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Por Gustavo Thompson.
Hay un error que la política argentina podría volver a cometer: es mirar una encuesta, encontrar a Dante Gebel con pocos puntos de intención de voto y concluir que no existe.
Ya ocurrió antes.
Los grandes fenómenos electorales rara vez comienzan siendo grandes.
Primero aparecen como una rareza, después generan curiosidad, luego comienzan a ocupar conversaciones y, finalmente, si encuentran la emoción correcta de una sociedad, pueden transformarse en una alternativa electoral.
Por eso considero que Dante Gebel debe empezar a ser observado seriamente como un potencial candidato presidencial para 2027.
No digo que hoy sea favorito.
No digo que vaya a ser Presidente.
Ni siquiera digo que necesariamente vaya a ser candidato.
Digo algo diferente: tiene condiciones emocionales que prácticamente ningún dirigente de la política argentina posee hoy.
Y eso merece ser analizado.
LOS PRIMEROS NÚMEROS NO CUENTAN TODA LA HISTORIA
Las primeras mediciones que comenzaron a incorporar a Gebel en escenarios electorales nacionales todavía lo muestran con porcentajes bajos y variables.
Eso es cierto.
Pero mirar solamente ese número sería hacer una lectura incompleta.
Porque existe otra variable muchísimo más interesante: una enorme cantidad de argentinos todavía no sabe quién es Dante Gebel o no tiene una opinión política formada sobre él.
Es decir, estamos intentando medir electoralmente a alguien que todavía no atravesó una verdadera campaña presidencial.
Por eso, más que preguntarme cuánto mide Gebel hoy, yo preguntaría:
¿Cuál es su techo cuando Argentina realmente lo conozca?
Esa es la incógnita.
Un dirigente conocido prácticamente por toda la sociedad que obtiene dos puntos tiene un problema.
Una persona que obtiene pocos puntos pero todavía conserva un enorme universo de desconocimiento tiene otra realidad: todavía no sabemos dónde está su techo.
GEBEL TIENE ALGO QUE NO SE COMPRA CON DINERO
Hay campañas políticas que gastan millones intentando fabricar algo que Dante Gebel construyó durante décadas:
una conexión emocional con la gente.
Gebel sabe contar una historia.
Sabe manejar un escenario.
Sabe utilizar un silencio.
Sabe hacer reír.
Sabe emocionar.
Sabe hablar de familia, frustraciones, sueños, pérdidas, oportunidades y esperanza.
Pero fundamentalmente sabe algo todavía más importante:
sabe conseguir que miles de personas permanezcan escuchándolo.
Parece una obviedad.
No lo es.
En una Argentina donde una parte enorme de la sociedad está cansada de escuchar políticos, conseguir que alguien quiera escucharte ya constituye un activo político extraordinario.
NO LO CONFUNDAMOS CON “EL CANDIDATO EVANGÉLICO”
Otro error sería encerrar a Gebel dentro de una definición religiosa.
Si alguna vez decide ingresar seriamente a la política nacional y su construcción queda limitada al voto evangélico, probablemente su techo electoral sea limitado.
Pero el potencial de Gebel está precisamente fuera de esa frontera.
Su discurso puede atravesar sectores religiosos, sociales e incluso ideológicos porque trabaja sobre emociones universales.
Familia.
Esperanza.
Superación.
Fracaso.
Perdón.
Futuro.
Reencuentro.
Son conceptos que no pertenecen a ninguna religión ni a ningún partido político.
Pertenecen a las personas.
Los mensajes espirituales n o necesariamente son religiosos.
MILEI INTERPRETÓ LA BRONCA. GEBEL PODRÍA INTERPRETAR EL CANSANCIO
Aquí aparece, para mí, la parte más interesante del fenómeno.
Javier Milei entendió antes que muchos dirigentes qué estaba sucediendo emocionalmente en Argentina.
La sociedad estaba enojada.
Milei no intentó apagar esa bronca.
La representó.
Gritó cuando una parte de Argentina quería gritar.
Rompió cuando millones querían romper.
Se enfrentó al sistema cuando una enorme cantidad de argentinos sentía que ese sistema ya no los representaba.
Así apareció el fenómeno Milei.
Pero las emociones sociales cambian.
La pregunta para 2027 será otra:
¿qué emoción dominará a la Argentina después de cuatro años de Milei?
Puede seguir siendo bronca.
Pero también puede aparecer cansancio.
Cansancio de la confrontación.
Cansancio de escuchar permanentemente quién es el enemigo.
Cansancio de la grieta.
Cansancio de kirchnerismo contra antikirchnerismo, izquierda contra derecha, casta contra anticasta.
Y allí podría existir un espacio enorme.
Porque Gebel no necesita competir con Milei en la emoción que convirtió a Milei en Presidente.
Puede intentar apropiarse de otra.
La esperanza.
DEL “QUE SE VAYAN TODOS” AL “VOLVAMOS A CREER”
Si Milei construyó buena parte de su identidad desde la ruptura, Gebel podría intentar construir desde la reconstrucción.
No desde destruir al adversario.
Desde superar una etapa.
No desde encontrar culpables.
