Abdala se fue a Estados Unidos sin aval político: turismo VIP mientras San Luis espera respuestas

Abdala se fue a Estados Unidos sin aval político: turismo VIP mientras San Luis espera respuestas

Por Gustavo Thompson.

Bartolomé Abdala volvió a demostrar que su prioridad no es San Luis, sino su agenda personal.

Mientras el país atraviesa una crisis económica y el Gobierno nacional exige sacrificios, el presidente provisional del Senado decidió viajar a Estados Unidos sin que exista, hasta el momento, un aval político público del presidente Javier Milei ni una misión oficial claramente informada.

No fue a gestionar inversiones para San Luis.

No fue a conseguir obras.

No fue a defender los intereses de los puntanos.

Se fue por su cuenta, como si el cargo institucional que ocupa fuera una credencial para moverse por el mundo sin rendir explicaciones.

Los escándalos ya son su forma de sostenerse en agenda.

Abdala pretende mostrarse como un hombre cercano al poder, pero este viaje deja expuesta otra realidad: Milei no lo habría enviado, la Casa Rosada no comunicó ninguna representación oficial y San Luis no conoce un solo beneficio concreto de su presencia en Estados Unidos.

Entonces, la pregunta es simple: ¿a quién representó Abdala?

Porque si no representó al Presidente, ni al Gobierno, ni a los puntanos, solamente se representó a sí mismo.

El libertario puntano parece más preocupado por aparecer en una final internacional, conseguir un avión privado y acomodar su agenda personal que por atender las necesidades de la provincia que lo llevó al Senado.

Mientras miles de familias hacen cuentas para llegar a fin de mes, Abdala hace cuentas para llegar a Nueva York.

Mientras los comerciantes de San Luis esperan alivio, él busca privilegios.

Mientras la política nacional habla de austeridad, Abdala actúa como integrante de una casta internacional con pasaje preferencial.

La contradicción es brutal.

Llegó al poder prometiendo terminar con los privilegios, pero ahora parece disfrutar de ellos.

Criticó a la vieja política, pero rápidamente aprendió sus peores costumbres: viajar, mostrarse, acomodarse y explicar poco.

San Luis no necesita un senador turístico.

Necesita un representante que gestione, consiga recursos y defienda a la provincia.

Abdala debería explicar quién pagó el viaje, quién autorizó su agenda, qué reuniones oficiales mantuvo y qué consiguió concretamente para los puntanos.

Hasta que no lo haga, su viaje no será visto como una misión política.

Será visto como lo que parece: una aventura personal disfrazada de representación institucional.

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