ENTRE LA VIOLENCIA CULTURAL DEL PASADO Y LA PAZ Y EL RESPETO DEL PRESENTE

ENTRE LA VIOLENCIA CULTURAL DEL PASADO Y LA PAZ Y EL RESPETO DEL PRESENTE

Por Gustavo Thompson.

San Luis enfrenta dos formas de entender la política: una cultura de confrontación heredada del siglo pasado y una nueva etapa que busca privilegiar el diálogo, la convivencia y el respeto institucional.

Los hermanos octogenarios Rodríguez Saá y Claudio Poggi con Maximiliano Frontera protagonizan este contraste generacional.

La Argentina de los años setenta estuvo marcada por la violencia, la venganza, los enfrentamientos ideológicos, las muertes y, finalmente, el terrorismo de Estado militar.

Fue una época en la que el adversario político llegó a ser considerado un enemigo.

Adolfo y Alberto Rodríguez Saá pertenecen a aquella generación.

Su formación política se desarrolló en ese contexto histórico, aunque eso no implica atribuirles responsabilidad por la violencia de aquellos años. Siguen naturalizando la cultura de esos tiempos (1970) y lo implementan groseramente en el 2026 como si fuera correcto.

Después de cuatro décadas de protagonismo institucional, los hermanos continúan enfrentados políticamente.

Sus diferencias públicas, sus disputas por el liderazgo y sus aspiraciones para 2027 vuelven a colocar sus rivalidades en el centro de la escena provincial mostrando miserias emocionales absurdas y ajena a los nuevos tiempos.

Y surge una pregunta inevitable: ¿cómo construir unidad política y social cuando las diferencias entre dos hermanos siguen ocupando semejante espacio en la discusión pública? y con un relato decadente de provocación constante.

POGGI Y FRONTERA: OTRA FORMA DE HACER POLÍTICA

Frente a esa historia aparece una generación distinta, representada en Villa Mercedes por Maximiliano Frontera, junto a una concepción de cooperación institucional que también impulsa el gobernador Claudio Poggi.

El diálogo entre ambos ofrece una imagen diferente: dirigentes con trayectorias políticas distintas que pueden encontrar puntos de acuerdo sin convertir cada diferencia en una guerra.

No responder a cada provocación, no entrar en el barro de las descalificaciones y priorizar la gestión son conductas que pueden marcar una nueva cultura política.

La firmeza no necesita agresividad.

La autoridad no necesita amenazas.

Y el liderazgo no debería construirse manteniendo a la sociedad en permanente tensión.

EL PASADO NO PUEDE GOBERNAR LAS EMOCIONES DEL PRESENTE

Las nuevas generaciones no tienen por qué heredar los enfrentamientos, las rivalidades ni los resentimientos políticos de sus antecesores.

San Luis necesita discutir trabajo, educación, seguridad, producción y futuro, no quedar atrapada en disputas personales interminables.

También necesita transparencia.

Quienes ejercieron el poder durante décadas deben poder explicar públicamente la evolución de sus patrimonios y sus decisiones administrativas.

Las sospechas de corrupción requieren pruebas, pero ningún exfuncionario debería quedar exento del escrutinio ciudadano.

UNA NUEVA CULTURA POLÍTICA

La diferencia fundamental no está en la edad de los dirigentes, sino en sus comportamientos y antecedentes.

Los Rodríguez Saá tienen derecho a defender su historia y participar políticamente.

Poggi y Frontera tienen la responsabilidad de demostrar con hechos que el diálogo y el respeto pueden sostenerse incluso frente a sus adversarios.

La verdadera renovación no consiste solamente en cambiar dirigentes, sino en abandonar los métodos que convierten al adversario en enemigo.

San Luis no necesita vivir en estado de confrontación permanente.

Necesita paz, diálogo, respeto, salud mental sin contaminación octogenaria y dirigentes capaces de unir sin exigir que todos piensen igual.

PORQUE EL PASADO DEBE SERVIR PARA APRENDER, NO PARA HEREDAR ODIOS.

Y EL FUTURO DE SAN LUIS DEBE CONSTRUIRSE CON RESPETO, NO CON MIEDO.

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