Desde encontrar futuro.
No desde alimentar permanentemente el conflicto.
Desde recuperar una idea sencilla pero poderosísima:
que Argentina todavía puede estar mejor.
Esto, electoralmente, puede ser tremendamente potente si coincide con el estado emocional de la sociedad en 2027.
Porque las elecciones no se ganan únicamente con propuestas.
Las personas votan también sensaciones.
Votan miedo.
Votan bronca.
Votan esperanza.
Votan seguridad.
Votan futuro.
EL PRINCIPAL PROBLEMA DE GEBEL
Ahora bien.
Sería absurdo confundir capacidad emocional con capacidad presidencial.
El día que Gebel anuncie que quiere ser Presidente —si alguna vez lo hace— se terminará la comodidad del escenario.
Entonces comenzarán las preguntas.
¿Qué piensa hacer con la economía?
¿Quién manejará el Banco Central?
¿Qué política tendrá frente al dólar?
¿Qué hará con jubilaciones?
¿Seguridad?
¿Educación?
¿Relaciones internacionales?
¿Gobernadores?
¿Congreso?
¿Quiénes serán sus ministros?
¿Quién fiscalizará una elección nacional?
¿Con qué estructura gobernará?
Allí aparecerá su verdadero examen.
Porque una cosa es conseguir que diez mil personas te escuchen y otra muy diferente es administrar un país de 46 millones de habitantes.
LA PARADOJA QUE DEBERÁ RESOLVER
Gebel necesitaría estructura política para competir.
Pero al mismo tiempo deberá tener muchísimo cuidado con quién construye esa estructura.
Porque si para conseguir fiscales, dirigentes y territorio termina rodeándose de los mismos personajes que la sociedad rechaza, puede destruir aquello que lo vuelve diferente.
Esa será probablemente su primera gran contradicción:
necesita política sin convertirse en la vieja política.
Necesita dirigentes sin quedar prisionero de los dirigentes.
Necesita estructura sin perder frescura.
Necesita técnicos sin perder emoción.
Y necesita construir poder sin convertirse en aquello que eventualmente pretenda reemplazar.
YO NO MIRARÍA EL 1, EL 3 O EL 5 POR CIENTO
Por eso hoy no me obsesionaría con determinar si Dante Gebel tiene uno, tres, cinco u ocho puntos.
Estamos hablando de 2027.
Miraría otra variable.
Conocimiento + imagen + intención de voto.
Hay que observar qué ocurre cuando su conocimiento nacional aumente.
Si Gebel comienza a ser conocido por siete u ocho de cada diez argentinos y su intención electoral permanece estancada, entonces probablemente habremos encontrado su techo.
Pero si aumenta el conocimiento y simultáneamente comienza a aumentar el voto, estaremos frente a otra cosa.
Allí podría comenzar un verdadero fenómeno político.
EL ACTIVO MÁS DIFÍCIL YA LO TIENE
La política puede contratar consultores.
Puede comprar publicidad.
Puede diseñar slogans.
Puede producir videos.
Puede llenar las redes sociales.
Puede contratar encuestadores.
Incluso puede intentar fabricar candidatos.
Pero existe algo extremadamente difícil de fabricar:
credibilidad emocional.
La sensación de que cuando alguien habla realmente cree aquello que está diciendo.
Gebel construyó durante décadas una relación emocional con su audiencia mucho antes de que alguien imaginara seriamente una candidatura presidencial.
Por eso su caso merece atención.
No necesita comenzar consiguiendo que la gente lo escuche.
Necesita conseguir que quienes están dispuestos a escucharlo puedan imaginarlo gobernando.
Parece una diferencia pequeña.
Electoralmente es gigantesca.
2027 PUEDE NO SER UNA ELECCIÓN ENTRE IZQUIERDA Y DERECHA
Tal vez estemos mirando equivocadamente el próximo proceso electoral.
Quizás 2027 no termine resolviéndose solamente entre peronismo y antiperonismo.
Ni entre izquierda y derecha.
Ni siquiera entre Milei y antimileísmo.
Quizás aparezca una tercera conversación.
Continuar confrontando o comenzar a reconstruir.
Si esa emoción aparece en la sociedad argentina, Dante Gebel posee una ventaja formidable: lleva décadas hablando exactamente ese idioma.
Por eso no digo que Gebel vaya a ser Presidente.
Sería irresponsable afirmarlo.
Pero también considero irresponsable descartarlo porque hoy una encuesta marque pocos puntos.
La política argentina ya debería haber aprendido una lección:
cuando aparece alguien capaz de interpretar una emoción que los partidos tradicionales no están viendo, hay que prestarle atención.
En 2023 esa emoción fue la bronca.
En 2027 podría ser otra.
Y si termina siendo esperanza, reconciliación y necesidad de volver a creer, entonces habrá que recordar un nombre que hoy algunos todavía toman como una curiosidad:
DANTE GEBEL.
Porque quizás la verdadera pregunta no sea cuánto mide Gebel hoy.
La verdadera pregunta es:
¿cuánto puede llegar a medir cuando la Argentina descubra políticamente quién es?