EN SAN LUIS HAY UN POS-ALBERTO, ADOLFO Y POGGI

EN SAN LUIS HAY UN POS-ALBERTO, ADOLFO Y POGGI

Por Gustavo Thompson.

La verdadera discusión que debería comenzar la nueva generación puntana no es quién reemplazará a los hombres que dominaron las últimas décadas, sino qué provincia construirán cuando ellos ya no estén.

Villa Mercedes propone terminar con las grietas heredadas y comenzar una etapa de diálogo, respeto, inteligencia y construcción colectiva. la ciudad de la Calle Angosta puede dar el primer paso.

Durante demasiado tiempo San Luis discutió alrededor de tres nombres.

Alberto Rodríguez Saá.

Adolfo Rodríguez Saá.

Claudio Poggi.

Gobierno y oposición.

Acuerdos y rupturas.

Lealtades y traiciones.

Elecciones ganadas y perdidas.

Durante décadas, buena parte de la política provincial se organizó alrededor de ellos.

La semana pasada desde estas páginas hablamos de “la mesa de truco de tres”. https://lalinea.org/alberto-adolfo-y-poggi-la-mesa-de-truco-de-tres-continua-en-san-luis/

Una mesa en la que cambian las cartas, cambian circunstancialmente las alianzas y cambian los discursos, pero los jugadores principales siguen siendo prácticamente los mismos.

Es precisamente lo que pasará en las próximas elecciones y Poggi será reelecto por acuerdo de la misma mesa de truco de tres.

Hoy queremos mirar más lejos.

Porque hay algo inexorable que ningún aparato político puede detener:

el tiempo.

Y por eso San Luis tiene que empezar a hablar de algo que hasta ahora parece prohibido mencionar:

HAY VIDA POLÍTICA DESPUÉS DE ALBERTO, ADOLFO Y POGGI.

Y ese después está mucho más cerca de lo que algunos imaginan.

EL PODER TAMBIÉN ENVEJECE

No se trata de faltarle el respeto a nadie por su edad.

Al contrario.

Alberto, Adolfo y Poggi forman parte de la historia política contemporánea de San Luis y serán los historiadores quienes algún día determinen aciertos, errores y responsabilidades de cada uno.

Hoy no muestran grandeza, al contrario, están enfermos por el poder y la guita pero bueno… miserias humanas propias de la perfectibilidad del hombre.

Pero ninguna generación es eterna.

Y ninguna democracia debería necesitar que lo fuera.

Lo verdaderamente preocupante sería que quienes vienen detrás heredaran no solamente las estructuras construidas por sus mayores, sino también sus peleas, resentimientos, corrupción, enemistades y métodos de confrontación octogenaria, analógica setentista.

Porque entonces habríamos cambiado los nombres sin cambiar la política.

Y ése sería el peor fracaso generacional.

NO HEREDEN NUESTRAS PELEAS

Desde La Línea queremos hablarles especialmente a quienes hoy tienen 30, 40 o 50 años y comienzan a ocupar lugares de responsabilidad.

A los intendentes.

A los legisladores.

A los concejales.

A los dirigentes sociales.

A los empresarios.

A los profesionales.

A los trabajadores.

A los jóvenes que empiezan a militar.

No permitan que los dividan.

No permitan que les fabriquen enemigos que deberán conservar durante los próximos veinte años.

No acepten como propia una grieta que nació antes que ustedes.

No hereden odios ajenos.

Porque llegará un día —mucho más cercano de lo que parece— en que Alberto, Adolfo y Poggi ya no estarán conduciendo los principales espacios de la política provincial.

Y ustedes tendrán que mirarse a la cara.

¿QUÉ VAN A HACER ESE DÍA?

Ésa es la pregunta.

Cuando desaparezcan los grandes liderazgos que «ordenaron» durante décadas oficialismos y oposiciones, ¿qué harán quienes quedaron detrás?

¿Continuarán insultándose porque alguien les enseñó que el de enfrente era un enemigo?

¿Seguirán reproduciendo discusiones de los años setenta?

¿Construirán nuevas versiones de las viejas guerras?

¿O serán capaces de decir:

“Hasta acá llegó esa historia.

Ahora comienza la nuestra”?

Eso significa un cambio generacional verdadero.

No alcanza con tener cuarenta años.

Hay dirigentes jóvenes con pensamientos antiquísimos.

La renovación no figura en el documento.

Está en la cabeza.

