no valorar los galardones que representan.

El espectáculo es degradante para el oficio y desgastante para las instituciones.

Cuando las cuestiones de Estado quedan supeditadas al conflicto personal de quienes tienen la responsabilidad de informar, la sociedad no recibe periodismo: recibe un ajuste de cuentas en horario central.

Es hora de que el barro personal vuelva a los pasillos privados y de que la discusión sobre La Pedrera, por ejemplo, recupere el nivel institucional que Villa Mercedes se merece, en el predio pasan cosas pero no es para llevarlo la barro que hoy observamos.

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