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Gustavo Thompson.
Pasan los años, cambian los discursos y se multiplican las peleas.
Pero cuando llega la hora de repartir las cartas, los mismos tres nombres vuelven a sentarse alrededor de la mesa del poder puntano.
San Luis parece cambiar para que, finalmente, casi nada cambie.
Pasan elecciones.
Cambian funcionarios.
Se rompen alianzas.
Nacen partidos, desaparecen frentes y aparecen dirigentes que prometen terminar con el pasado.
Sin embargo, cuando se corre el humo de cada batalla, tres nombres continúan dominando buena parte del escenario político provincial:
Alberto Rodríguez Saá.
Adolfo Rodríguez Saá.
Claudio Poggi.
Los tres se enfrentaron.
Los tres se reconciliaron políticamente alguna vez con alguno de los otros.
Los tres se acusaron.
Los tres construyeron oficialismos y oposiciones.
Y, después de décadas, los tres siguen ocupando el centro del tablero.
LA MESA DE TRUCO DE TRES SIGUE ABIERTA
Hoy la alternativa en San Luis es Adolfo, Alberto y Poggi ¿casual o causal?
¿TAN PELOTUDOS NOS CREEN?
En el truco no siempre gana el que tiene las mejores cartas.
Muchas veces gana el que consigue que los demás crean que las tiene.
LA MENTIRA.
Algo parecido ocurre con la política de San Luis.
Desde hace años asistimos a extraordinarias puestas en escena de confrontación.
Alberto contra Poggi.
Adolfo contra Poggi.
Adolfo contra Alberto.
El poggismo contra los Rodríguez Saá.
El albertismo contra Poggi.
Y ahora sectores del propio peronismo cuestionando a Alberto por un supuesto entendimiento político con el actual Gobernador.
Cambian las parejas.
Cambian las señas.
Pero la mesa sigue teniendo tres jugadores principales.
ALBERTO MUEVE UNA CARTA Y ADOLFO RESPONDE
El peronismo puntano vuelve a convertirse en escenario de una disputa entre los hermanos Rodríguez Saá.
Alberto conserva una estructura política construida durante décadas.
Adolfo vuelve a moverse.
El objetivo es mantener el relato, RANCIO, pero relato en fin.
La posibilidad de que nuevamente dispute espacios dentro del Partido Justicialista agrega otro capítulo a una historia que San Luis conoce de memoria.
El problema ya no es solamente quién controla el PJ.
La pregunta es mucho más profunda:
¿Puede la política puntana construir una alternativa que no dependa de ninguno de los tres?
Porque incluso cuando Alberto y Adolfo se enfrentan, ambos continúan ocupando el escenario.
Uno provoca.
El otro responde.
Uno mueve.
El otro contraataca.
Y nuevamente toda la conversación política provincial termina hablando de ellos.
NEME PATEA EL TABLERO
En ese contexto aparece Neme cuestionando públicamente a Alberto Rodríguez Saá y sosteniendo que existiría un entendimiento con Claudio Poggi.
Es una acusación política y debe ser presentada como tal mientras no existan elementos que permitan demostrar un acuerdo formal.
Pero resulta significativa por algo mucho más importante:
la sospecha existe dentro del propio universo político puntano.
¿Por qué?
Porque San Luis lleva demasiados años viendo enfrentamientos aparentemente irreconciliables que después producen movimientos inesperados.
Los adversarios de ayer pueden convertirse en aliados circunstanciales mañana.
Y los aliados pueden volver a enfrentarse cuando cambia la elección.
ADOLFO CONTRA POGGI
Adolfo Rodríguez Saá, mientras tanto, endurece su enfrentamiento con Claudio Poggi y ha formulado públicamente gravísimas acusaciones contra el Gobernador.
Son acusaciones de Adolfo y deben atribuirse correctamente.
Poggi no saca del cajón la causa Fundación, los cuadernos de la ZAL.
Nuevamente aparece la paradoja.
Mientras arriba se escuchan discursos incendiarios, abajo continúa funcionando la maquinaria administrativa del Estado.
Y allí aparecen situaciones que merecen ser observadas.
LAS EMPRESAS TAMBIÉN ATRAVIESAN LOS GOBIERNOS
Nuestra investigación sobre JORMA S.A. dejó un ejemplo particularmente interesante.
JORMA recibió obra pública durante la administración de Alberto Rodríguez Saá.
Y continúa obteniendo importantes adjudicaciones durante la administración de Claudio Poggi.
Viviendas.
Rutas.
Puentes.
Losas.
Infraestructura.
Rovella y Rodriguez Saá camuflados en otros nombres.
Eso no demuestra por sí mismo ningún acuerdo político entre Poggi y Alberto Rodríguez Saá.
Una empresa puede perfectamente ganar licitaciones bajo gobiernos diferentes.
Pero políticamente deja una imagen difícil de ignorar:
mientras los dirigentes se enfrentan públicamente, determinados actores económicos consiguen atravesar las fronteras políticas sin mayores inconvenientes.
Entonces la sociedad tiene derecho a preguntar.
