En San Luis se puede soñar un futuro mejor sin los Rodríguez Saá

En San Luis se puede soñar un futuro mejor sin los Rodríguez Saá

Por Gustavo Thompson.

Durante más de cuatro décadas, en la provincia de San Luis se naturalizó una creencia tan poderosa como dañina: que nada ni nadie podía superar el poder de los hermanos Rodríguez Saá. Ese mito, sostenido a base de estructuras férreas, manejos concentrados y un control casi absoluto sobre los tres poderes del Estado, convirtió a la política provincial en un feudo emocional, económico y simbólico de dos hombres: Adolfo y Alberto, los octogenarios del poder.

Pero la historia, incluso la más enquistada, cambia. Y el 11 de mayo marcará un punto de inflexión: San Luis comenzará a escribir otra historia. El resultado electoral no será solo una contienda legislativa. Será, en términos políticos y culturales, el principio del fin de una hegemonía que gobernó sin contrapeso y sin alternancia real durante 40 años.

Hoy, por primera vez en décadas, la esperanza no es una utopía, sino un acuerdo. Un acuerdo real, tangible, imperfecto quizás, pero profundamente simbólico: el que encarnan Claudio Poggi y Maximiliano Frontera, dos hombres de estilos diferentes pero que han decidido caminar juntos, por convicción o por necesidad, hacia un nuevo horizonte.

El acuerdo Poggi-Frontera tiene una misión histórica: romper definitivamente el mito de los Rodríguez Saá, y no solo vencerlos en las urnas, sino desactivarlos como símbolo, como modelo, como relato dominante.

La pregunta, sin embargo, es inquietante y legítima:
¿Estarán Poggi y Frontera a la altura de la historia que les toca protagonizar?

Durante décadas, Adolfo y Alberto compartieron el poder con una simbiosis estratégica que les permitió colonizar el Estado y dinamitar a quien se interpusiera. Pero en su ocaso, terminaron peleados, enfrentados, vaciados de apoyo popular y aislados incluso dentro de su propio espacio. Lo que comenzó como una dupla de construcción terminó siendo un choque de vanidades que arrastró a toda una provincia.

Hoy, Poggi y Frontera tienen en sus manos la posibilidad de romper ese ciclo de destrucción por acumulación. De compartir el poder sin pisarse. De marcar un nuevo código de convivencia institucional. De demostrar que se puede tener peso, sin devorarse.

¿Lo lograrán?
¿O también ellos serán víctimas del virus que infecta a quienes no saben soltar, delegar, compartir?

San Luis ya dio el primer paso. Eligió caminar hacia otra etapa. Ahora el desafío es de ellos. Y del pueblo, que ya no se calla, que ya no obedece por reflejo, que después de 40 años, aprendió a mirar a los ojos y exigir una política que no devore a sus hijos ni se sacrifique a sí misma.

El mito de los octogenarios se desvanece. El futuro se escribe hoy. Y en San Luis, por fin, se puede soñar un futuro mejor sin los Rodríguez Saá.

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