ADOLFO, ¿QUERÉS LA UNIDAD Y SEGUÍS JUNTÁNDOTE CON GENTE QUE ME QUIERE VER PRESO?

ADOLFO, ¿QUERÉS LA UNIDAD Y SEGUÍS JUNTÁNDOTE CON GENTE QUE ME QUIERE VER PRESO?

Por Gustavo Thompson.

Alberto ya había lanzado una advertencia contundente: no puede existir unidad con quienes, según él, persiguen a su espacio utilizando la Justicia y juntarse públicamente con la oposición.

Cuatro meses después, Adolfo habla nuevamente de reconciliación mientras comparte ámbitos públicos con dirigentes que cuestionan con dureza a su hermano.

¿Unidad verdadera o un nuevo capítulo de una historia que San Luis escucha desde hace demasiado tiempo?

Hay frases políticas que con el paso de los meses adquieren otro significado.

El 22 de mayo de 2026, Alberto Rodríguez Saá fijó una condición terminante frente al llamado a la unidad que surgía desde el espacio vinculado a su hermano Adolfo.

No habló con medias tintas.

“¿Qué somos nosotros? ¿Tontos? ¿Qué vamos a hablar de unidad con los que nos persiguen?”

Alberto sostenía entonces que el espacio de Adolfo permanecía vinculado al gobierno de Claudio Poggi y acusaba a ese gobierno de perseguir judicialmente a dirigentes de su sector.

Su condición fue igualmente explícita: “Primero que se abran, que salgan de ese gobierno y después veremos”.

Adolfo finalmente se distanció del oficialismo provincial.

Parecía entonces haberse eliminado uno de los principales obstáculos que Alberto había colocado frente a cualquier reconciliación.

Pero cuatro meses después aparece otra contradicción.

ADOLFO HABLA DE UNIDAD

En septiembre Adolfo volvió a instalar públicamente la posibilidad de acercamiento.

Consultado sobre una eventual unidad con Alberto, respondió que le gustaría y sostuvo que había que buscar los puntos de coincidencia y dejar de lado aquello que los divide.

También afirmó que la unidad debe construirse mediante gestos, ideas y propuestas.

Al mismo tiempo, la información publicada sobre su armado señala que mantiene vocación de volver a ser candidato.

Hasta allí podría hablarse simplemente de una nueva etapa política.

El problema aparece cuando se observan los gestos.

LA FOTO QUE COMPLICA EL DISCURSO

El 18 de septiembre, durante la presentación de La Huella Democrática en el Colegio de Abogados de San Luis, Adolfo compartió un encuentro institucional con dirigentes históricos, entre ellos Miguel Ángel Bonino y Walter Ceballos justamente el hombre que hace horas sentencia que Alberto debe ir a la justicia.

Una fotografía institucional no demuestra por sí misma una alianza política, y sería incorrecto presentarla como prueba de un acuerdo que no está acreditado pero si vos buscar una unidad, por una cuestión de tacto e inteligencia no te podes juntar con los que odian a tu hermano, eso ya parece una provocación o tomada de pelo.

Pero políticamente la escena genera preguntas.

Especialmente porque, como deciamos, apenas dos días antes Ceballos había cuestionado frontalmente a Alberto Rodríguez Saá por el caso de las renuncias en blanco.

Ceballos sostuvo que Alberto “ya debería ir a vindicarse en la Justicia” y planteó que debía presentarse ante un juez y someterse al proceso correspondiente, tal cual los amenazó cuando fue a testificar por el Caso Cinthia Ramirez.

Es decir: mientras Adolfo habla de reconstruir puentes con su hermano, aparece públicamente compartiendo un ámbito con uno de los dirigentes que, prácticamente en simultáneo, reclama que Alberto dé explicaciones ante la Justicia.

Ahí la advertencia de mayo vuelve como un búmeran.

¿Qué significa entonces construir la unidad?

ALBERTO YA HABÍA MARCADO EL LÍMITE

Hay algo que no puede ignorarse.

Alberto no rechazó en mayo cualquier posibilidad de unidad.

Puso una condición.

Dijo que no estaba dispuesto a construirla junto a quienes consideraba partícipes de una persecución contra su sector.