¿PELEAN ARRIBA Y CONTINÚAN ABAJO?
El amiguismo y complicidades se nota y es conocido por todos.
Ese es el interrogante.
No afirmamos que exista un pacto secreto entre Alberto Rodríguez Saá y Claudio Poggi.
No afirmamos que Adolfo forme parte de ningún acuerdo.
Pero después de tantos años resulta legítimo preguntarse por qué prácticamente todas las grandes confrontaciones políticas provinciales terminan nuevamente alrededor de los mismos tres protagonistas.
Cuando gobierna uno, los otros aparecen como oposición.
Cuando cambia el gobierno, cambian las posiciones.
Pero los jugadores permanecen.
OFICIALISMO Y OPOSICIÓN: LAS DOS PUNTAS DE LA MISMA MESA
Éste quizás sea el verdadero problema político de San Luis.
Una democracia necesita oficialismo.
Pero también necesita una oposición competitiva.
Y cuando oficialismo y principales oposiciones terminan representados durante décadas por dirigentes provenientes de una misma historia política, el sistema comienza a girar sobre sí mismo.
Poggi no apareció fuera de esa historia.
Fue funcionario y dirigente dentro del espacio político construido por los Rodríguez Saá antes de romper definitivamente con ellos y construir su propia estructura.
Por eso las biografías políticas se cruzan inevitablemente.
No son tres desconocidos que llegaron desde lugares diferentes.
Son tres protagonistas de una misma larga historia del poder puntano que después tomaron caminos distintos.
EL CARRUSEL PUNTANO
Alberto acusa.
Adolfo responde.
Poggi confronta.
Neme denuncia un supuesto acuerdo.
Adolfo vuelve a atacar a Poggi.
Poggi gobierna.
Empresas que trabajaron durante administraciones anteriores continúan contratando con el Estado.
Y mientras todos discuten, el carrusel completa otra vuelta.
Podemos cambiar los caballos.
Podemos cambiar la música.
Podemos cambiar las luces.
Pero el eje continúa siendo el mismo.
Alberto.
Adolfo.
Poggi.
¿Y LAS ALTERNATIVAS?
Ésta debería ser la verdadera discusión de cara al futuro.
San Luis necesita comenzar a preguntarse qué viene después de ellos.
No necesariamente porque los tres deban retirarse de la política.
Eso lo decidirán ellos y, fundamentalmente, los ciudadanos mediante el voto.
La cuestión es otra:
¿por qué después de tantos años todavía cuesta construir una discusión provincial que no dependa de Alberto, Adolfo o Poggi?
¿Dónde están las nuevas generaciones?
¿Dónde están los intendentes?
¿Dónde están los dirigentes del interior?
¿Dónde están los nuevos empresarios, profesionales, trabajadores, jóvenes y referentes sociales capaces de producir una agenda diferente?
Porque una provincia no puede discutir eternamente quién de los tres tiene razón.
Algún día deberá discutir quién viene después.
2027 PUEDE VOLVER A REPARTIR LAS MISMAS CARTAS
Y ahí aparece el próximo gran desafío.
Las elecciones de 2027 se acercan lentamente.
La mesa de truco de tres ya ha cerrado todo.
Los movimientos ya comenzaron.
Los Rodríguez Saá vuelven a ocupar titulares.
Poggi administra el poder provincial.
El peronismo intenta resolver su conducción.
Y diferentes sectores empiezan a posicionarse.
Pero si cuando llegue la elección las alternativas terminan nuevamente orbitando alrededor de estos tres nombres, San Luis habrá vuelto al mismo lugar.
Distintos candidatos.
Distintas boletas.
Distintos discursos.
Pero posiblemente la misma arquitectura del poder.
LA MESA SIGUE SERVIDA
Quizás por eso la política puntana se parece cada vez más a una interminable partida de truco.
Uno grita.
Otro desafía.
El tercero sube la apuesta.
Se acusan de mentir.
Se muestran los dientes tratandose de ladrones y corruptos.
La sociedad puntana observa y se prtegunta:
¿Quién es el mas chorro de los tres?.
Alguno amaga con levantarse de la mesa.
Pero llega una nueva elección…
y cuando se vuelven a repartir las cartas:
Alberto sigue sentado.
Adolfo sigue sentado.
Poggi sigue sentado.
Los espectadores cambian.
Los compañeros circunstanciales cambian.
Hasta las reglas electorales pueden cambiar.
Pero los tres jugadores centrales permanecen.
Y mientras San Luis espera que aparezca una generación capaz de construir otra mesa, la vieja partida continúa.
Porque pasan los años.
Pasan los gobiernos.
Pasan las elecciones.
Los octogenarios estan a punto de ser centenarios y Poggi corre riesgo de terminar preso en el 2031 si continúa asociado a los analógicos setentistas.
Pero alrededor del poder provincial las cartas parecen terminar siempre en las mismas manos.
ALBERTO, ADOLFO Y POGGI.
LA MESA DE TRUCO DE TRES CONTINÚA EN SAN LUIS.
VILLA MERCEDES NO DEJA DE OBSERVAR.