LAFINUR, LA PREGUNTA QUE LA LEGISLATURA DEJÓ AFUERA: ¿SON REALMENTE SUS RESTOS LOS QUE VOLVIERON DE CHILE?

LAFINUR, LA PREGUNTA QUE LA LEGISLATURA DEJÓ AFUERA: ¿SON REALMENTE SUS RESTOS LOS QUE VOLVIERON DE CHILE?

Por Gustavo Thompson.

La Cámara de Diputados celebró la reapertura del Museo Dora Ochoa de Masramón y de la Biblioteca Provincial Juan Crisóstomo Lafinur.

Se habló de memoria, patrimonio e identidad.

Pero quedó afuera una pregunta histórica que merece una respuesta documental y científica: ¿qué pruebas permiten afirmar que los restos trasladados desde Chile en 2007 pertenecen efectivamente a Juan Crisóstomo Lafinur?

Si no es realmente Lafinur quien esta enterrado ¿No les parece muy grave?.

Hay una palabra que atravesó buena parte de la intervención legislativa de este 23 de septiembre: identidad.

Y quizás sea precisamente esa palabra la que obliga a formular una pregunta pendiente.

La diputada María Fabiana Zárate presentó un proyecto expresando beneplácito por la reapertura del Museo Dora Ochoa de Masramón y de la Biblioteca Provincial Juan Crisóstomo Lafinur.

El asunto fue remitido a la Comisión de Deporte, Turismo y las Culturas.

La iniciativa puso en valor la conservación del patrimonio cultural, la memoria de los puntanos y la importancia de recuperar instituciones capaces de preservar la historia provincial.

Es difícil discutir ese objetivo.

Pero justamente porque hablamos de preservar la historia, hay una cuestión relacionada con Lafinur que San Luis todavía merece esclarecer.

¿ES LAFINUR O NO ES LAFINUR?

No se trata de afirmar que los restos sean falsos.

No tenemos elementos para afirmar eso.

Pero tampoco encontramos, hasta ahora, una prueba científica pública que permita responder categóricamente lo contrario.

Se creo un relato a base de acciones improvizadas y garantizadas de hechos sin documentación científica, todos datos periodisticos y palabras de personajes cuestionados en San Luis que algunos ya fallecieron otros están vivos y miran para otro lado.

La versión institucional sostiene que Juan Crisóstomo Lafinur murió en Santiago de Chile en 1824 y que, después de 183 años, sus restos fueron repatriados a San Luis en abril de 2007.

No estamos ante un episodio inventado informalmente.

La repatriación tuvo reconocimiento institucional: en abril de 2007 incluso ingresó en la Cámara de Diputados de la Nación un proyecto de declaración celebrando las gestiones realizadas por San Luis para traer los “restos mortales” de Lafinur.

El propio Gobierno de San Luis continúa afirmando oficialmente que los restos fueron trasladados desde Chile en 2007 y que actualmente descansan en La Carolina.

Lo volvió a sostener públicamente en agosto de 2026.

Eso acredita una identificación institucional e histórica.

La pregunta es otra:

¿cómo se acreditó materialmente la identidad de esos restos?

ENTRE 1824 Y 2007 HAY 183 AÑOS QUE DEBEN PODER EXPLICARSE

Lafinur murió en Santiago el 13 de agosto de 1824, con apenas 27 años.

La información oficial provincial sostiene que permaneció sepultado hasta el 24 de abril de 2007 en el denominado panteón de los próceres chilenos del Cementerio General de Santiago y que posteriormente sus restos fueron repatriados.

Perfecto.

Entonces debería ser posible reconstruir documentalmente el recorrido completo.

¿realmente se habla de panteón en esos tiempos?, hay versiones que a Lafinur «lo encontraron» en una parcela del cementerio donde el responsable habría expresado que los muertos de esa época estaban ahi, solo era una parcela de tierra, sin identificación alguna (1824).

¿Dónde fue sepultado en 1824?, ¿Existe el registro original?, ¿Sus restos permanecieron siempre allí?, ¿Hubo reducciones o traslados internos durante esos 183 años?, ¿Qué se encontró exactamente cuando se abrió el sitio en 2007?, ¿Huesos, restos reducidos, cenizas?, ¿Quién realizó la identificación?, ¿Qué documentación produjo el Cementerio General de Santiago?, ¿se habló de un occiso cuando se retiro el cadaver?, una cosa fueron los bombos y platillos de las narrativas del Gobierno anterior pero otra es la documentación que, en los mentideros hablan estar flojos de papeles y que jamár hubo rigor cientifico.

No cuesta nada nombrar a un diputado para que se encargue de investigar a fondo esta situación.

Es decir, fundamentalmente:

¿hubo algún estudio antropológico, médico-forense o genético?

En la documentación pública que hemos podido localizar hasta ahora no encontramos publicado un análisis de ADN, una pericia antropológica ni un informe forense que identifique científicamente esos restos como pertenecientes a Lafinur.

