Saltar al contenido
Por Gustavo Thompson.
Es secretaria de Gobierno de Juan Jorba, localidad de apenas unos cientos de habitantes (300); fue candidata junto al actual intendente y tiene una extensa y hevy trayectoria dentro del Estado.
Ahora volvió al centro de la escena señalada por medios provinciales por fogonear una protesta estudiantil contra Poggi.
Lo paradójico: el problema edilicio que se reclamaba lleva alrededor de una década y atravesó íntegramente los gobiernos de Alberto Rodríguez Saá.
Sonia «cheque» Pansa regresó.
Y regresó de la peor manera: nuevamente envuelta en una controversia donde resulta difícil determinar dónde termina la función pública y dónde empieza la militancia política.
Pansa no es simplemente una docente, habla de todos y nunca se mira al espejo.
Tampoco es solamente una militante de Alberto Rodríguez Saá.
Es actualmente secretaria de Gobierno de Juan Jorba, como una Intendente virtual, una localidad diminuta del departamento Pedernera que registró 318 habitantes en el Censo 2022 y 329 electores en el padrón de 2025.
Una verguenza al momento de hacerse llamar jerarquicamente con grandilocuencia cuando solo habría viviendo en en Juan Jorba 200 personas como mucho.
En semejante estructura municipal, la «Secretaría de Gobierno» no constituye precisamente un cargo decorativo.
Pansa ocupa un lugar central en la administración encabezada por Richard Basconcello, con quien además integró la fórmula electoral triunfante en 2023.
Aquella fórmula obtuvo 220 votos.
Sí: 220.
Ésa es la dimensión política real del municipio desde el cual Pansa construye poder o se cree poderosa.
AHORA, LA ESCUELA
La polémica explotó esta semana en la Escuela Técnica Nº19 Bernardino Rivadavia de Villa Mercedes.
El Puntano publicó que Pansa habría incentivado una protesta de estudiantes durante una actividad relacionada con la visita del gobernador Claudio Poggi.
Posteriormente, El Chorrillero profundizó el episodio y la identificó como exsecretaria privada de Alberto Rodríguez Saá, además de actual funcionaria municipal de Juan Jorba.
Hay que ser rigurosos: que Pansa haya organizado o fogoneado la protesta constituye una atribución periodística que ella tiene derecho a desmentir y explicar.
No existe, por lo que pudimos verificar, una determinación judicial que establezca semejante conducta.
Pero políticamente existe una contradicción monumental.
RECLAMAR AHORA LO QUE NO SE RESOLVIÓ DURANTE DIEZ AÑOS
El reclamo edilicio de la escuela no nació con Claudio Poggi.
Todo lo contrario.
Según la reconstrucción periodística publicada esta semana, el problema arrastra aproximadamente una década.
Hubo anuncios en 2016.
Otro proyecto en 2018.
Otro en 2022/2023.
Y existe un dato demoledor: la adjudicación de una de esas obras habría sido firmada el 6 de junio de 2023, apenas cinco días antes de las elecciones provinciales.
Alberto Rodríguez Saá terminó su gobierno.
La obra no resolvió el problema.
Por eso la pregunta cae por su propio peso:
¿dónde estaba la indignación de Sonia Pansa durante los años en que gobernaba su propio espacio político?
Si ahora pretende convertir una necesidad legítima de los alumnos en una herramienta contra el gobierno actual, debería explicar primero qué hizo políticamente durante los años en que aquellos mismos chicos esperaban una solución del gobierno de Alberto Rodríguez Saá.
DE FUNCIONARIA A DOCENTE, DE DOCENTE A OPERADORA
Ese es precisamente el problema Pansa.
Su historia política no comenzó ayer.
Tiene mucha tela para cortar y con capitulos muy intensos desde cuando Adolfo puso el Jacuzzi en su despacho de Casa de Gobierno.
Memoria.
Pansa ocupando raramente funciones provinciales desde hace años.