EL FUTURO NO PUEDE CONSTRUIRSE CON LÓGICA DE LOS SETENTA

San Luis necesita abandonar definitivamente una cultura política basada en la provocación permanente.

Amigo o enemigo.

Leal o traidor.

Peronista o antiperonista.

Poggista o antipoggista.

Albertista o antialbertista.

Adolfista o antiadolfista.

¿Hasta cuándo?

La provincia que viene necesita otra inteligencia política.

Una generación capaz de disentir sin destruirse.

Competir sin odiarse.

Gobernar sin perseguir.

Controlar sin obstruir.

Perder una elección sin convertirse en enemigo del ganador.

Y ganar sin pretender borrar al que perdió.

Eso no significa eliminar las diferencias.

Una democracia sin diferencias sería una ficción.

Significa algo mucho más importante:

APRENDER A CONVIVIR CON ELLAS.

EL QUE PIENSA DISTINTO NO ES EL ENEMIGO DICE MAXI FRONTERA

Quizás ésta sea la principal revolución cultural pendiente de la política puntana.

Comprender que dos dirigentes pueden competir ferozmente durante una elección y sentarse al día siguiente a discutir una política pública.

Que un intendente puede pertenecer a un partido y un gobernador a otro sin transformar esa diferencia en una guerra.

Que un diputado puede votar en contra de una ley y acompañar la siguiente.

Que nadie pierde identidad por dialogar.

Y que acordar tampoco significa entregarse.

Dialogar no es rendirse.

Es hacer política.

MAXI FRONTERA Y UNA MANERA DIFERENTE DE ENTENDER EL PODER

Villa Mercedes tiene hoy una oportunidad para comenzar a ensayar esa nueva cultura.

Maximiliano Frontera ha construido poder.

Tiene territorio.

Tiene estructura.

Tiene votos.

Tiene conducción.

Pero hay una característica que puede resultar mucho más importante pensando en lo que viene:

entender que algunas veces hay que dar un paso atrás para poder avanzar dos.

No todo tiene que ser una candidatura.

No todo tiene que terminar en una imposición.

No toda acumulación política necesita utilizarse inmediatamente.

Hay momentos para competir.

Y existen momentos para construir.

La política grande consiste también en saber diferenciarlos.

2031: ¿Y SI EMPEZAMOS A PENSARLO AHORA?

Parece lejano.

No lo es.

2031 está prácticamente a la vuelta de la esquina en términos políticos.

Y quizás la generación que para entonces tenga la responsabilidad de conducir San Luis debería comenzar hoy a construir las condiciones para encontrarse.

No dentro de cinco años.

Ahora.

Porque los acuerdos profundos no se improvisan tres meses antes de una elección.

Se construyen durante años.

Con confianza.

Con respeto.

Cumpliendo la palabra.

Aceptando diferencias.

Y demostrando que nadie pretende quedarse con todo.

PRIMERO, UN GRAN ACUERDO MERCEDINO

Pero antes de pensar San Luis hay que comenzar por casa.

Villa Mercedes tiene una oportunidad histórica.

Distintos dirigentes.

Distintas procedencias.

Distintas historias.

Distintos partidos.

Pero una misma ciudad.

¿Por qué no sentarlos alrededor de una mesa?

No para decidir candidaturas.

No para repartir cargos.

No para construir una lista.

Para algo bastante más importante:

ACORDAR QUÉ VILLA MERCEDES QUEREMOS PARA LOS PRÓXIMOS VEINTE AÑOS.

Agua.

Río Quinto.

Producción.

Industria.

Empleo.

Seguridad.

Educación.

Universidades.

Tecnología.

Infraestructura.

Cultura.

Calle Angosta.

El futuro de nuestros hijos.

Sobre esas cuestiones debería existir un acuerdo que sobreviva a cualquier intendente.

EL ESPÍRITU DE CALLE ANGOSTA

Podriamos llamarlo así:

EL ESPÍRITU DE CALLE ANGOSTA.

Porque Calle Angosta pertenece a todos.

No pregunta a quién votaste.

No distingue albertistas, poggistas, peronistas, radicales, libertarios o independientes.

Es Villa Mercedes.

Es identidad.

Es pertenencia.

Es ese extraño lugar donde nuestras diferencias pueden convivir porque existe algo superior que nos une.

Ser mercedinos.

Ese espíritu debería llegar ahora a la política.

Una gran mesa mercedina.

Sin dueños.

Sin patrones.

Sin imposiciones.

