Estudiantes sin política: cuando la sociedad se activa por fuera del Estado

Estudiantes sin política: cuando la sociedad se activa por fuera del Estado

Por Gustavo Thompson.

Hay momentos en los que la realidad se impone sin necesidad de ser explicada, y lo que se vivió en el Club Sportivo Estudiantes de San Luis fue uno de esos momentos.

Una jornada masiva, con una concurrencia que desbordó cualquier previsión, donde se cruzaron el deporte, la cultura, la educación y una sensibilidad social que rara vez aparece de manera tan orgánica. Pero lo verdaderamente significativo no fue lo que estuvo presente, sino lo que no estuvo. No hubo mensajes políticos, no hubo discursos partidarios, no hubo presencia visible del gobierno nacional, provincial ni municipal, no hubo colores ni símbolos de ninguna extracción partidaria. Solo un color dominó la escena: el verde. El verde como identidad, como pertenencia, como síntesis de una convocatoria que no necesitó intermediaciones ni traducciones.

En un país donde los grandes eventos suelen estar atravesados por la lógica de la política tradicional, con sus marcas, sus discursos y su necesidad de capitalizar cada espacio, lo ocurrido en Estudiantes marca un quiebre que no puede pasarse por alto. La gente masivamente estuvo, participó, se apropió del espacio sin que nadie le indicara cómo ni desde dónde, y eso, en sí mismo, ya constituye un mensaje. Porque cuando la sociedad aparece sin convocatoria política explícita, lo que emerge no es el vacío, sino otra forma de organización, más directa, más emocional, más vinculada a la experiencia que a la estructura, por lo demás todo cae por su propio peso y naturalmente, esto es precisamente lo que se merece destacar y que muchos del «rubro» no entienden, se terminó el tiempo de la sobre exposición, la gente observa y se da cuenta de todo sin que se lo impongan..

A partir de ahí, la lectura se vuelve inevitable. Lo que empieza a gestarse en Estudiantes no es solamente un proceso de recuperación institucional o deportiva, es la construcción de un polo de desarrollo cultural y educacional que transforma al club en una verdadera usina de eventos de escala nacional e internacional, y al mismo tiempo proyecta una nueva ecuación para activar la vida social de la sociedad sanluiseña. Una ecuación donde la convocatoria no depende de la política partidaria, donde la participación no necesita de estructuras rígidas y donde la generación de actividad empieza a pensarse también en términos de autosustentabilidad, algo que durante años fue una deuda pendiente para la mayoría de las instituciones deportivas del país.

En ese esquema, el club deja de ser únicamente un espacio deportivo para convertirse en un punto de encuentro, en un generador de movimiento, en un articulador social que excede largamente su función original. Y cuando eso ocurre, el impacto deja de ser interno y pasa a ser social. Más allá de cualquier lectura política que se quiera ensayar, hay un dato que se impone por sí solo: el volumen existe, la convocatoria es real y la capacidad de organización también, y todo eso ocurrió sin la intervención de la política tradicional, un sociólogo observa lo que ocurrió en este primer evento del Club Estudiantes y analiza la reacción de los vecinos lindantes del Club con el carrusel comercial que se generó, ahí encontramos la respuesta del éxito de un hecho absolutamente privado que colmó hasta la capacidad hotelera de la ciudad capital.

En ese contexto, la figura de Rodolfo Negri empieza a adquirir otra dimensión. No desde la palabra, no desde la exposición, sino desde la acción concreta, GESTION. Porque este evento no aparece como un hecho aislado, sino como el punto de partida de una agenda que ya se anuncia extensa, con la confirmación del regreso de Potrero Rock y con la proyección de nuevos eventos que buscan consolidar esta lógica de construcción. Negri se ausento y desaparecieron los espectáculos de nivel internacional en San Luis, no es casual que regresa y vuelven los mega eventos. Ahí es donde el dato deja de ser coyuntural y pasa a ser estructural, porque quien logra generar convocatoria, organizar volumen, sostener una agenda y proyectar continuidad empieza a construir algo más profundo que una gestión: empieza a construir representación y ahí es donde tiembla Bartolomé Abdala que no puede llenar con gente ni la cocina de su casa.

Y en una provincia que atraviesa una nueva etapa, donde las formas tradicionales de la política comienzan a mostrar signos de desgaste frente a una sociedad que se comunica, se informa y se moviliza de otra manera, ese tipo de construcción adquiere un valor distinto. No porque se lo declare, sino porque se evidencia. Lo ocurrido en Estudiantes no fue solamente un evento. Fue una señal. Una señal de que existen otras formas de activar la sociedad, de que se puede generar movimiento sin necesidad de bajar línea, de que la identidad puede reemplazar a la estructura y de que el protagonismo puede volver a la gente.

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