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Por Cesar Albarracín.
Vi el video de la diputada nacional por San Luis, Mónica Becerra, explicando que la modificación de la Ley de Zonas Frías “no nos va a afectar” porque seguirían protegidos los hogares que cobran menos de tres canastas básicas.
Quise comentar, pero los comentarios estaban bloqueados.
Quiero creer que está mal asesorada. Prefiero creer eso antes que pensar que nos están mintiendo en la cara.
Porque la modificación sí nos afecta.
El proyecto aprobado en Diputados cambia el artículo 75 de la Ley 25.565 y redefine el Fondo Fiduciario de Zona Fría. Para Patagonia, Malargüe y la Puna mantiene un tratamiento específico. Pero para las zonas incorporadas por la Ley 27.637 —entre ellas San Luis— ya no alcanza con vivir en una zona fría: ahora el beneficio queda atado al régimen de Subsidios Energéticos Focalizados, el famoso SEF.
Ahí está la trampa.
En el texto de la ley no aparece claramente explicado “tres canastas básicas”. Para entenderlo hay que ir al Decreto 943/2025, que crea el SEF. Ese decreto dice que pueden recibir ayuda los hogares con ingresos netos del grupo familiar inferiores o iguales a 3 Canastas Básicas Totales para un “Hogar 2” según INDEC.
Según el último dato publicado por INDEC, la Canasta Básica Total para ese Hogar 2 fue de $1.469.767,89 en abril de 2026. Tres canastas son $4.409.303,67.
Entonces no es verdad que “no nos afecta”. Lo que hicieron fue cambiar un derecho territorial, basado en el frío real de nuestras ciudades, por un filtro socioeconómico administrado por decretos, registros y reglamentaciones.
Y además hay otro punto gravísimo: el propio mensaje del proyecto dice que la compensación debe calcularse exclusivamente sobre el precio del gas. ¿Qué significa eso? Que quedan afuera otros componentes de la factura, como transporte, distribución y otros cargos. O sea: incluso alguien que conserve parte del subsidio puede pagar más igual.
Es un tarifazo escondido en una maraña normativa.
¿Y qué va a pasar con el kiosco, el mercadito de la esquina, el taller, la panadería, el pequeño comercio que no entra en la categoría de “hogar vulnerable”, pero que tiene que calefaccionar, producir, atender gente y pagar facturas cada vez más altas? Va a trasladar el costo a precios o va a fundirse.
¿Y las escuelas? ¿Y los clubes? ¿Y las universidades? ¿Y las asociaciones civiles? ¿Y las PyMEs? Todo queda lleno de zonas grises.
Con las garrafas pasa algo todavía más absurdo. El Decreto 943/2025 mete también al GLP en garrafas de 10 kilos dentro del SEF. Pero la garrafa no funciona como el gas de red. No tiene medidor. Mucha gente llama al garrafero, compra en un almacén, en un corralón o en un mercado local. No hay trazabilidad real del consumo.
El Gobierno presupone que puede ordenar ese mundo con registros, declaraciones y “consumos indispensables”. Pero en una casa con techo de chapa, sin gas natural, en pleno invierno puntano, una garrafa te puede durar poquísimo. ¿Quién calcula eso desde Buenos Aires? ¿Quién sabe cuántas garrafas necesita una familia real en Villa Mercedes? No pueden organizar un asado para dos personas, van a saber la trazabilidad de las garrafas.
Y lo digo abrigado hasta los ojos: no puede ser que una representante de San Luis no sepa el frío que hace acá.
Villa Mercedes muchas veces aparece entre las ciudades más frías del país. También pasa con Villa Reynolds y otras localidades puntanas. Acá el frío no es una estadística: se siente en las paredes, en los techos de chapa, en las escuelas, en los comercios, en las casas donde se apaga la calefacción porque no alcanza.
Esto no es una discusión partidaria. La diputada nos representa a todos, no solo a su partido.
Si esta posición es ideológica, que lo diga de frente: “creo que cada uno debe pagar el costo pleno del gas”. Sería duro, pero al menos sería honesto.
Lo que no se puede hacer es decir que la modificación no nos afecta.
Porque sí nos afecta.
Afecta a los hogares, afecta al comercio local, afecta a las PyMEs, afecta a las instituciones y golpea más fuerte a quienes más necesitan.
Y todavía queda algo que ninguna ley puede ocultar: la conciencia.
A esa no se le puede mentir.