La pregunta que hoy recorre los cafés políticos de San Luis es directa, filosa y hasta provocadora: ¿está roto Poggi?
Pero quizá la verdadera pregunta sea otra: ¿y si Poggi entendió antes que nadie que cambió el electorado?
Porque una cosa es mirar la política desde el llano… y otra muy distinta es verla sentado arriba de un presupuesto provincial de más de un billón ochocientas mil razones.
En los últimos meses, Poggi fue desmontando alianzas históricas, algunas silenciosamente y otras con estruendo.
El radicalismo de Alejandro Cacace, Walter Ceballos y compañía quedó claramente relegado.
También aparecen tensiones con figuras como Miguel Bonino, molesto por haber perdido espacios de influencia y participación.
Ahora bien… ¿Cuánto representan hoy esos sectores realmente?, para la foto y el recuerdo andan bien pero ¿para traccionar votos?.
¿Tienen realmente capacidad de movilización?
¿Conservan identidad política propia?
¿Generan expectativa en el electorado joven?
¿O son simplemente estructuras envejecidas, más útiles para el archivo histórico que para disputar el futuro?
La realidad indica que gran parte de ese radicalismo parece haber quedado atrapado en otra época.
Son dirigentes conocidos, sí.
Pero también dirigentes que ya no producen novedad, épica ni esperanza.
Lo viejo de lo viejo. Tuvieron su tiempo y su etapa.
Y Poggi parece haber tomado nota. Desde Villa Mercedes se mostró la nueva realidad, Poggi no es ciego, lee los mensajes de la República.
También se consolidó la ruptura con los Rodríguez Saá.
Especialmente con Adolfo, terminando de romper un vínculo político que durante años fue funcional a distintas etapas del poder provincial.
¿Perdió algo Poggi con eso?
Tal vez perdió vínculos personales.
Tal vez perdió algunos dirigentes.
Pero la pregunta de fondo vuelve a ser la misma: ¿qué volumen electoral real conservan hoy los Saá fuera del aparato histórico?, sin la guita del estado.
¿A quién convocan más allá de sus propios conflictos internos?
La sociedad sanluiseña parece haber empezado a mirar otra película.
Los Saá entre otros sectores, ahora están con el relato de que, en 6 meses recomponen la provincia económicamente, le dicen a Poggi lo que van a hacer cuando el Gobernador tiene un año de tiempo para hacer lo que quiera.
Lo mismo ocurre con sectores del peronismo residual, donde aparecen figuras como los Mones Ruiz intentando reconstruir centralidad con gestos nostálgicos, recuerdos simbólicos y movimientos de dudoso impacto electoral.
¿Eso preocupa realmente al gobernador?
Todo indica que no.
Porque mientras algunos intentan reanimar viejas estructuras, Poggi parece decidido a construir con los protagonistas que administran territorio real, gestión concreta y poder tangible.
Ahí aparecen intendentes y comisionados fuertes, figuras con volumen propio y dirigentes que sí manejan agenda cotidiana.
Y entre ellos sobresale un nombre con peso específico: Maximiliano Frontera con una no tan casual visita a la legislatura, todos fuera del horario y lugar habitual se auto convocaron en el recinto para una fotito que hablan mas de mil palabras.
El intendente de Villa Mercedes no sólo administra el segundo distrito más importante de la provincia.
Aliados como Maxi no le sirven solo en una ciudad, sino que garantizan el departamento político más importante de la provincia porque es quién le garantiza la gobernabilidad. Esto aumenta la dimensión política de Maxi en este nuevo juego por eso no es casual la foto en la legislatura, es el primer antecedente con CERTEZA donde la imagen del mercedino se provincializa.
También representa un modelo político que hoy tiene enorme valor estratégico: gestión, cercanía, territorialidad y autonomía. Frontera fue el primero que se les plantó a los octogenarios y analógicos, experimentaron los resultados hoy podría continuar Claudio Poggi.
Poggi parece haber entendido algo central: el nuevo mapa político ya no se organiza únicamente por partidos tradicionales, sino por públicos distintos con expectativas emocionales diferentes.
El votante de La Libertad Avanza no sale del mismo lugar que el votante peronista clásico.
El público de Dante Gebel no es el mismo que el de la izquierda universitaria.
Las identidades electorales se fragmentaron.
Y gobernar hoy exige leer esa fragmentación antes que nadie.
Por eso quizá el gobernador no está “rompiendo” su esquema de poder.
Quizás está mutándolo.
Desarma lo que considera envejecido y preserva lo que tiene gestión, territorio y futuro.
Claro que Poggi sí tiene una preocupación real.
Y es seria.
No pasa hoy por los Rodríguez Saá ni por el radicalismo residual.
La verdadera tensión pasa por Javier Milei.
Más precisamente: cómo administrar su relación con el gobierno nacional, cómo votar en el Congreso, cómo acompañar sin quedar absorbido y cómo sostener su proyecto provincial sin entrar en contradicción con el humor social libertario.
Ahí está el desafío.
Porque Poggi sabe que Milei conserva un caudal de apoyo importante y que cualquier error de lectura en esa relación puede afectar el equilibrio político provincial.
Pero una cosa parece clara: lejos de estar roto, el proyecto de poder de Claudio Poggi muestra señales de muy buena salud, sobre todo en esta última recta antes de Octubre de 2027 donde el relato no puede pasar a ser dominado por los octogenarios y analógicos con promesas que el mismo Poggi puede cumplir antes..
Y quizá precisamente por eso… decidió dejar atrás a quienes representan más pasado que futuro para iniciar una etapa nueva en San Luis.