El silencio de Poggi y la trampa estratégica de los Rodríguez Saá

El silencio de Poggi y la trampa estratégica de los Rodríguez Saá

Gustavo Thompson.

En la política de San Luis comienza a consolidarse un fenómeno que pocos observan en profundidad, pero que puede terminar definiendo el escenario electoral hacia 2027: el cambio de paradigma comunicacional y estratégico de Claudio Poggi frente a los permanentes agravios lanzados por Adolfo Rodríguez Saá y el entorno del albertismo. Tienen la gran oportunidad si dejan la soberbia de lado.

Mientras el adolfismo intenta recuperar centralidad política a través de declaraciones, críticas permanentes y confrontación discursiva, Poggi parece haber tomado una decisión quirúrgica: no responder. No confrontar. No bajar al barro. No entrar al ring emocional que durante décadas dominó la política provincial.

Y allí aparece una semejanza cada vez más evidente con el estilo político de Maximiliano Frontera: ignorar el agravio, no victimizarse y dejar que el adversario se desgaste solo. Es una buena señal del poggismo que sale del lodo.

El difícil momento político de Adolfo

El escenario para Adolfo Rodríguez Saá luce complejo y hasta incómodo.
Por un lado, se aleja progresivamente del poggismo.
Por otro, tampoco logra reconstruir plenamente el vínculo con el albertismo.

Y el principal obstáculo no parecería ser únicamente Alberto Rodríguez Saá, sino gran parte de la primera y segunda línea del albertismo, donde existe una fuerte resistencia hacia las huestes del adolfismo. Están muertos políticamente sentencian los albertistas.

Muchos sectores internos consideran que las heridas políticas, personales y estructurales entre ambos espacios quedaron demasiado profundas como para una reunificación genuina. La convivencia aparece más como necesidad electoral que como proyecto político real.

El fronterismo, por ejemplo, jamás se unirá con el albertismo.

Poggi entendió algo clave: no entrar al “lodo octogenario” y ve como ejemplo Villa Mercedes.

Mientras los hermanos Rodríguez Saá intentan reinstalar viejas formas de confrontación política, Poggi parece haber comprendido que una parte importante de la sociedad ya no conecta emocionalmente con esa lógica setentista y analógica de construcción del poder.

La sociedad actual consume:

  • velocidad,

  • pragmatismo,

  • gestión,

  • resultados,

  • y liderazgo emocionalmente estable.

En ese contexto, responder agravios permanentemente puede transformarse en un error estratégico. Es necesario bajar los niveles judiciales, sobre todo por parte del gobierno, cuando una causa política se judicializa sale del circuito comunicacional y queda en la reservas judiciales.

Por eso el gobernador evita discutir en términos personales y deja que el conflicto quede encapsulado en un universo político envejecido, repetitivo y cada vez menos seductor para sectores independientes y jóvenes. Solo falta frenar la emocionalidad vengativa de los comunicadores oficialistas que no suman ante los mensajes encarnizados judiciales.

La paradoja: los Rodríguez Saá terminan ayudando a Poggi

Existe además una contradicción política muy fuerte en la estrategia opositora.

Cada vez que los sectores vinculados a los Rodríguez Saá exponen falencias de gestión:

  • inseguridad,

  • problemas de servicios,

  • errores administrativos,

  • cuestiones económicas,

  • Autopistas,

  • o reclamos sociales,

terminan facilitándole al propio gobierno la posibilidad de corregir esas debilidades con tiempo suficiente antes de 2027.

Es decir:
la crítica deja de ser daño político y se transforma en auditoría anticipada.

En vez de acumular desgaste irreversible, muchas veces terminan funcionando como detectores tempranos de problemas que luego la gestión puede corregir.

Esto ocurre cuando no aceptan que el tiempo les paso por encima y están obsoletos.

Y allí aparece el gran problema conceptual del viejo esquema opositor:
creen estar erosionando, cuando muchas veces están colaborando involuntariamente con el perfeccionamiento del gobierno.

El choque de dos épocas

Lo que verdaderamente ocurre en San Luis no es solamente una pelea entre dirigentes.
Es el choque entre dos modelos culturales de hacer política.

El modelo antiguo:

  • confrontación permanente,

  • liderazgo vertical,

  • construcción emocional basada en enemigos,

  • hiperpersonalismo,

  • y lógica de aparato.

El modelo emergente:

  • baja exposición al conflicto,

  • comunicación fría,

  • administración,

  • territorialidad silenciosa,

  • y construcción de imagen moderada.

En ese tablero, Poggi y Maxi Frontera parecen haber entendido algo decisivo:
en la era digital, muchas veces el que grita y ataca pierde centralidad y el que administra silencio acumula poder.

Y quizás allí esté la verdadera preocupación de los sectores octogenarios:
no solamente perder elecciones, sino descubrir que cambió definitivamente la forma de ejercer liderazgo político en San Luis.

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