Adolfo conocía perfectamente esa posición.

Por eso, si verdaderamente pretende reconstruir la relación política con su hermano, cada fotografía, cada reunión y cada acercamiento con dirigentes enfrentados a Alberto adquiere inevitablemente otra dimensión.

No porque Adolfo tenga prohibido dialogar con nadie.

Todo lo contrario: la democracia exige diálogo.

Pero no puede proclamarse una cosa y pretender que los gestos políticos sean interpretados como si no significaran nada.

¿UNIDAD O CANDIDATURA?

Existe además otro problema que deberá resolver el adolfismo.

Adolfo no solamente habla de unidad.

También conserva su vocación política y electoral para 2027.

Infobae describió precisamente esa combinación: disposición a negociar la unidad, partido propio y voluntad de volver a competir.

Por eso resulta fundamental distinguir dos cosas.

Una cosa es decir:

“Construyamos la unidad y después decidamos entre todos quién representa mejor ese proyecto”.

Otra completamente diferente sería:

“Hay unidad únicamente si el candidato es Adolfo”.

No encontramos evidencia suficiente para atribuir esta segunda posición a todo el sector de Adolfo.

Pero si sectores de su militancia efectivamente pretenden imponer “Adolfo gobernador 2027” como condición previa, entonces ya no estaríamos frente a una negociación abierta sobre la unidad, sino frente a una disputa por una candidatura.

Y ambas cosas no son iguales.

OTRO CAPÍTULO DEL ETERNO CULEBRÓN

San Luis lleva años observando acercamientos, distanciamientos, acusaciones, reconciliaciones insinuadas y nuevas rupturas entre los Rodríguez Saá.

La división se profundizó cuando Adolfo acompañó a Poggi en 2023 mientras Alberto respaldaba a Jorge Fernández.

Aquella elección terminó con 52,9% para Poggi frente al 42,3% obtenido por Fernández, según los resultados citados por Infobae.

Ahora nuevamente aparece la palabra mágica:

UNIDAD.

Pero la unidad necesita algo más que discursos.

Necesita coherencia.

Porque si Alberto dice “no me pidan unidad mientras caminan con quienes nos persiguen” y Adolfo responde hablando de reconciliación mientras continúa exhibiendo vínculos públicos con dirigentes enfrentados duramente con Alberto, el mensaje inevitablemente se vuelve confuso.

Y el riesgo para ambos hermanos es todavía mayor.

SAN LUIS YA ESTÁ DISCUTIENDO OTRA GENERACIÓN

Quizás mientras los Rodríguez Saá vuelven a discutir quién pone las condiciones para reencontrarse, la sociedad esté empezando a discutir otra cosa.

No quién de los dos hermanos conduce.

Sino qué viene después de los dos.

Adolfo gobernó San Luis desde 1983 hasta 2001.

Alberto gobernó entre 2003 y 2011 y nuevamente entre 2015 y 2023.

La historia provincial de las últimas cuatro décadas resulta imposible de explicar sin ellos.

Pero precisamente por eso la discusión generacional adquiere cada vez mayor importancia.

No puede afirmarse hoy que “los jóvenes ya les dijeron basta” como un hecho electoral comprobado sin datos actuales que lo demuestren.

Sí puede plantearse una pregunta mucho más incómoda:

¿La generación que gobernó San Luis durante cuatro décadas todavía puede ofrecer futuro, o la política provincial ya comenzó a buscar sus próximos liderazgos en otra generación?

Ese quizás sea el verdadero problema detrás de este nuevo intento de reconciliación.

Porque mientras Alberto y Adolfo continúan discutiendo cómo volver a estar juntos, otros empiezan a preguntarse si San Luis necesita seguir esperando esa foto.

Y si la unidad termina condicionada por candidaturas, viejas heridas, adversarios judiciales y nuevos pases de factura, probablemente no habrá reconciliación capaz de reconstruir aquel poder.

Habrá simplemente otro capítulo del interminable culebrón Rodríguez Saá que ya empalagan y causan sabor amargo con tufillo a naftalina.

Hay una diferencia fundamental: esta vez el tiempo político ya no necesariamente juega a favor de sus protagonistas.

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