FRONTERA NO QUIERE SENTARSE EN LA CABECERA

Ésta es la señal más importante.

Si Frontera pretende convocar al futuro, no puede hacerlo desde la cabecera de la mesa.

Ocupará una silla más.

Así lo determina él mismo.

Con autoridad, naturalmente.

Con el peso político que le dieron los ciudadanos.

Pero dispuesto a escuchar, a unir.

Porque una verdadera mesa de diálogo comienza cuando quien tiene más poder demuestra que no pretende utilizarlo para imponer.

Frontera intenta convocar.

Intenta impulsar.

Quiere facilitar.

Piensa que el acuerdo debe pertenecer a Villa Mercedes.

No a una persona.

NI HEREDEROS NI SUCESORES: UNA GENERACIÓN

San Luis debería dejar de buscar al próximo caudillo.

No necesitamos encontrar un nuevo Alberto.

Ni un nuevo Adolfo.

Ni un nuevo Poggi.

Necesitamos algo mucho más moderno:

UNA GENERACIÓN.

Una generación de intendentes, legisladores, dirigentes, profesionales, empresarios, trabajadores y referentes sociales capaces de gobernar simultáneamente una provincia sin necesitar destruirse entre ellos.

Una generación que compita.

Que tenga ambiciones.

Que quiera gobernar.

Pero que comprenda que después de cada elección todos siguen viviendo en San Luis.

EL PODER QUE VIENE DEBERÁ SER COLECTIVO

La política del siglo pasado buscaba hombres providenciales.

La política que viene necesita equipos.

Necesita especialización.

Necesita instituciones.

Necesita acuerdos estratégicos.

Necesita planificación a veinte años.

Y fundamentalmente necesita una dirigencia emocionalmente preparada para aceptar que nadie puede tener toda la razón ni todo el poder para siempre.

Ése será el verdadero pos-Alberto.

El verdadero pos-Adolfo.

El verdadero pos-Poggi.

No cuando desaparezcan sus nombres de una boleta.

Sino cuando desaparezca la necesidad cultural de reemplazarlos por otro dirigente todopoderoso.

LA MESA DE TRES ALGÚN DÍA QUEDARÁ VACÍA

La semana pasada hablamos de aquella mesa de truco.

Alberto.

Adolfo.

Poggi.

Tres hombres alrededor de una mesa que lleva décadas organizando buena parte de la política puntana.

Pero toda partida termina.

Algún día las tres sillas quedarán vacías.

Y entonces entrará otra generación.

La pregunta es:

¿qué mesa encontrarán?

¿Una partida llena de cuentas pendientes?

¿Una provincia dividida entre herederos que continuarán peleas ajenas?

¿O una mesa mucho más grande donde entren todos?

Desde La Línea elegimos la segunda.

A LAS NUEVAS GENERACIONES DE SAN LUIS

No permitan que nadie les diga con quién no pueden hablar.

No permitan que les impongan enemigos.

No permitan que una diferencia política destruya una amistad.

No permitan que los conviertan en soldados de guerras que no comenzaron ustedes.

Discutan.

Compitan.

Defiendan sus ideas.

Enójense cuando corresponda.

Pero después vuelvan a sentarse.

Porque San Luis será de ustedes mucho antes de lo que imaginan.

Y cuando llegue ese momento ya no podrán responsabilizar a Alberto.

Ni a Adolfo.

Ni a Poggi.

La responsabilidad será de ustedes.

Por eso el futuro empieza ahora.

NO SE PELEEN.

Y quizás Villa Mercedes HOY se un ejemplo de ese camino.

Con diálogo.

Con respeto.

Con inteligencia.

Con pluralismo.

Con identidad.

Con una gran mesa mercedina donde nadie pregunte primero de qué partido viene el otro, sino hacia dónde quiere llevar la ciudad.

Ese podría ser el verdadero legado de esta generación.

No construir otro caudillo.

Construir una provincia que ya no necesite caudillos.

Frontera NO QUIERE SER CAUDILLO

Porque después de Alberto hay futuro.

Después de Adolfo hay futuro.

Después de Poggi hay futuro.

Y ese futuro tiene que encontrar a la nueva generación hablando, construyendo y soñando junta.

EL POS-ALBERTO, ADOLFO Y POGGI YA COMENZÓ.

Y TAL VEZ SU PRIMERA MESA DE DIÁLOGO DEBA ARMARSE EN VILLA MERCEDES, BAJO EL ESPÍRITU DE CALLE ANGOSTA.

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