Fue jefa del Subprograma Coordinación Institucional, tuvo contratos con el Estado provincial, desarrolló tareas políticas e institucionales y terminó estrechamente vinculada al albertismo luego de que al Adolfo le lustraba los zapatos, entra editorial les contamos como, no imaginen.
Pansa después aterrizó políticamente en Juan Jorba.
Y hoy ocupa un lugar de enorme peso dentro de una administración municipal minúscula que no se escapa un centavo si no pasa por ella, un Intendente pintado, ella maneja todo.
Por eso sería importante que el municipio transparentara con absoluta claridad qué funciones administrativas y financieras desempeña Pansa, qué facultades posee sobre pagos , cheques y qué actos firma personalmente.
Porque alrededor de Juan Jorba ya aparecieron publicaciones periodísticas que hablaron de presuntas operaciones con cheques municipales diferidos.
Otra vez: eso constituye una denuncia periodística.
No encontramos hasta ahora una sentencia ni una resolución firme que permita atribuirle a Pansa un delito relacionado con esos cheques.
Pero precisamente por eso corresponde abrir los papeles.
Si todo está bien, mejor.
UNA LOCALIDAD DE 329 ELECTORES
Juan Jorba merece también una reflexión.
Según la documentación electoral que revisamos, en 2025 tenía apenas 329 personas empadronadas y una única mesa electoral.
No estamos hablando de administrar Villa Mercedes.
Ni San Luis.
Ni siquiera una localidad mediana.
Estamos hablando de un municipio cuya totalidad del padrón entra prácticamente dentro de un salón.
Y aun así allí existe una estructura política, funcionarios, chequera municipal, coparticipación, contrataciones y decisiones sobre recursos públicos.
Por eso la pregunta no debería ser solamente cuánto poder tiene Sonia Pansa.
La pregunta correcta es:
¿cuánto dinero administra Juan Jorba y quién controla efectivamente cómo se gasta?
LOS ALUMNOS NO SON MILITANTES
Pero existe algo todavía más delicado.
Los estudiantes.
Una escuela pública debe ser el lugar donde los chicos aprendan a pensar, discutir, reclamar y cuestionar.
No donde los adultos los utilicen como infantería de sus peleas partidarias.
Los alumnos tenían derecho a reclamar.
Si existen problemas edilicios, deben reclamar.
Si llevan diez años esperando una obra, con mayor razón.
Pero justamente por eso resulta indispensable separar el reclamo genuino de cualquier intento de manipulación política.
Los chicos no pertenecen a Poggi.
Tampoco pertenecen a Alberto Rodríguez Saá.
Y muchísimo menos deberían convertirse en herramientas de dirigentes partidarios.
SONIA PANSA REGRESÓ
El episodio de la escuela volvió a colocar bajo los reflectores a una dirigente que parecía políticamente refugiada en Juan Jorba.
Y con su regreso vuelven las preguntas.
¿Qué función cumple realmente dentro del municipio?
¿Qué facultades tiene sobre las finanzas municipales?
¿Qué ocurrió con los cheques cuestionados públicamente?
¿Qué controles realizó el Tribunal de Cuentas?
¿Cómo compatibiliza su actividad docente con su función municipal?
¿Y qué papel político cumple actualmente dentro del armado de Alberto Rodríguez Saá en Pedernera?
Preguntar no es condenar.
Investigar tampoco.
Pero cuando una funcionaria pública aparece reiteradamente en controversias vinculadas con utilización política de instituciones estatales, la transparencia deja de ser una opción y se convierte en obligación.
Sonia Pansa regresó.
Esta vez alrededor de una escuela cuyo problema lleva una década esperando solución.
Quizás quiso poner a Poggi contra las cuerdas.
Pero terminó abriendo una pregunta bastante más incómoda:
¿POR QUÉ QUIENES HOY GRITAN POR LA ESCUELA CALLARON CUANDO DURANTE AÑOS LA SOLUCIÓN DEPENDÍA DE ALBERTO RODRÍGUEZ SAÁ?
Los chicos necesitan aulas.
No operadores.
Y Juan Jorba necesita cuentas claras.
No silencios.