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Por Gustavo Thompson.
Hay discusiones que Villa Mercedes viene postergando hace demasiado tiempo. Y quizás una de las más importantes sea la recuperación de los terrenos lindantes al río que en su momento fueron cedidos a la Provincia bajo una promesa de desarrollo que jamás se cumplió.
Porque los mercedinos tienen memoria.
Y recuerdan perfectamente cuando se anunció con grandilocuencia que la cesión de sectores estratégicos de la costanera, desde Amaro Galán hasta el Puente de Madera, junto al área del Parque Justo Daract, permitiría transformar toda la margen del río en un polo de desarrollo urbano, turístico y recreativo para la ciudad.
Pasaron los años.
Y no ocurrió prácticamente nada, ni amagaron.
Ni el desarrollo prometido.
Ni la transformación urbana anunciada.
Ni la revalorización integral de la costanera.
Ni el proyecto estratégico que justificaba semejante cesión territorial.
Entonces la pregunta deja de ser política y pasa a ser profundamente lógica: si el acuerdo no se cumplió, ¿por qué esos terrenos siguen en manos de la Provincia?
Porque aquí ya no se discute solamente una cuestión administrativa.
Se discute patrimonio, identidad y soberanía territorial de Villa Mercedes.
La ciudad entregó espacios estratégicos con una finalidad concreta.
No fueron regalos.
No fueron donaciones vacías.
Existía un compromiso político y urbanístico detrás de esas cesiones.
Y cuando las contraprestaciones nunca llegan, cualquier comunidad tiene derecho a exigir revisión, recuperación o devolución de lo cedido.
Por ejemplo, hay un edificio nacional por calle Avenida Mitre extremo norte que ha vencido el tiempo de obra, la municipalidad debería expropiar inmediatamente.
Y aquí aparece un punto central que muchas veces se intenta relativizar: los gobernadores pasan, las gestiones cambian, los nombres políticos se suceden… pero las instituciones continúan y siguen siendo las mismas.
Porque seguramente algunos intentarán justificar que quienes hicieron aquellos acuerdos ya no gobiernan o que las administraciones cambiaron.
Pero eso no elimina la responsabilidad institucional de la Provincia.
La obligación sigue existiendo.
Los compromisos asumidos por el Estado no desaparecen porque cambie un gobernador.
La Provincia como institución jurídica y política sigue siendo responsable de cumplir aquello que motivó la cesión de tierras estratégicas de Villa Mercedes.
Y justamente allí radica el verdadero debate: no importa quién gobierne circunstancialmente, importa que el compromiso institucional se cumplió o no se cumplió.
Y claramente no se cumplió.
Recuperando los márgenes del río podemos soñar con un cinturón verde acorde a la emergencia actual.
Villa Mercedes históricamente fue perdiendo lentamente capacidad de control sobre sectores clave de su propio territorio mientras se le prometían desarrollos que después quedaban diluidos en el tiempo, atrapados entre burocracia, cambios políticos o simplemente desinterés.
El problema es que las ciudades no pueden vivir eternamente de promesas.
Mucho menos cuando lo que está en juego son:
-
kilómetros de costanera,
-
espacios públicos estratégicos,
-
potencial turístico,
-
expansión urbana,
-
y patrimonio territorial de generaciones futuras.
La margen del río no es un terreno cualquiera.
Es identidad mercedina.
Es historia.
Es paisaje urbano.
Es calidad de vida.
Es potencial económico y turístico.
Y sobre todo: es parte del vínculo emocional que Villa Mercedes tiene con su propio territorio.
Por eso empieza a crecer una idea que ya no parece descabellada: si la Provincia incumplió el objetivo que justificó las cesiones, entonces los terrenos deben volver a la ciudad.
Porque el tiempo pasó.
Y las promesas no se materializaron.
Y mientras tanto, Villa Mercedes sigue observando cómo sectores estratégicos de su territorio quedaron bajo control provincial sin que existan avances concretos equivalentes al compromiso asumido originalmente.
Aquí no se trata de confrontar institucionalmente con la Provincia. Se trata de defender los intereses históricos de la ciudad.
Y quizás haya llegado el momento de abrir un debate serio, transparente y maduro sobre:
-
qué se cedió,
-
bajo qué condiciones,
-
qué compromisos existían,
-
qué se cumplió,
-
y qué no se cumplió.
Porque los pueblos que no defienden su patrimonio terminan perdiendo lentamente su capacidad de decidir sobre su propio futuro.
Y Villa Mercedes no puede seguir resignando territorio estratégico mientras espera eternamente desarrollos que nunca llegan.
Tal vez haya llegado la hora de algo simple pero profundamente justo: que le devuelvan a Villa Mercedes lo que es de Villa Mercedes.