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Por Gustavo Thompson.
Hay algo que empieza a llamar demasiado la atención en la política de San Luis y ya no puede ocultarse debajo de la alfombra: ¿por qué Maximiliano Frontera todavía no ocupa un lugar central dentro de la verdadera mesa de decisiones del poder provincial?, realidad genuinamente ganada.
La pregunta no es menor.
Porque mientras gran parte de la dirigencia política provincial atraviesa desgaste, pérdida de legitimidad o agotamiento generacional, Frontera aparece como uno de los pocos dirigentes, de la nueva generación, que logró construir algo extremadamente difícil en la Argentina actual:
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volumen político,
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legitimidad territorial,
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buena imagen,
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capacidad de gestión,
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relación emocional con la gente,
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y además gobernabilidad.
Y no se trata solamente de Villa Mercedes.
Se trata de algo mucho más profundo: Maxi Frontera es probablemente el dirigente que puede definir el resultado político de San Luis en el 2027 y tanto Poggi como Alberto y Adolfo tratan de minimizarlo. NO LO VAMOS A PERMITIR…
Entonces aparece la gran contradicción.
¿Cómo puede ser que un dirigente con semejante volumen político todavía no forme parte plena del núcleo duro donde se toman las decisiones estratégicas de la provincia?
Porque una cosa es acompañar institucionalmente.
Otra muy distinta es tener verdadero poder político. Maxi esta en el banco, por decisión propia porque trata de sostener con mucho esfuerzo lo que le piden los mercedinos y no es precisamente que acepte la liviandad y egoísmo a la hora de distribuir poder político real en San Luis. El poder político real se mide a través del voto, todo lo demás es folklore.
Y ahí parece estar hoy la gran discusión silenciosa dentro del oficialismo provincial.
La sensación que empieza a crecer es que Frontera aporta:
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votos,
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gobernabilidad,
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territorialidad,
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contención social,
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y estabilidad política,
pero no recibe todavía una integración proporcional al peso específico que hoy representa.
Y eso empieza a ser un riesgo.
No solamente para él.
También para el propio gobernador Claudio Poggi que parece sometido a situaciones que no es momento de ventilar.
Porque la política moderna ya no funciona solamente desde acuerdos administrativos o repartos de cargos.
Funciona desde liderazgos reales con legitimidad social.
Y ahí Villa Mercedes tiene algo que la provincia todavía parece no terminar de dimensionar: Frontera ya dejó de ser solamente un intendente.
Se transformó en una referencia política de nueva generación.
Mientras muchos dirigentes todavía hablan desde estructuras viejas, confrontaciones eternas y relatos agotados, Frontera construyó otro perfil:
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prudente,
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dialoguista,
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moderado,
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institucional,
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y con capacidad de convivencia democrática.
Eso hoy vale muchísimo.
Sobre todo en una sociedad cansada de la agresividad política permanente.
Pero justamente por eso empieza a generar ruido que un dirigente con semejante proyección siga apareciendo más como acompañante que como verdadero protagonista de la construcción provincial.
Porque aquí aparece otra lectura todavía más delicada: ¿lo están cuidando… o lo están conteniendo?
La diferencia es enorme.
Porque cuando un dirigente empieza a crecer naturalmente, muchas veces los sistemas políticos tradicionales reaccionan poniéndole límites silenciosos:
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no confrontativos,
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no explícitos,
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pero reales.
Y allí surge la gran incógnita: ¿hay sectores del poder provincial que todavía no terminan de aceptar que el recambio político en San Luis inevitablemente pasa por Villa Mercedes?
Porque guste o no guste, hoy Frontera representa algo que escasea en la política provincial: futuro.
Y quizás ese sea precisamente el problema.
Porque cada vez que aparece un dirigente con proyección real, automáticamente se activan:
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los miedos internos,
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las especulaciones,
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los equilibrios de poder,
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y las viejas lógicas de conservación política.
Mientras tanto, el tiempo avanza.
Y la sociedad también.
La Argentina del 2027 no va a premiar solamente estructuras.
Va a premiar dirigentes capaces de interpretar el nuevo clima social.
Y en ese escenario, Frontera parece tener algo que muchos perdieron hace tiempo: capacidad de conectar emocionalmente con la gente sin necesidad de sobreactuar liderazgo que una ciudad le ha dado la derecha para que camine sin oposición. Ahí esta la verdadera oposición de Maxi Frontera, LA SOCIEDAD MERCEDINA, ella le reconoce a Maxi su sentido de pertenencia e identidad mercedina por eso camina libre, en confianza y con CERTEZA.
Por eso la discusión ya no debería ser si Maxi Frontera tiene lugar en la mesa chica del poder provincial.
La verdadera pregunta es otra: ¿puede el oficialismo darse el lujo de seguir dejando en el banco al dirigente que probablemente más pueda garantizar competitividad política, gobernabilidad y renovación real hacia el futuro?
Porque a veces los sistemas políticos cometen un error histórico: subestiman a quienes terminan siendo inevitables.
Muchachos la mesa de truco de tres esta agotada, ya es muy grosero lo que hacen, ¿será el tiempo de Poggi para dar un corte?.
Y quizás San Luis esté entrando exactamente en otro momento.