D’Alessandro, Negri, Pastor, Giraudo y Fabi desactivan la agenda de Adolfo y Alberto

D’Alessandro, Negri, Pastor, Giraudo y Fabi desactivan la agenda de Adolfo y Alberto

Por Gustavo Thompson.

Durante las últimas semanas tanto Adolfo Rodríguez Saá como Alberto Rodríguez Saá intentaron volver a dominar la agenda política provincial instalando la idea de un posible regreso al poder, tratando de demostrar que todavía conservan la centralidad absoluta de la política sanluiseña.

Sin embargo, algo cambió profundamente en San Luis y empieza a quedar cada vez más expuesto: las nuevas generaciones dirigenciales comenzaron a desactivar el viejo monopolio político construido durante décadas por los hermanos Rodríguez Saá.

Y lo más interesante es que esta vez no se trata solamente de dirigentes opositores o de una coyuntura electoral pasajera.

Se trata de una nueva época política que lentamente empieza a emerger en la provincia.

Porque mientras los octogenarios analógicos siguen intentando imponer agendas desde las viejas lógicas verticalistas, aparecen nuevas figuras que abrazan el mundo digital, la comunicación moderna, la construcción emocional y nuevas formas de interpretar la sociedad.

Hoy la política de San Luis ya no parece girar únicamente alrededor de Adolfo y Alberto.

El tablero comenzó a abrirse.

Y allí aparecen nombres que empiezan a disputar futuro.

Carlos D’Alessandro emerge como el Ave Fenix con fuerza propia construyendo una narrativa completamente distinta, abrazando la autocrítica, entendiendo el nuevo clima emocional argentino y hasta impulsando ideas disruptivas como la inminente candidatura de Gebel presidente, rompiendo los moldes clásicos de la política provincial.

Rodolfo Negri, por su parte, abrió un frente interno concreto dentro del espacio libertario cuestionando el esquema construido alrededor de Bartolomé Abdala, demostrando que incluso dentro de La Libertad Avanza comienzan a aparecer disputas reales de liderazgo y territorialidad marcando claramente las diferencias.

Mientras tanto, Luis Giraudo empieza a mirar con cariño la posibilidad de disputar la Intendencia de Villa Mercedes, consolidando un trabajo territorial silencioso pero extremadamente profundo y sensible en toda la provincia desde el área de discapacidad, construyendo capital humano y presencia real.

A esto se suma la irrupción de Fernando Pastor, quien representa un peronismo conservador, doctrinario y nacionalista vinculado a Guillermo Moreno, aportando otra mirada ideológica dentro de un escenario provincial que empieza a diversificarse políticamente.

Y quizás una de las novedades más disruptivas sea la aparición de Karina Fabi, que lentamente comienza a transformarse en un fenómeno observado por toda la política provincial debido al crecimiento de sus seguidores, su fuerte presencia digital y una agenda distinta, moderna y emocionalmente conectada con sectores desencantados de la política tradicional.

La lista podría seguir.

Porque lo verdaderamente importante no son solamente los nombres.

Lo importante es el fenómeno.

Y el fenómeno es que San Luis comienza a mostrar algo que hacía décadas no ocurría: multiplicidad real de oportunidades.

Por primera vez en muchísimo tiempo empieza a visualizarse un escenario donde la provincia podría tener casi una docena de candidatos competitivos a gobernador y donde Villa Mercedes también podría abrir un abanico enorme de aspirantes a la intendencia.

Eso cambia completamente la lógica histórica del poder.

Porque el viejo sistema político sanluiseño funcionaba alrededor de una centralidad absoluta: todo terminaba orbitando alrededor de los Rodríguez Saá.

Hoy ya no.

Hoy la agenda se fragmenta.

Se diversifica.

Se digitaliza.

Y fundamentalmente: se rejuvenece emocionalmente.

Mientras Adolfo y Alberto intentan todavía instalar escenas de retorno político apelando al recuerdo de viejas estructuras, las nuevas generaciones comenzaron a hablar otro idioma:

  • redes sociales,

  • comunicación directa,

  • emocionalidad,

  • territorialidad,

  • digitalización,

  • liderazgo horizontal,

  • y nuevas demandas sociales.

Y allí aparece el verdadero problema para los viejos liderazgos: la sociedad cambió más rápido que ellos.

Porque la Argentina del 2026 ya no funciona con los códigos políticos de los años 80 o 90.

La gente ya no tolera:

  • verticalismos absolutos,

  • caudillismos eternos,

  • estructuras cerradas,

  • ni relatos únicos.

Hoy la sociedad busca:

  • diversidad,

  • cercanía,

  • renovación,

  • autenticidad,

  • y dirigentes que interpreten el presente antes que el pasado.

Por eso las nuevas apariciones comenzaron a neutralizar de cuajo el intento inicial de los octogenarios analógicos de volver a monopolizar la política provincial.

Y quizás por primera vez en mucho tiempo, Adolfo y Alberto comiencen a comprender algo que hasta hace poco parecía imposible: que ya no alcanzan los apellidos históricos para ganar una elección en el San Luis del 2027 y fundamentalmente, ya no son dueños de la narrativa.

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