LA GRAN DUDA: ¿SON REALMENTE DE JUAN CRISOSTOMO LAFINUR LOS RESTOS QUE TRAJERON A SAN LUIS?

LA GRAN DUDA: ¿SON REALMENTE DE JUAN CRISOSTOMO LAFINUR LOS RESTOS QUE TRAJERON A SAN LUIS?

Por Gustavo Thompson.

Cabe señalar que la investigación sobre Juan Crisostomom Lafinur y si realmente fueron los restos de él o una mentira recae totalmente sobre Alberto Rodriguez Saá que vuelve con la intención de ser Gobernador y cabe la oportunidad de medir su gran capacidad de armar narrativas posiblemente falsas que le costaron millones y millones de pesos a los sanluiseños.

Juan Crisostomo Lafinur, una repatriación histórica, una ceremonia cargada de emoción y una pregunta que después de casi veinte años todavía nadie respondió con documentación científica

En 2007, el Gobierno de San Luis anunció uno de los acontecimientos culturales más importantes de su gestión: después de 183 años, los restos de Juan Crisóstomo Lafinur regresaban desde Chile a su tierra natal.

Hubo ceremonias, discursos, honores oficiales y una enorme construcción simbólica alrededor del regreso del poeta, filósofo y educador puntano.

Finalmente, la urna fue depositada en un monumento funerario ubicado en La Carolina (imponente obra).

Desde entonces, la versión oficial quedó instalada como una verdad indiscutible: Lafinur había vuelto a San Luis.

Pero existe una pregunta tan sencilla como incómoda:

¿Cómo se comprobó que los restos trasladados desde Santiago de Chile pertenecían realmente a Juan Crisóstomo Lafinur?

La pregunta no pretende desconocer la importancia histórica del homenaje ni afirmar que se haya cometido un engaño.

Lo que busca es algo mucho más elemental: conocer las pruebas.

NO HAY CERTEZAS, HAY EPISODIOS CONFUSOS.

Hay una identificación oficial, pero ¿también científica?

La información disponible permite comprobar que en abril de 2007 se realizó una ceremonia formal en el Cementerio General de Santiago de Chile.

Tulio Guevara Valle, entonces director de la necrópolis, participó del acto y presentó lo entregado como los restos de Lafinur.

Una crónica periodística de aquel momento reprodujo sus palabras y confirmó la presencia de autoridades argentinas y chilenas.

También existe un expediente del Senado de la Nación que reconoce la repatriación y destaca la posterior llegada de los restos a La Carolina.

Es decir, no se trató de una operación clandestina ni de una entrega improvisada.

Hubo participación institucional y reconocimiento oficial.

Sin embargo, una ceremonia oficial no reemplaza una identificación científica.

Hasta el momento no aparece públicamente ningún análisis de ADN, estudio antropológico, informe médico-forense o peritaje bioarqueológico que determine que los restos encontrados pertenecían efectivamente a un hombre de la edad, época y características de Lafinur.

Tampoco se conoce públicamente una comparación genética con familiares, un inventario detallado de los restos recuperados ni un informe técnico sobre su estado de conservación.

Entonces, ¿la identificación se realizó sobre los huesos o simplemente sobre el lugar donde estaban depositados?

El silencio de 183 años

Lafinur murió en Santiago de Chile el 13 de agosto de 1824.

Sus supuestos restos fueron exhumados en 2007.

Entre ambos acontecimientos pasaron 183 años.

Para sostener con absoluta certeza que los restos pertenecían a Lafinur debería existir una cadena documental completa que demostrara:

  • Dónde fue enterrado originalmente en 1824.

  • Qué registro oficial dejó constancia de esa sepultura.

  • Si los restos fueron trasladados, reducidos o reubicados posteriormente.

  • En qué fecha llegaron al lugar abierto en 2007.

  • Qué se encontró exactamente dentro de la sepultura.

  • Quién certificó la identidad de los restos.

  • Qué procedimiento científico se utilizó.

  • Cómo se aseguró la cadena de custodia hasta su llegada a San Luis.

Nada de esto aparece explicado de manera completa en las publicaciones oficiales consultadas.

La historia difundida sostiene que Lafinur permaneció en el denominado “Panteón de los Próceres chilenos” del Cementerio General.

Sin embargo, todavía falta conocer el registro original que permita reconstruir sin interrupciones el recorrido de sus restos desde 1824.

Fechas que no coinciden y palabras que confunden

Las contradicciones también llaman la atención.

Algunas fuentes ubican la exhumación el 24 de abril de 2007.

Otras hablan del regreso el 25 o el 26 de abril.

Incluso el expediente presentado en el Senado menciona el 13 de abril.

No es el único punto confuso.

En algunos relatos se habla de un “cuerpo”; en otros, de “restos”; y en otros, directamente de “cenizas” colocadas dentro de un ánfora, otros lo identifican como oxiso, no lo nombran a Lafinur documentalmente en esos casos.

Pero Lafinur había sido sepultado, no cremado, en tiemps que o había o existía panteones, se enterraban en parcelas.

¿Cuándo y por qué esos restos se convirtieron en cenizas?, ¿Se trataba realmente de cenizas o de fragmentos óseos reducidos?, ¿Existe un acta que describa exactamente qué contenía la urna?. ¿realmente había una urna o encontraron huesos?.

Después de casi dos siglos, estas diferencias no pueden ser tratadas como pequeños detalles.

Los documentos que San Luis nunca mostró públicamente

Para cerrar definitivamente cualquier duda deberían exhibirse:

  1. El registro chileno original de sepultación de 1824.

  2. El número y la ubicación exacta de la tumba.

  3. El historial de traslados o reducciones.

  4. La resolución que autorizó la exhumación en 2007.

  5. El acta completa del procedimiento.

  6. El inventario de los restos recuperados.

  7. Los informes antropológicos, médicos o genéticos.

  8. Las fotografías técnicas de la apertura.

  9. La identificación de todos los funcionarios intervinientes.

  10. El acta de entrega y la cadena de custodia hasta La Carolina.

El Cementerio General de Santiago conserva un archivo y posee actualmente un mecanismo formal para solicitar antecedentes históricos.

Por lo tanto, la documentación debería poder localizarse, si realmente existe y fue correctamente confeccionada.

La pregunta que el poder nunca quiso hacerse

La repatriación fue presentada como una de las grandes decisiones culturales del Gobierno de Alberto Rodríguez Saá.

Alrededor de ella se construyeron un museo, un monumento, ceremonias oficiales y un relato histórico profundamente emotivo.

Pero la emoción no puede sustituir a la evidencia.

La duda no consiste en afirmar que los restos sean falsos.

Hoy no existe prueba para sostener semejante acusación.

La duda legítima es otra:

¿San Luis recibió restos científicamente identificados como pertenecientes a Juan Crisóstomo Lafinur o recibió una urna procedente de una sepultura que llevaba su nombre?

No es lo mismo.

Mientras no aparezcan las actas originales, la reconstrucción histórica de la tumba y las pericias correspondientes, lo único que puede afirmarse con rigor es que en 2007 fueron trasladados a San Luis los restos oficialmente atribuidos a Lafinur.

Que sean realmente los restos del poeta puntano continúa siendo una afirmación institucional pendiente de demostración científica.

Después de 183 años de espera y casi veinte años de silencio, San Luis merece conocer algo más que discursos y ceremonias.

Merece conocer las pruebas mejor forma de demostrar Alberto Rodriguez Saá que no es un chanta y no tienen alta capacidad de seguir mintiendo a los sanluiseños.

Continuaremos.-

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