EL FENÓMENO FRONTERA: CUANDO LA POLÍTICA VUELVE A CONVOCAR

EL FENÓMENO FRONTERA: CUANDO LA POLÍTICA VUELVE A CONVOCAR

Por Gustavo Thompson.

A veces la política habla más a través de los hechos que de los discursos.

La multitudinaria asunción de Maximiliano Frontera como presidente del Movimiento Unidad Provincial dejó una imagen poderosa para San Luis: más de dos mil personas reunidas de manera espontánea, sin estructuras de traslado, sin obligación y sin imposiciones.

Vecinos, comerciantes, empresarios, profesionales, trabajadores, dirigentes políticos, referentes culturales, deportistas, productores rurales, jóvenes y militantes compartiendo un mismo espacio.

Sin embargo, el verdadero valor de la jornada no estuvo solamente en la convocatoria.

El día después permitió observar algo todavía más importante: el mensaje.

Lejos de la euforia del momento, Frontera eligió la reflexión.

Habló de unidad, de respeto, de autocrítica, de diálogo y de construcción colectiva.

No habló de vencedores ni de vencidos.

Habló de futuro.

Quizás allí radique la principal diferencia que dejó el acto de Villa Mercedes.

Mientras buena parte de la política argentina continúa atrapada en discusiones del pasado, la convocatoria del MUP pareció expresar otra demanda social: la necesidad de dirigentes capaces de sentarse en una misma mesa aun pensando distinto.

La presencia de representantes de prácticamente todos los sectores que integran el frente oficialista provincial, junto a dirigentes provenientes de distintas tradiciones políticas, mostró una fotografía difícil de ignorar.

La unidad dejó de ser un concepto discursivo para transformarse en una imagen concreta.

Pero existe un dato todavía más significativo.

Según el propio Frontera, gran parte de los afiliados al MUP nunca habían participado en política ni habían estado afiliados a un partido.

Personas que durante años observaron la actividad pública con distancia o desconfianza decidieron involucrarse y participar.

Ese fenómeno merece una atención especial.

Porque cuando la política logra convocar a quienes históricamente permanecieron afuera, deja de ser únicamente una estructura electoral para convertirse en una herramienta de representación social.

El acto también dejó otra enseñanza.

La gobernabilidad moderna no se construye desde la unanimidad.

Se construye desde la convivencia de las diferencias.

Frontera insistió en que discutir, disentir y plantear posiciones distintas no debe ser motivo de ruptura, sino una oportunidad para mejorar las decisiones.

Esa mirada resulta especialmente relevante en tiempos donde la polarización suele ocupar más espacio que las soluciones.

Por eso, quizás la conclusión más importante de lo ocurrido en Villa Mercedes sea que el fenómeno no estuvo únicamente en la cantidad de asistentes ni en la magnitud de la convocatoria.

El verdadero fenómeno fue la consolidación de una forma de hacer política que intenta reemplazar la confrontación permanente por el diálogo, la exclusión por la participación y las estructuras cerradas por espacios más amplios y plurales.

El acto del MUP mostró organización, volumen político y capacidad de convocatoria.

Pero el mensaje del día después mostró algo aún más valioso: una vocación explícita de construir.

Y en una época donde abundan las divisiones, tal vez ese sea el dato político más importante de todos.

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