Por Gustavo Thompson.
El intendente de Villa Mercedes dejó una definición que puede marcar el camino hacia el 2027: diálogo, respeto y una gran mesa donde nadie sobre y todos tengan algo para aportar.
En tiempos donde la política argentina parece vivir de la confrontación permanente, Maximiliano Frontera eligió un camino distinto.
En una extensa entrevista con Alberto Trombetta, el intendente de Villa Mercedes no habló de candidaturas ni de cargos.
Habló de construir.
Y ese no es un detalle menor.
Mientras el escenario político comienza a calentarse de cara al 2027 y abundan las operaciones, las especulaciones y los nombres propios, Frontera decidió instalar otro concepto: la esperanza de una mesa donde estén todos.
No se trata solamente de una foto.
Se trata de un método.
Durante toda la entrevista repitió palabras que hoy parecen escasas en la política argentina: respeto, diálogo, consenso, construcción colectiva y futuro.
No fue casualidad.
Fue un mensaje dirigido tanto a sus aliados como a sus adversarios.
Frontera dejó claro que no pretende construir un espacio de amigos ni un club cerrado de dirigentes.
Su propuesta apunta a algo mucho más ambicioso: una mesa amplia donde radicales, peronistas, vecinalistas e independientes puedan discutir un proyecto común para San Luis y, especialmente, para Villa Mercedes.
En esa misma línea también disipó uno de los rumores que más circulaban en las últimas semanas.
Ratificó su excelente relación con el gobernador Claudio Poggi y dejó en claro que el vínculo político y de gestión continúa firme.
«No beneficia a nadie que los gobernantes se lleven mal», sostuvo, reivindicando el diálogo institucional por encima de las diferencias partidarias.
Pero quizá el mensaje más profundo estuvo dirigido al propio peronismo.
Sin descalificar a nadie, reconoció errores del pasado y sostuvo que es tiempo de una nueva etapa.
No habló de revancha ni de ajuste de cuentas.
Habló de renovación.
Ese gesto también tiene lectura política.
Frente a un peronismo fragmentado y sin una conducción unificada, Frontera aparece proponiendo una salida distinta: dejar atrás las peleas internas para pensar en los próximos veinte años y no en la próxima elección.
En paralelo, volvió a poner sobre la mesa la difícil situación económica que atraviesan los municipios.
La caída de la coparticipación, el cierre de pymes, el aumento de la demanda social y la necesidad de administrar con recursos cada vez más escasos ocuparon buena parte de la entrevista.
Sin embargo, incluso en ese contexto crítico, eligió no instalar el discurso del enfrentamiento.
Prefirió insistir con una idea que hoy parece contracultural: la política debe dejar de destruir puentes para empezar a construirlos.
Quizá por eso la frase más potente de toda la entrevista no fue una crítica ni una acusación.
Fue una definición de futuro.
«Estamos para sumar y construir.»
