POGGI SE ADUEÑÓ DEL RELATO: LOS RODRÍGUEZ SAÁ QUEDARON ATRAPADOS EN SU PROPIA HISTORIA

POGGI SE ADUEÑÓ DEL RELATO: LOS RODRÍGUEZ SAÁ QUEDARON ATRAPADOS EN SU PROPIA HISTORIA

Por Gustavo Thompson.

Mientras los hermanos Rodríguez Saá siguen disputando un poder que ya no tienen, Claudio Poggi parece haber comprendido algo esencial: en política no alcanza con gobernar, también hay que conseguir que los acontecimientos se interpreten bajo el marco que uno propone.

Y en ese escenario, la figura de Luis Giraudo merece una lectura mucho más profunda.

En San Luis está ocurriendo un fenómeno político que merece ser analizado más allá de las declaraciones, los enfrentamientos y las disputas personales.

Claudio Poggi no solamente gobierna la provincia.

Está logrando imponer los términos de buena parte de la discusión política.

Y esa es, posiblemente, una de las mayores dificultades que enfrentan Alberto y Adolfo Rodríguez Saá.

Los hermanos, que durante décadas dominaron la escena provincial, hoy parecen condenados a responder una agenda que otros construyen.

Antes decidían qué se discutía, cuándo se discutía y quiénes podían participar.

Hoy deben explicar su pasado, justificar sus decisiones y defenderse de cuestionamientos que se instalan en la conversación pública.

Pasaron de administrar el relato a convertirse en protagonistas del relato ajeno.

EL ERROR DE LOS RODRÍGUEZ SAÁ: CONFUNDIR HISTORIA CON PODER

Alberto y Adolfo todavía parecen creer que sus apellidos conservan automáticamente la autoridad política que tuvieron durante décadas.

Pero la sociedad cambió.

Los mecanismos de comunicación cambiaron.

Y, fundamentalmente, cambió el lugar desde donde se construye el poder.

Cada vez que los hermanos se enfrentan entre sí, cada vez que intentan recuperar centralidad mediante viejas disputas y cada vez que responden mirando hacia atrás, contribuyen a fortalecer una imagen de agotamiento político.

Poggi no necesita inventar esas contradicciones.

Le alcanza con aprovecharlas.

La paradoja es formidable: quienes durante años dominaron el escenario político puntano hoy contribuyen, con sus propias peleas, a fortalecer el relato de quien los sucedió.

LUIS GIRAUDO: ¿UN OPERADOR QUE COMPRENDIÓ EL NUEVO TABLERO?

Aquí aparece una figura particularmente interesante: Luis Giraudo.

Su actuación política admite una interpretación que va mucho más allá de los cargos o las declaraciones circunstanciales.

En el escenario que expone el debate de Polémica en San Luis, Giraudo aparece como un actor cuya posición puede resultar funcional a la estrategia comunicacional del gobernador.

Y eso abre una hipótesis política: Giraudo podría estar desempeñando el papel de un operador eficaz en una disputa donde lo importante no es solamente lo que se dice, sino el efecto que produce sobre los adversarios.

Un operador político no necesariamente necesita protagonizar grandes discursos.

Su eficacia puede consistir en instalar una discusión, obligar al adversario a responder o desplazar la atención hacia el terreno donde su espacio tiene mayor ventaja.

Si esa es la lógica que explica la actuación de Giraudo, su papel merece ser observado con atención.

Giaraudo tiene un equipo comunicacional, es interesante y no es del riñon de Poggi, el efecto final que ocasiona Giraudo es para analizarlo.

Pero hay una diferencia fundamental entre advertir que una intervención beneficia políticamente al gobernador y demostrar que existe una coordinación directa.

Esto último requiere pruebas.

POGGI ENTENDIÓ ALGO QUE LOS HERMANOS PARECEN HABER OLVIDADO

El poder no se sostiene solamente con estructuras partidarias, recursos económicos o nombres históricos.

También se sostiene mediante la capacidad de establecer qué hechos son importantes y cómo serán interpretados por la sociedad.

Poggi ha construido buena parte de su identidad gubernamental sobre una contraposición con la administración anterior.

Ese encuadre le permite presentar sus decisiones como parte de un cambio de etapa.

Los Rodríguez Saá, mientras tanto, encuentran dificultades para instalar una narrativa alternativa que no dependa permanentemente de su propio pasado.

El pasado los condena y parece que solamente ellos no se dan cuenta.

Ahí está la verdadera diferencia política: Poggi habla desde el presente del poder; los hermanos siguen discutiendo desde la memoria del poder.

Esto no significa que el gobernador tenga razón en todas sus afirmaciones ni que sus políticas estén exentas de críticas.

Significa que sus adversarios todavía no consiguen desplazar el centro de la discusión hacia los resultados concretos de la gestión actual.

LA POLÍTICA DEL RELATO TAMBIÉN TIENE SUS LÍMITES

Dominar la conversación pública puede ofrecer una ventaja política, pero no reemplaza la obligación de gobernar.

La economía, el empleo, la seguridad, la salud, la educación y el desarrollo productivo terminarán siendo parámetros fundamentales para evaluar la gestión de Poggi.

Una oposición inteligente debería discutir esos resultados, presentar alternativas y evitar quedar atrapada exclusivamente en las controversias que favorecen al oficialismo.

Sin embargo, mientras los Rodríguez Saá sigan concentrados en sus disputas internas y en recuperar un protagonismo construido sobre el pasado, difícilmente puedan imponer una agenda diferente.

EL VERDADERO TRIUNFO POLÍTICO

La cuestión de fondo no es si Poggi consiguió ridiculizar personalmente a Alberto o Adolfo.

El fenómeno es más profundo.

El gobernador parece haber conseguido que sus principales adversarios discutan dentro del escenario político que él mismo contribuye a definir.

Y cuando un dirigente consigue que sus opositores reaccionen permanentemente a su agenda, obtiene una ventaja que ninguna encuesta, por sí sola, alcanza a explicar.

Luis Giraudo, por su parte, aparece como una figura que merece seguimiento dentro de esa dinámica.

Su eventual eficacia política deberá medirse por hechos y resultados, no solamente por interpretaciones.

La conclusión es tan sencilla como incómoda para los antiguos dueños del poder provincial:

Los Rodríguez Saá todavía discuten quién debe conducir el pasado.

Poggi, mientras tanto, está disputando quién define el presente.

Y en política, quien logra instalar las preguntas muchas veces consigue condicionar las respuestas.

RELATO MATA PODER Y NO HAY DUDAS QUE EL RELATO LO ESTA MANEJANDO POGGI.

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