Esto tampoco demuestra que tales estudios nunca hayan existido.

Demuestra algo más acotado, pero importante: no los hemos encontrado públicamente.

LA HISTORIA TIENE UN ANTECEDENTE QUE VUELVE LA PREGUNTA TODAVÍA MÁS INTERESANTE

La inquietud por recuperar los restos de Lafinur no nació en 2007.

Es muchísimo más antigua.

Existe documentación histórica que muestra que ya en 1895 el Gobierno de San Luis había ordenado procurar el traslado de los restos de Juan Crisóstomo Lafinur y Juan Esteban Pedernera.

Y allí aparece un detalle extraordinariamente interesante.

El historiador Adolfo P. Carranza, encargado de aquellas gestiones, dejó posteriormente una comunicación en la que señalaba que había transmitido las noticias que había podido recoger sobre los restos de Lafinur, “sin desesperar que nuevas investigaciones den mejor resultado”, y expresaba su deseo de que finalmente pudieran ser hallados.

Es decir: más de un siglo antes de la repatriación de 2007 ya existían dificultades para localizar los restos.

Eso no invalida lo ocurrido posteriormente.

Pero aumenta la importancia de conocer qué documentación permitió resolver en 2007 aquello que investigadores anteriores no habían podido resolver definitivamente.

Hablamos que a Lafinur desde San Luis no lo encontraron científicos, lo «encontraron políticos» adeptos al ex Gobernador ¿se entiende?.

¿Manejaron un relato al antojo?, y San Luis confió.

LA SESIÓN HABLÓ DE MEMORIA. ESTA PREGUNTA TAMBIÉN ES MEMORIA

En la Cámara se habló de proteger bienes culturales.

Se habló de identidad.

Se habló de recuperar patrimonio.

Se habló de la importancia de impedir que la historia se pierda.

Pero no apareció esta pregunta.

Y quizá sea hora de incorporarla sin convertirla en una pelea partidaria.

Porque determinar científicamente qué descansa en La Carolina no debería perjudicar a nadie.

Si efectivamente es Lafinur, una comprobación rigurosa terminaría con casi veinte años de interrogantes y fortalecería extraordinariamente el valor histórico del Museo de la Poesía.

Y si la identificación depende exclusivamente de documentación histórica, también corresponde conocerla completa.

NO HAY QUE ACUSAR. HAY QUE ABRIR LOS ARCHIVOS

San Luis no necesita otra leyenda alrededor de Lafinur.

Necesita documentos.

Por eso hay una manera adulta de resolver la controversia: solicitar y publicar el expediente completo de la repatriación de 2007; requerir al Cementerio General de Santiago los antecedentes de sepultura, eventuales traslados y exhumación; conocer el acta de apertura de la sepultura; determinar exactamente qué material fue entregado; reconstruir su cadena de custodia y establecer si existieron pericias antropológicas o genéticas.

Y, si esas pruebas científicas nunca se realizaron y técnicamente todavía fueran posibles, evaluar su realización con especialistas independientes y bajo protocolos de conservación patrimonial.

No para destruir un símbolo.

Para darle certeza.

LA DIFERENCIA ENTRE HOMENAJE Y VERDAD HISTÓRICA

La reapertura de una biblioteca que lleva el nombre de Juan Crisóstomo Lafinur merece celebrarse como recuperación de patrimonio.

Pero Lafinur merece algo más que llevar su nombre en una biblioteca.

Merece que San Luis conozca con precisión su historia.

En 2007 se produjo una ceremonia de enorme significación institucional y cultural.

Costo muchisimos millones.

Desde entonces, sucesivos documentos oficiales hablan directamente de los “restos de Lafinur”.

La pregunta periodística no necesita afirmar que aquello fue falso.

Necesita preguntar cómo sabemos que fue verdadero.

Porque existe una diferencia enorme entre decir:

“En 2007 San Luis recibió desde Chile restos oficialmente atribuidos a Juan Crisóstomo Lafinur”

y afirmar:

“Está científicamente demostrado que esos restos pertenecen a Juan Crisóstomo Lafinur”.

Hasta que aparezca la documentación técnica que permita dar ese segundo paso, ambas afirmaciones no deberían confundirse.

La Cámara habló esta semana de memoria, identidad y patrimonio.

Precisamente por eso, quizás haya llegado el momento de agregar una cuarta palabra:

CERTEZA.

Y formular, sin estridencias pero sin miedo, la pregunta que San Luis puede responder con documentos:

¿ES JUAN CRISÓSTOMO LAFINUR QUIEN DESCANSA EN LA CAROLINA?

No necesitamos creer que sí.

Tampoco necesitamos creer que no.

Necesitamos saberlo.

Porque si no se dan cuenta los diputados, omitir este detalle al hablar de Juan Crisostomo Lafinur los coloca en una posición incomoda por no decir ridícula donde el mismo Alberto Rodriguez Saá se debe estar cagando de risa.

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